Blog de Melanie Pérez Ortiz. Pensaré en letra lumínica sobre literatura y cultura. Desde Puerto Rico.
viernes, 20 de enero de 2012
domingo, 11 de diciembre de 2011
Una propuesta indecente
Son tiempos racionales, pero ya ni tanto. Miren las portadas de los periódicos. Ya no publican noticias sino chismes sobre la vida privada de los famosos. Perdemos el control de la palabra y eso es muy grave, porque estamos a punto de perder nuestros poderes.
La gente que se asusta por como van las cosas vuelve a sus viejos fundamentalismos que se apoyan, sobre todo, en el miedo al otro. Es una confesión humana de que se ha cedido la voluntad de poder, de control de todo para todos (haremos un mundo con relaciones humanas perfectas, pondremos a las máquinas a trabajar por nosotros para librarnos del trabajo, controlaremos la naturaleza y la explotaremos para mejorar nuestra calidad de vida). Los románticos advirtieron que no se podía controlar todo (ahí la vida de la muerte, las pasiones, la naturaleza que se venga), pero igual, el abandono de la razón a favor del miedo racional a nosotros mismos, que irracionalmente se traduce en miedo al otro (que a la vez se traduce en sálvese quién pueda) nos hace menos humanos puesto que dejamos de ser dioses.
Pero en la obra del inglés aquél, William Shakespeare, Calibán usó el lenguaje de Próspero para hacer magia y subvertir el orden que lo esclavizaba. Mandó la plaga roja sobre el amo. Resultó, puesto que Próspero abandona su isla, la de Calibán, en la que nunca quiso estar, y se regresa con todos al lugar de donde vino. Decir palabras mágicas siempre ha tenido un efecto práctico, aun en el occidente racional: "Yo, te bautizo..." "Los declaro"... Es lo que hacen los poetas; decir palabras mágicas. Como Sor Juana dijo: "Siempre tan necios andáis /que con desigual nivel/ a una culpáis por cruel /y a otra por fácil culpáis", y quiero creer yo que esas palabras, luego de dichas son seres que crecen, se expanden, se apoderan del universo y lo vuelven otro, cambian el orden de las cosas. Como hizo Vicente Huidobro: "Desarrolla tus defectos, que es acaso lo más interesante de tu persona", "Un hombre desnudo pesa más que vestido" y muchos miramos el mundo más allá de la cultura burguesa. Se puede destruir para bien. Depende de lo que haya que destruir y cómo se compongan los versos. Octavio Paz pide llamas y espadas para acabar con todo (la soledad):
Dame, llama invisible, espada fría...
Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.
William Ospina habla del orden inefable de las cosas, más allá de la ciencia de Albert Einstein, que gobierne el corazón, dice:
Poema Oración De Albert Einstein
Advierto con profunda perplejidad
que el hermoso guijarro que abandono en el aire
se precipita recto hacia la tierra.
Tal vez para una hormiga que fuera en el guijarro
seria más bien la tierra lo que cae,
verde planeta que se precipita.
Para el soldado inmóvil
antes de halar la cuerda de su paracaídas
vertiginosamente asciende el mundo.
Y si al pasar el tren ante su cobertizo
el mendigo no viera los vagones
sino al niño que en ellos deja caer la manzana,
vería que la manzana toca el suelo
lejos del sitio donde el niño la suelta,
que la manzana cae oblicuamente.
Advierto que la firme realidad de este mundo
cambia de ser a ser, de conciencia a conciencia.
El gato observa las felinas estrellas.
Nunca verá el astrónomo
que mira el arco de la medialuna
el sobrehumano rostro que esa luna diadema
o esos pies de una virgen que la huellan.
Es tan sincero el mundo
que ni una piedra olvida tener sombra.
La memoria del prado
recuerda el rojo de las amapolas
y al primer soplo tibio lo despliega.
¿Cómo agradeceré que el agua no se incendie
aunque asile en su rostro sereno las hogueras?
¿Cómo agradeceré que las alondras canten
aunque Julieta las maldiga a todas?
Sé que esta luz de estrellas es más vieja que el mundo.
Que estas constelaciones son como un plano fósil
de lo que fue hace siglos el firmamento.
Sé que la masa enorme de los cuerpos celestes
altera el curso de la luz de la estrella
y que ese punto inmóvil que brilla en las alturas
innumerables veces se retorció en su curso,
trazó letras de luz en la piel de los siglos.
Todo rayo de luz porta antiguas imágenes,
y la energía es la terrible victoria
de la materia sobre el tiempo.
Las caprichosas nubes einstenianas
fulminan con sus rayos einstenianos los árboles
y rota la ecuación del vapor leve y del líquido peso
dulcemente se perlan las llanuras.
Me gusta el mundo dócil donde atrapo mis peces
con el anzuelo de un interrogante,
y pregunto en mi alma
cómo agrava la música la substancia del mundo,
qué es lo que escapa del violín y nos hiere.
Se marchita la música
en las elipses de la sinagoga
y Castor envejece más que Pólux.
Gracias, Señor, porque no tienes rostro,
porque eres rosa y dédalos de azufre
y muerte tras la herida y tras la muerte larvas
y previsibles astros tras los discos de eclipses.
Permíteme atrever mis inútiles fórmulas,
líricos mecanismos, serventesios de cuarzo,
trinos brotando de un vértigo de átomos.
¿Qué puedo hacer contra el ángel que altera?
¿Contra el que cambia todo azul en cianuro,
toda belleza en daño?
Algo mayor que el mal rige estos mundos.
Cada mañana pido a mi silencio
que el corazón gobierne al pensamiento,
y cada noche pido perdón a las estrellas.
Pero después olvido
y sé, mientras la luna danza en el pozo,
que Dios será sutil, pero no es malicioso.
Como Virgilio Piñera, quien se convirtió en isla un día, como me pasa con alegría en los días en que amanezco marina y me olvido del encierro en las letras, porque no hay mejor cosa que ser isla y que el mar converse.
Isla
Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol. la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
Como Virgilio Piñera, quien se convirtió en isla y dejó que hablara el viento, hagamos magia. Hacer otro mundo es pensarlo, primero, luego decirlo. El orden de las cosas siempre sigue a las palabras. Porque somos dioses y el mundo sale del verbo, más allá de los temblores.
Dame, llama invisible, espada fría...
Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.
William Ospina habla del orden inefable de las cosas, más allá de la ciencia de Albert Einstein, que gobierne el corazón, dice:
Poema Oración De Albert Einstein
Advierto con profunda perplejidad
que el hermoso guijarro que abandono en el aire
se precipita recto hacia la tierra.
Tal vez para una hormiga que fuera en el guijarro
seria más bien la tierra lo que cae,
verde planeta que se precipita.
Para el soldado inmóvil
antes de halar la cuerda de su paracaídas
vertiginosamente asciende el mundo.
Y si al pasar el tren ante su cobertizo
el mendigo no viera los vagones
sino al niño que en ellos deja caer la manzana,
vería que la manzana toca el suelo
lejos del sitio donde el niño la suelta,
que la manzana cae oblicuamente.
Advierto que la firme realidad de este mundo
cambia de ser a ser, de conciencia a conciencia.
El gato observa las felinas estrellas.
Nunca verá el astrónomo
que mira el arco de la medialuna
el sobrehumano rostro que esa luna diadema
o esos pies de una virgen que la huellan.
Es tan sincero el mundo
que ni una piedra olvida tener sombra.
La memoria del prado
recuerda el rojo de las amapolas
y al primer soplo tibio lo despliega.
¿Cómo agradeceré que el agua no se incendie
aunque asile en su rostro sereno las hogueras?
¿Cómo agradeceré que las alondras canten
aunque Julieta las maldiga a todas?
Sé que esta luz de estrellas es más vieja que el mundo.
Que estas constelaciones son como un plano fósil
de lo que fue hace siglos el firmamento.
Sé que la masa enorme de los cuerpos celestes
altera el curso de la luz de la estrella
y que ese punto inmóvil que brilla en las alturas
innumerables veces se retorció en su curso,
trazó letras de luz en la piel de los siglos.
Todo rayo de luz porta antiguas imágenes,
y la energía es la terrible victoria
de la materia sobre el tiempo.
Las caprichosas nubes einstenianas
fulminan con sus rayos einstenianos los árboles
y rota la ecuación del vapor leve y del líquido peso
dulcemente se perlan las llanuras.
Me gusta el mundo dócil donde atrapo mis peces
con el anzuelo de un interrogante,
y pregunto en mi alma
cómo agrava la música la substancia del mundo,
qué es lo que escapa del violín y nos hiere.
Se marchita la música
en las elipses de la sinagoga
y Castor envejece más que Pólux.
Gracias, Señor, porque no tienes rostro,
porque eres rosa y dédalos de azufre
y muerte tras la herida y tras la muerte larvas
y previsibles astros tras los discos de eclipses.
Permíteme atrever mis inútiles fórmulas,
líricos mecanismos, serventesios de cuarzo,
trinos brotando de un vértigo de átomos.
¿Qué puedo hacer contra el ángel que altera?
¿Contra el que cambia todo azul en cianuro,
toda belleza en daño?
Algo mayor que el mal rige estos mundos.
Cada mañana pido a mi silencio
que el corazón gobierne al pensamiento,
y cada noche pido perdón a las estrellas.
Pero después olvido
y sé, mientras la luna danza en el pozo,
que Dios será sutil, pero no es malicioso.
Como Virgilio Piñera, quien se convirtió en isla un día, como me pasa con alegría en los días en que amanezco marina y me olvido del encierro en las letras, porque no hay mejor cosa que ser isla y que el mar converse.
Isla
Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol. la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad?
Como Virgilio Piñera, quien se convirtió en isla y dejó que hablara el viento, hagamos magia. Hacer otro mundo es pensarlo, primero, luego decirlo. El orden de las cosas siempre sigue a las palabras. Porque somos dioses y el mundo sale del verbo, más allá de los temblores.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Crónica de un viaje con un cronista, un periodista viajero, una cantante y un niño
Fotos por Ernesto Trevisani Pérez
Saint Nazaire y Camboya: Sabía que allí, en Saint Nazaire, había una casa de escritores y traductores. Que se habían interesado por publicar literatura puertorriqueña y hacia allá íbamos a mover el avispero a ver si muerde esta literatura nuestra alguna mano despistada de algún lugar de por allá.
Todos los años publican esos franceses, los de la casa que dirije Patrick Deville, un número dedicado a dos antípodas. Este año compartimos el evento con Camboya. Cebolla, lo llamaba mi hijo Ernesto, quien fue parte de la comitiva de puertorriqueños que allí estábamos: Edgardo Rodríguez Juliá, Héctor Feliciano, Ilca López (cantante de ópera y la deliciosa compañera de Edgardo) y yo. Dos países en lugares estratégicos de contactos marítimos; Camboya fue colonia (protectorado) de Francia en el Siglo XIX. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial su destino estuvo ligado al de Viet Nam. Los gringos decidieron entrar a Viet Nam por Camboya, que fue liberada por los vietnamitas cuando expulsaron a los gringos, sólo para que los líderes locales (Pol Pot), al amparo de China Comunista (los Rusos se ocuparon de Viet Nam) terminaran haciendo una limpieza interna que mató a casi dos millones de personas... Es historia documentada.
Antípodas, dije... Allá, en medio de ese conflicto se perdió un cuarto de la población, mientras que Puerto Rico se volvió la eufórica "vitrina de la democracia"; esto es, un lugar donde se inyectaba dinero para repeler el peligro rojo en América Latina. Esos años, su esperanza y su fracaso, los cronicó Edgardo en su amplia escritura, por lo que me sentía bien acompañada. Sin que eso quitara que la ignorancia del otro, por más que nos dediquemos a leer, era el muerto en el armario de la conferencia.
El editor de la parte camboyana, Phoeung Kompheak, del número 15 de la revue meet, en el que también aparecen escritos de Luis Rafael Sánchez, Edgardo Rodríguez Juliá, Magali García Ramis, Che Meléndez, Mayra Santos Febres, Rafael Acevedo, Francisco Font Acevedo, Yolanda Arroyo Pizarro, Ángel Lozada y Willie Perdomo, se me acercó, cuando apenas faltaba un día para que terminara el evento. Con tufo a alcohol y cigarrillos, casi no me pudo decir lo que me dijo, lo que le entendí entre inglés y francés... "Parle francais" le dije que sí, algo... para que abandonara la lengua de su lejano imperio y siguiera intentando hablar en un inglés fracturado, "amablemente" tratando de acercarse a mí... excusándose... Se supone que la conferencia sea para ponernos en contacto, decía, pero no nos han presentado. Yo coordiné la parte de Camboya. No nos han puesto a dialogar en las mesas que son de camboyanos o puertorriqueños con franceses... Sí, pensaba yo con culpa. En verdad los franceses nos traen a su circo. No es que se trate de que nos integremos todos sino que ellos quieren saber, enterarse, sin que ello implique un diálogo en tres sentidos. Pero nosotros mismos nos separamos. Yo me leí la introducción a la parte de Camboya; vi las películas que llevaron (¿Por qué nosotros no llevamos películas?)... Todavía no había leído la selección literaria, aunque lo tenía en agenda (¿para cuándo?). Las introducciones de las antípodas se parecen... la de quien me hablaba porque quería decirme algo, cuenta del esplendor de una civilización antigua vs. la ruina del periodo trágico del 1975 al 1979, de la búsqueda de identidad, de géneros inclasificables en el momento contemporáneo que van de la alegoría, al cuento filosófico, a la epopeya moderna, al cuento clásico, a la novela. No; no es cierto que esté muy ocupada; he estado aquí disponible. Sí podemos almorzar mañana (se le habrá pasado la borrachera). Y bueno. Quedamos en almorzar. Me propuse leer la selección de los camboyanos para prepararme para el día siguiente, pero había tanto qué ver.
Los puertos que nos conectan- Saint Nazaire había sido ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La ciudad fue completamente destruida. Sólo quedó el barrio cubano (ellos siempre sobreviven) de lo que fue la ciudad original. Habrá habido un barrio cubano (y esto es una conjetura que estoy segura que es correcta) porque hasta la abolición de la esclavitud en el XIX Saint Nazaire era el puerto más importante para los tratantes de esclavos franceses. Si había un barrio cubano habrá sido de tratantes de esclavos; ¿no? Edgardo estaba fascinado. Héctor es el periodista que escribió El museo desaparecido, libro súmamente importante en Francia y Estados Unidos, aunque casi desconocido aquí, donde testimonia cómo los nazis dedicaron gran parte de sus esfuerzos a robar arte de colecciones privadas judías. Producto de una investigación detallada, el libro logró que museos del calibre del Louvre devolvieran algunas obras. Héctor vivió en Francia dos décadas y conoce los códigos internos, por lo que nos orientaba. Tiene una personalidad joven. Mucha energía y generosidad. Es un hombre de visión. Pensaba que me gustaba conocerlo y escuchar lo que tuviera que decir (qué mucho habla Héctor, me decía Ernesto al oído, y yo le respondía que habla mucho porque sabe mucho; que lo escuchara con atención para aprender). Los barcos venían de África a Saint Nazaire y de allí allí a las Américas. También es un astillero importante. Allí se hizo el Normandie. Tienen un museo con explicaciones del proceso de construcción del barco, con fotos y pietaje de su primer viaje. Era el barco más rápido en su momento. Al estallar la Segunda Guerra, el barco se quedó esperando que cesaran las hostilidades en Nueva York. Luego los aliados se lo apropiaron para transportar sus tropas. Murió víctima de un incendio. Le echaron tanta agua para apagar el fuego que lo hundieron en el muelle. Murió desmayado el barco. Hoy, si pagas doce Euros (18 dólares), puedes ver recreaciones de los camarotes, del comedor--donde te puedes tomar un café-- de la cubierta, incluso te bajan de la exposición en un barco salvavidas, de los que no había suficientes en el Titanic. Edgardo, creo, allí se decidió a escribir la novela sobre el Normandie (qué envidia; quisiera ser yo quien la escriba, pero mejor que lo haga él).
La destrucción de la ciudad. Los alemanes ocuparon la ciudad y construyeron unas estructuras de concreto armado justo en la boca de la Bahia. Las paredes son de más de un metro de espesor. Y si eso no bastara, pues está hecha la estructura en distintas capas, para que si una bomba destruye un techo, todavía le quede otro por destruir. No se pudo tumbar eso. Ni en la guerra ni después. El objetivo era cobijar submarinos y para la curiosidad y el morbo de hoy hay un submarino al que se puede entrar. A mí me dio un ataque de claustrofobia que por poco me desmayo. Y pensar que esos hombres pasaban periodos de tres meses sumergidos. Como dijo Ilca, pensar lo que el hombre se ha inventado para hacerle daño a otros seres humanos. De la estación de trenes original hoy queda un muro. Están haciendo un teatro. El búnquer es hoy un lugar de cultura. Allí se celebraba la conferencia. Allí está la sede de la Maison. Hoy en el astillero hacen cruceros. Vi una película en el museo ecológico (¿?) donde había réplicas en miniatura de barcos históricos (otra vez el Normandie), del proceso mediante el cual hicieron el Queen Elísabeth que me parece que a veces ancla por estas partes. Al día con los tiempos, hoy el astillero también hace aviones. La Boeing está ahí. En Saint Nazaire hay salinas. Hacen caramelo y chocolate salados, sal, sal condimentada, además de muchas más maravillas francesas.
Desencuentro- En el almuerzo al día siguiente, el camboyano que me había trabajado la culpa con tanta maestría estaba ya sobrio y desinteresado. Lo estaban entrevistando para un periódico y no podía atenderme. Quizás después. Pero después yo tenía que ir al museo a ver cómo habría sido viajar en el Normandie. Luego nos encontramos a la entrada de la actividad y le dije hablemos, y me dijo que nos tomáramos un café en otro lugar (aquí no se puede hablar, mientras yo miraba cándidamente a mi alrededor y me preguntaba por qué, si para eso precisamente habían habilitado el lugar). Mientras se fumaba parsimoniosamente el cigarrillo y se terminaba la copa de vino que tenía en mano, hablaba con una señora que se apareció a hacerle conversación y me hacía esperar allí parada, yo pensaba que estaba por comenzar una conferencia en la que hablaría Héctor y que si ya se había tomado la mitad de las copas del día anterior la conversación sería difícil, así que me escapé, literalmente dándole la espalda y echándome a correr como una antípoda, a escuchar a Héctor hablar de arte. Luego, de verdad, de verdad, de verdad, no tuve más tiempo, puesto que Ernesto reclama mucha atención... Claro, eso, mientras Ilca abría los ojos cada vez que aquél, a quien ya honestamente le huía, se acercaba como disimulando a ver si podía entrarle a conversar de algún modo. Era un asunto de comunicación. Yo no entendía por qué tanta ceremonia para hablar, mientras que él no entendía que debíamos conversar y ya, sin decir "tenemos que conversar" que la introducción al discurso crea una confusión de expectativas y las distancias entre Puerto Rico y cebolla, digo, Camboya, es tanta que no hay por qué crear más tensiones de las necesarias... No sé. Esa es mi excusa. Incluso lo cercano es lejano. De Edgardo me he leído todos los libros (menos el último sobre Oller que no sabía que ya había salido y le prometí buscar para invitarlo a la radio) y sólo viéndolo sonreír mientras observa la alegría burbujeante de Ilca lo sentí finalmente, cercanamente, casi amigo. Ilca es la alegría inteligente. Hay que confesar: conversamos más entre nosotros, aunque en nuestras letras haya salido un libro sueco, uno alemán, otro chino más recientemente (Manuel Abreu Adorno No todas las suecas son rubias, Cezanne Cardona La velocidad de lo perdido, Rafael Acevedo Flor de ciruelo y el viento) a veces me es mejor atrechar las lejanías más cortas. Será que no estamos tan globalizados como creemos. Pero hay que decirlo; los franceses nos trataron como reyes. Comimos como cerdos. Bebimos como camboyanos (ah, no, ya esto es maldad gratuita, dirán ustedes), nos tradujeron con una precisión y destreza que nos quedamos boquiabiertos. Edagardo y Héctor estuvieron también generosos. Le hicieron la promoción a los más jóvenes. Edgardo recomendó La velocidad de lo perdido, Exquisito cadáver (Rafael Acevedo), la escritura de Pedro Cabiya y la de Rey Emmanuel Andújar. Héctor recomendó el libro de Luis Negrón, titulado Mundo cruel, aunque por unos cuantos días para este grupo extraño, el mundo no haya sido tan cruel que digamos.
Saint Nazaire y Camboya: Sabía que allí, en Saint Nazaire, había una casa de escritores y traductores. Que se habían interesado por publicar literatura puertorriqueña y hacia allá íbamos a mover el avispero a ver si muerde esta literatura nuestra alguna mano despistada de algún lugar de por allá.
Todos los años publican esos franceses, los de la casa que dirije Patrick Deville, un número dedicado a dos antípodas. Este año compartimos el evento con Camboya. Cebolla, lo llamaba mi hijo Ernesto, quien fue parte de la comitiva de puertorriqueños que allí estábamos: Edgardo Rodríguez Juliá, Héctor Feliciano, Ilca López (cantante de ópera y la deliciosa compañera de Edgardo) y yo. Dos países en lugares estratégicos de contactos marítimos; Camboya fue colonia (protectorado) de Francia en el Siglo XIX. Luego, durante la Segunda Guerra Mundial su destino estuvo ligado al de Viet Nam. Los gringos decidieron entrar a Viet Nam por Camboya, que fue liberada por los vietnamitas cuando expulsaron a los gringos, sólo para que los líderes locales (Pol Pot), al amparo de China Comunista (los Rusos se ocuparon de Viet Nam) terminaran haciendo una limpieza interna que mató a casi dos millones de personas... Es historia documentada.
Antípodas, dije... Allá, en medio de ese conflicto se perdió un cuarto de la población, mientras que Puerto Rico se volvió la eufórica "vitrina de la democracia"; esto es, un lugar donde se inyectaba dinero para repeler el peligro rojo en América Latina. Esos años, su esperanza y su fracaso, los cronicó Edgardo en su amplia escritura, por lo que me sentía bien acompañada. Sin que eso quitara que la ignorancia del otro, por más que nos dediquemos a leer, era el muerto en el armario de la conferencia.
El editor de la parte camboyana, Phoeung Kompheak, del número 15 de la revue meet, en el que también aparecen escritos de Luis Rafael Sánchez, Edgardo Rodríguez Juliá, Magali García Ramis, Che Meléndez, Mayra Santos Febres, Rafael Acevedo, Francisco Font Acevedo, Yolanda Arroyo Pizarro, Ángel Lozada y Willie Perdomo, se me acercó, cuando apenas faltaba un día para que terminara el evento. Con tufo a alcohol y cigarrillos, casi no me pudo decir lo que me dijo, lo que le entendí entre inglés y francés... "Parle francais" le dije que sí, algo... para que abandonara la lengua de su lejano imperio y siguiera intentando hablar en un inglés fracturado, "amablemente" tratando de acercarse a mí... excusándose... Se supone que la conferencia sea para ponernos en contacto, decía, pero no nos han presentado. Yo coordiné la parte de Camboya. No nos han puesto a dialogar en las mesas que son de camboyanos o puertorriqueños con franceses... Sí, pensaba yo con culpa. En verdad los franceses nos traen a su circo. No es que se trate de que nos integremos todos sino que ellos quieren saber, enterarse, sin que ello implique un diálogo en tres sentidos. Pero nosotros mismos nos separamos. Yo me leí la introducción a la parte de Camboya; vi las películas que llevaron (¿Por qué nosotros no llevamos películas?)... Todavía no había leído la selección literaria, aunque lo tenía en agenda (¿para cuándo?). Las introducciones de las antípodas se parecen... la de quien me hablaba porque quería decirme algo, cuenta del esplendor de una civilización antigua vs. la ruina del periodo trágico del 1975 al 1979, de la búsqueda de identidad, de géneros inclasificables en el momento contemporáneo que van de la alegoría, al cuento filosófico, a la epopeya moderna, al cuento clásico, a la novela. No; no es cierto que esté muy ocupada; he estado aquí disponible. Sí podemos almorzar mañana (se le habrá pasado la borrachera). Y bueno. Quedamos en almorzar. Me propuse leer la selección de los camboyanos para prepararme para el día siguiente, pero había tanto qué ver.
Los puertos que nos conectan- Saint Nazaire había sido ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La ciudad fue completamente destruida. Sólo quedó el barrio cubano (ellos siempre sobreviven) de lo que fue la ciudad original. Habrá habido un barrio cubano (y esto es una conjetura que estoy segura que es correcta) porque hasta la abolición de la esclavitud en el XIX Saint Nazaire era el puerto más importante para los tratantes de esclavos franceses. Si había un barrio cubano habrá sido de tratantes de esclavos; ¿no? Edgardo estaba fascinado. Héctor es el periodista que escribió El museo desaparecido, libro súmamente importante en Francia y Estados Unidos, aunque casi desconocido aquí, donde testimonia cómo los nazis dedicaron gran parte de sus esfuerzos a robar arte de colecciones privadas judías. Producto de una investigación detallada, el libro logró que museos del calibre del Louvre devolvieran algunas obras. Héctor vivió en Francia dos décadas y conoce los códigos internos, por lo que nos orientaba. Tiene una personalidad joven. Mucha energía y generosidad. Es un hombre de visión. Pensaba que me gustaba conocerlo y escuchar lo que tuviera que decir (qué mucho habla Héctor, me decía Ernesto al oído, y yo le respondía que habla mucho porque sabe mucho; que lo escuchara con atención para aprender). Los barcos venían de África a Saint Nazaire y de allí allí a las Américas. También es un astillero importante. Allí se hizo el Normandie. Tienen un museo con explicaciones del proceso de construcción del barco, con fotos y pietaje de su primer viaje. Era el barco más rápido en su momento. Al estallar la Segunda Guerra, el barco se quedó esperando que cesaran las hostilidades en Nueva York. Luego los aliados se lo apropiaron para transportar sus tropas. Murió víctima de un incendio. Le echaron tanta agua para apagar el fuego que lo hundieron en el muelle. Murió desmayado el barco. Hoy, si pagas doce Euros (18 dólares), puedes ver recreaciones de los camarotes, del comedor--donde te puedes tomar un café-- de la cubierta, incluso te bajan de la exposición en un barco salvavidas, de los que no había suficientes en el Titanic. Edgardo, creo, allí se decidió a escribir la novela sobre el Normandie (qué envidia; quisiera ser yo quien la escriba, pero mejor que lo haga él).
La destrucción de la ciudad. Los alemanes ocuparon la ciudad y construyeron unas estructuras de concreto armado justo en la boca de la Bahia. Las paredes son de más de un metro de espesor. Y si eso no bastara, pues está hecha la estructura en distintas capas, para que si una bomba destruye un techo, todavía le quede otro por destruir. No se pudo tumbar eso. Ni en la guerra ni después. El objetivo era cobijar submarinos y para la curiosidad y el morbo de hoy hay un submarino al que se puede entrar. A mí me dio un ataque de claustrofobia que por poco me desmayo. Y pensar que esos hombres pasaban periodos de tres meses sumergidos. Como dijo Ilca, pensar lo que el hombre se ha inventado para hacerle daño a otros seres humanos. De la estación de trenes original hoy queda un muro. Están haciendo un teatro. El búnquer es hoy un lugar de cultura. Allí se celebraba la conferencia. Allí está la sede de la Maison. Hoy en el astillero hacen cruceros. Vi una película en el museo ecológico (¿?) donde había réplicas en miniatura de barcos históricos (otra vez el Normandie), del proceso mediante el cual hicieron el Queen Elísabeth que me parece que a veces ancla por estas partes. Al día con los tiempos, hoy el astillero también hace aviones. La Boeing está ahí. En Saint Nazaire hay salinas. Hacen caramelo y chocolate salados, sal, sal condimentada, además de muchas más maravillas francesas.
Desencuentro- En el almuerzo al día siguiente, el camboyano que me había trabajado la culpa con tanta maestría estaba ya sobrio y desinteresado. Lo estaban entrevistando para un periódico y no podía atenderme. Quizás después. Pero después yo tenía que ir al museo a ver cómo habría sido viajar en el Normandie. Luego nos encontramos a la entrada de la actividad y le dije hablemos, y me dijo que nos tomáramos un café en otro lugar (aquí no se puede hablar, mientras yo miraba cándidamente a mi alrededor y me preguntaba por qué, si para eso precisamente habían habilitado el lugar). Mientras se fumaba parsimoniosamente el cigarrillo y se terminaba la copa de vino que tenía en mano, hablaba con una señora que se apareció a hacerle conversación y me hacía esperar allí parada, yo pensaba que estaba por comenzar una conferencia en la que hablaría Héctor y que si ya se había tomado la mitad de las copas del día anterior la conversación sería difícil, así que me escapé, literalmente dándole la espalda y echándome a correr como una antípoda, a escuchar a Héctor hablar de arte. Luego, de verdad, de verdad, de verdad, no tuve más tiempo, puesto que Ernesto reclama mucha atención... Claro, eso, mientras Ilca abría los ojos cada vez que aquél, a quien ya honestamente le huía, se acercaba como disimulando a ver si podía entrarle a conversar de algún modo. Era un asunto de comunicación. Yo no entendía por qué tanta ceremonia para hablar, mientras que él no entendía que debíamos conversar y ya, sin decir "tenemos que conversar" que la introducción al discurso crea una confusión de expectativas y las distancias entre Puerto Rico y cebolla, digo, Camboya, es tanta que no hay por qué crear más tensiones de las necesarias... No sé. Esa es mi excusa. Incluso lo cercano es lejano. De Edgardo me he leído todos los libros (menos el último sobre Oller que no sabía que ya había salido y le prometí buscar para invitarlo a la radio) y sólo viéndolo sonreír mientras observa la alegría burbujeante de Ilca lo sentí finalmente, cercanamente, casi amigo. Ilca es la alegría inteligente. Hay que confesar: conversamos más entre nosotros, aunque en nuestras letras haya salido un libro sueco, uno alemán, otro chino más recientemente (Manuel Abreu Adorno No todas las suecas son rubias, Cezanne Cardona La velocidad de lo perdido, Rafael Acevedo Flor de ciruelo y el viento) a veces me es mejor atrechar las lejanías más cortas. Será que no estamos tan globalizados como creemos. Pero hay que decirlo; los franceses nos trataron como reyes. Comimos como cerdos. Bebimos como camboyanos (ah, no, ya esto es maldad gratuita, dirán ustedes), nos tradujeron con una precisión y destreza que nos quedamos boquiabiertos. Edagardo y Héctor estuvieron también generosos. Le hicieron la promoción a los más jóvenes. Edgardo recomendó La velocidad de lo perdido, Exquisito cadáver (Rafael Acevedo), la escritura de Pedro Cabiya y la de Rey Emmanuel Andújar. Héctor recomendó el libro de Luis Negrón, titulado Mundo cruel, aunque por unos cuantos días para este grupo extraño, el mundo no haya sido tan cruel que digamos.
domingo, 9 de octubre de 2011
Los espíritus como Leonardo
Esto es una anécdota. No pienso verificarla porque igual es ficción. Dicen que a Leonardo da Vinci le costaba mucho terminar los trabajos que le comisionaban. Es que él emprendía cualquier trabajo a partir de una pregunta y su mente rápida, que completaba dos o tres pensamientos simultáneamente (a la que hoy le habrían recetado medicamentos para normalizarla) a mitad del proceso encontraba la solución y ahí quedaba el cuadro o lo que fuera porque ya otra de las líneas simultáneas lo había agarrado y se lo había llevado a otra parte... Resuelta la incógnita ya no hay nada más qué hacer y la obra estaría incompleta para nosotros los más lentos, que necesitamos que nos ilustren la conclusión.
Hoy mi madre cumple 70 años (no le digan que lo publiqué). Mi abuela, su madre, tiene 90. Ayer nos tomamos un café y en medio de una conversación de esas habituales en las que hablamos de achaques (yo, que rondo los 40 ya me puedo sumar), de momento pareciera que cambia el tema y me desconcierta. Me dice que no se quisiera ir... Yo no entiendo. ¿A dónde te vas? Bueno, es que como ya tengo 90 años supongo que me tengo que ir, pero yo no quisiera dejar a mis nenas solas... La hermana de mi madre tiene 68, pero también vi cómo los espíritus no tienen edad: uno tiene una edad inmutable toda la vida, por lo que las nenas seguirán siendo las nenas y la madre la madre. Tal vez por eso me cueste tanto ser la anfitriona. No me dejan. Las jerarquías se instalan y a pesar de que sea mi casa me convierten en la nieta, que no hija, y entonces no importa las reglas que yo ponga (nadie se sentará a la mesa, ni querrán hacer la fiesta en el patio que limpié y organicé, sino que, si quieren--como mi otra abuela en mi fiesta de bodas-- se sentarán con el plato en la falda en las escaleras que dan al patio, mirando a la gente pasar). Pero mi espíritu está en paz con eso. Da igual. Que hagan lo que quieran.
Yo le recordé que su padre vivió 110. Quién sabe cuánto te queda... Lo que no le dije fue que su frase me dio la seguridad de que le queda. Porque me dio la impresión de que los espíritus se van cuando ven la conclusión de la interrogante que es la vida, que es nuestra obra de arte. Entonces se alcanza la paz para emprender otra búsqueda, no importa la edad. No es que el cuadro esté terminado, sino que uno sepa cómo se vería si lo estuviera, porque al final nadie acaba, pero tal vez se llega a entender algo. Por lo pronto, a ella, las nenas la necesitan. Yo, la doble nena, prepararé el patio sin mucha esperanza de que se sienten a hablar en círculo afuera, o en torno a una mesa con mantel. Sabemos, el caos tiene su orden, aunque sea uno que no puedo predecir...
Hoy mi madre cumple 70 años (no le digan que lo publiqué). Mi abuela, su madre, tiene 90. Ayer nos tomamos un café y en medio de una conversación de esas habituales en las que hablamos de achaques (yo, que rondo los 40 ya me puedo sumar), de momento pareciera que cambia el tema y me desconcierta. Me dice que no se quisiera ir... Yo no entiendo. ¿A dónde te vas? Bueno, es que como ya tengo 90 años supongo que me tengo que ir, pero yo no quisiera dejar a mis nenas solas... La hermana de mi madre tiene 68, pero también vi cómo los espíritus no tienen edad: uno tiene una edad inmutable toda la vida, por lo que las nenas seguirán siendo las nenas y la madre la madre. Tal vez por eso me cueste tanto ser la anfitriona. No me dejan. Las jerarquías se instalan y a pesar de que sea mi casa me convierten en la nieta, que no hija, y entonces no importa las reglas que yo ponga (nadie se sentará a la mesa, ni querrán hacer la fiesta en el patio que limpié y organicé, sino que, si quieren--como mi otra abuela en mi fiesta de bodas-- se sentarán con el plato en la falda en las escaleras que dan al patio, mirando a la gente pasar). Pero mi espíritu está en paz con eso. Da igual. Que hagan lo que quieran.
Yo le recordé que su padre vivió 110. Quién sabe cuánto te queda... Lo que no le dije fue que su frase me dio la seguridad de que le queda. Porque me dio la impresión de que los espíritus se van cuando ven la conclusión de la interrogante que es la vida, que es nuestra obra de arte. Entonces se alcanza la paz para emprender otra búsqueda, no importa la edad. No es que el cuadro esté terminado, sino que uno sepa cómo se vería si lo estuviera, porque al final nadie acaba, pero tal vez se llega a entender algo. Por lo pronto, a ella, las nenas la necesitan. Yo, la doble nena, prepararé el patio sin mucha esperanza de que se sienten a hablar en círculo afuera, o en torno a una mesa con mantel. Sabemos, el caos tiene su orden, aunque sea uno que no puedo predecir...
viernes, 30 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Un libro que pesa
Roberto Ramos Perea, ed. Literatura puertorriqueña negra del S. XIX escrita por negros. San Juan: Ateneo Puertorriqueño, 2009.
Parece una redundancia. ¿Lieteratura negra escrita por negros? Parece; pero no lo es, puesto que se lee comunmente la literatura que habla de la negritud desde la óptica del blanco. Entre ellas “La cuarterona”, de Alejandro Tapia y Rivera, la más conocida por el pequeño grupo de los espacialistas--pues en este país quienes conocemos más que ciertos títulos canónicos somos comparativamente pocos. Es sorprendente que no sea hasta el 2009 que aparezca un libro que proponga un análisis del panorama de las letras durante ese siglo que incluya la biografía de autores (Eleuterio Derkes, Manuel Alonso Pizarro, José Ramos y Brans), sus obras, un análisis de sus fallidas estrategias discursivas para poder entrar al campo letrado. Digo estrategias fallidas, pues sus obras desaparecieron a la mirada especialista, como consigna también Ramos Perea:
A lo largo del siglo XIX la literatura puertorriqueña se mantuvo marginal y su proyecto ideológico tardó mucho en revelarse. Durante los años que van desde el primer estreno de Derkes (1872), hasta la fundación de la Revista Obrera (1893) por Ramón Morel Campos y José Ramos y Brans, mulatos ambos, ninguno de los autores decimonónicos negros alcanzó notiredad o “visibilidad”—al decir de Fanon—o fama o reconocimiento por su trabajo. (3)
El gesto de esta publicación es soberbio, si se quiere; arrogante. Ahí está, parece que nos dice el editor, al presentarnos este corpus que había sido invisibilizado.
El especialista agarra el mamotreto entre las manos. El libro es un volumen de 5 1/2” X 11” de 379 páginas. Pesa. El especialista también se acuerda de que la raza es un constructo social; que las identidades no son fijas y de que hace falta análisis que den cuenta de la complejidad de los procesos de inclusión y exclusión en los circuitos de poder por razones de raza en el Caribe. Un estudio que no sea maniqueo, que vaya más allá de la denuncia, que de cuenta de estrategias para posicionar argumentos y cuerpos en espacios que propician que esos argumentos se muevan; que se escuche la voz que esos cuerpos emiten. También recuerda que esos argumentos no siempre han sido verbales.[1] Pero el libro pesa, literalmente y también metafóricamente, pues a un especialista sentimental como yo le da vergüenza ajena y propia. O sea, la reacción al libro pasa por la razón y por el cuerpo cuando lee que el libro republica la obra de 3 autores—los citados arriba—pero también menciona los nombres de otros; más de veinte. ¿Quiénes son? ¿Por qué no los hemos leído? Algunos de estos nombres los conocemos. el Maestro Rafael Cordero, Román Baldorioty de Castro, Ramón Emeterio Betances, Sotero Figueroa, pero de algunos de ellos ni siquiera sabíamos que eran negros. ¿Eran? ¿Cómo se construye y deconstruye la raza en ese momento histórico? Porque la raza no es color de piel, sino preconceptos en una mirada, y el juego con esa ideología por parte de los cuerpos.
Además del trabajo de recopilación y republicación de obra de los tres autores que menciono arriba, el ensayo introductorio al libro hace preguntas que se dirigen a entender estrategias. Para hacerse visible en el siglo XIX, pregunta: “Qué eufemismos, qué estrategias, qué metáforas, o por otro lado qué valores, qué sentencias brillantes e iluminadoras podían enarbolarse como banderas...?” (1). Le interesa saber la “...visión que tiene el negro de sí mismo” (2), más allá de las representaciones hechas por los blancos porque sabe que éstos construyen “...un sujeto negro a semejanza del prejuicio forjado en las instancias de la esclavitud, se su miedo, de su necesidad de impoer y hacer prevalecer sus códigos de conducta social y, sobre todo, de su aversión por lo diferente” (2, énfasis en el original). El ensayo introductorio es también un estudio de los procesos mediante los cuales cierta obra queda consignada en la memoria institucional (se canoniza) y otras no.
Las estrategias que enumera, partiendo del análisis de la obra de Derkes: 1) hablar el lenguaje del blanco, esto es, ser “no agresivo, no conflictivo”; 2) escribir bajo la máscara de un personaje blanco sobre la necesidad de una sociead más justa (énfasis en el original). Luego de esta etapa inicial, otra estrategia será la 3) presentación de valores del sector artesano, diferente al capitalista, 4) la anarquía como propuesta social. Observa Ramos Perea que a Manuel Alonso Pizarro no le interesa el público blanco y lo ataca en sus obras. De los escritos producidos por el numeroso grupo de autores que menciona el libro extrae que hubo estrategias plurales que van desde hacerle la corte al separatismo hasta al autonomismo y, como sabemos por José Celso Barbosa, la estadidad.
Además de lo dicho por Ramos Perea, propongo, por ejemplo, que lo que escriben estos autores son en su mayoría dramas. El drama es la escritura de una puesta en escena del cuerpo. Desde el cuerpo y la voz que éste emite, desde la oralidad y la corporeidad, el drama comunica. No hay que ser letrado para debatir con estas obras que en general son piezas de ideas. La propuesta es que mediante palabras se accederá a la construcción de otro mundo, como dice el personaje Ernesto en la obra de Derkes titulada: “Ernesto Lefevre o el triunfo del talento”.
¡Palabras!... Ideas que son las que gobiernan el mundo; pues triunfantes como se hallan las ideas modernas, esos hombres del día de que hablaís se ponene al frente de la civilización conduciendo a la humanidad por el camino del progreso y del trabajo, para librarl del caos por el que pretendieron guiarla esos viejos retrógrados, que rugen de desesperación, como los ángeles caídos, viéndose reprobados por la razón, la justicia y la conciencia de los pueblos. (108)
La utopía inmediata puede ser el autonomismo o el separatismo o el asimilismo o la anarquía, pero debajo de todas estas propuestas está la idea de participar en el debate público en calidad de iguales, gracias al talento. El mero hecho de estar ahí codificando el mundo desde su realidad subaltena añade riqueza y matices, mueve la historia. Aunque no lo hayamos querido ver. La idea detrás de cada texto es la de crear un mundo que permita o propicie esa participación en igualdad de condiciones.
Como dije; este libro pesa. Está agotado. Ojalá lo republiquen pronto, pues, debería estar en cada biblioteca, en cada escuela del país. Nos hará, a los especialistas, reescribir la historia de las letras de modo que de cuenta de los enfrentamientos y complicidades, juegos, y transformaciones de las letras cuando pasan por el cuerpo; ese cuerpo negro y su voz, que no hemos sabido o querido mirar ni escuchar.
[1] Recuerdo aquí el buenísimo ensayo a cargo de la historiadora María del Carmen Baerga aparecido en esta misma revista recientementehttp://www.80grados.net/2011/09/los-avatares-de-la-blancura-betances-y-la-historiografia-del-siglo-xx/, el trabajo que está haciendo Jossianna Arroyo para pensar esa misma complejidad y que saldrá publicado en un libro prontamente (aquí un adelanto http://www.habanaelegante.com/Spring_Summer_2011/Invitation_Arroyo.html), el importantísimo trabajo del sociólogo Chuco Quintero titulado Cuerpo y cultura o The Black Atlantic, de Paul Gilroy.
domingo, 4 de septiembre de 2011
El desprestigio de la política y la responsabilidad de profesar: Reflexiones sobre la ética en la Universidad
"Eso es política"- Colegas intelectuales, en el contexto de analizar la crisis universitaria que este año es menos dramática porque no hay huelga y los medios no la cubren, al analizar el tranque de sectores que no quisieran que cambiaran nunca los modos de hacer las cosas ni los contenidos que se enseñan, defienden una mentalidad empresarial, menos burocrática para esta institución pública que tanto tiene que ver con la democracia (el acceso a la educación superior abre la puerta a esferas decisionales en el país y el mundo; también a otra clase social). Cuando se contextualiza esa argumentación para defender la Autonomía Universitaria, decir, por ejemplo: "Esa nueva estructura que se quiere crear tiene que venir de las facultades pues al mover lo económico, sin consulta, y obviar las instancias de representación se afectan contenidos en el aspecto académico, y esos contenidos son de la incumbencia exclusiva de los especialistas;" se responde que la Autonomía Universitaria no existe ni existió nunca y que eso no debe implicar que nos metamos en análisis políticos. Pero estoy hablando de forma abstracta. Mejor partir de ejemplos para luego argumentar.
La semana pasada, la Rectora del Recinto de Río Piedras, Ana Guadalupe, se ausentó de una reunión del Senado Académico luego de salirse de la Presidencia de la reunión para, como colega, explicar que su interés es ocuparse de una reforma de los estudios graduados (implícito a esta argumentación está dicho que lo demás no importa; que la Universidad tenga un déficit de 200 millones, el por qué, cómo se decidió quitarle recursos, que fuera la propia administración quien llamara a la Middle States Association para pedirle que evaluara la Universidad y así contar con la "acreditación en peligro" como herramienta de presión en los medios, que la propia Middle States hablara de una crisis de gobernanza ni que los distintos informes que se han redactado para esa institución se redacten sin consulta a los distintos sectores). Habló de estadísticas y de la necesidad del Recinto de volverse más competitivo y ponerse al día en cuanto a investigación. En ese sentido yo podría estar de acuerdo con ella. Ella se molesta porque el Senado discute por horas. Hace preguntas. Es ineficiente. Un colega (el compañero Senador de la Facultad de Ciencias Sociales, José Gaztambide), comentó la falta de liderato para resolver los asuntos en la Universidad. Eso fue lo que provocó el enojo de la funcionaria y su abandono del debate (lo da por inútil). Ella entiende que la oposición a su modo de mover los cambios que podríamos querer muchos es meramente "política", por lo que la descualifica.
El Departamento de Estudios Hispánicos de la Facultad de Humanidades también se resiste a dejarse gobernar por esta mentalidad empresarial. Este es un departamento que necesita muchos cambios en sus modos de proceder en cuanto a lo administrativo y lo académico. Quien promueve cambios (no me refiero al actual Decano, Luis Ortiz, pues en la Facultad han sido distintas personas en distintas coyunturas) tendría apoyo de distintos sectores, pero tampoco ha sabido agenciarse ese apoyo, pues tiene un problema de liderato. La semana pasada, una reunión que convocó la Decana de Asuntos Académicos de la Facultad, pues el departamento carece de director, precisamente para hablar de la necesidad de que se nombre al alguien, terminó como el "rosario de la aurora". La administración (no sólo el actual decano) entiende que la resistencia de este departamento que el semestre pasado fue puesto en "pausa" se debe a razones "políticas" (por lo cual no merecen consideración seria), mientras que quien se resiste entiende que se violan los procesos, por lo cual ni siquiera vale la pena intentar colaborar. Otra vez se abandona el diálogo posible (y porque conozco el Departamento desde adentro añado que no hay "edad de oro" que idealizar. Ese respeto a los procesos que se defiende no se da hace años por parte del mismo profesorado que compone el departamento).
Los fondillos de la política- Así que ahora la palabra política se usa para descalificar por quienes quisieran que las cosas no se hicieran como en el pasado (con tanta burocracia ineficaz). También por quienes reclaman que los cambios en los procesos respeten la autonomía (de individuos, sectores, instituciones) piensan el la política oficial como una falasia. Los políticos mienten sin preocuparse de que se note que están mintiendo pues saben que una mentira repetida lo suficiente se convierte en verdad para las masas que no piensan y, además, tienen la memoria corta. La democracia hoy día no es más que el acceso al consumo. Después que las personas tengan la posibilidad de experimentar el goce de adquirir un nuevo estimulante para su líbido (que no tiene que ser de calidad, pues pronto se lo reemplazará por otro) no alzará objeción alguna a procesos ni contenidos engorrosos de la construcción de una reforma social. El problema es que la mentalidad empresarial no funciona en una universidad, por definición. El universitario (y hablo de forma general, independientemente de su área de especialización pues su formación básica debe ser humanista pues así se concibió la universidad moderna) sabe que la democracia se ha vuelto un simulacro, lo estudia, publica sobre ello, lo comenta con sus estudiantes y se siente en el deber de defenderla. En eso se formó, eso profesa. Cree en otra política; la que le permite el despliegue de sus saberes que por definición colaboran con los procesos democratizantes.
Política- La palabra viene de polis y está relacionda con la ética. Cómo hacer las cosas éticamente en la polis, es el asunto que trata. Se debate ese asunto e, idealmente, a partir de un debate entre iguales se decide. Lo que pasa es que, como siempre ha sido, parece que unos son más iguales que otros. Los asuntos que nos incumben se debaten en otra parte y luego se imponen de manera jerárquica las decisiones tomadas de forma fantasmal. Se espera de las instancias de consulta la aprobación sin preguntas; que se acate lo decidido, pero eso implicaría entregar lo que nos define, la responsabilidad de profesar desde los saberes específicos de cada cual. No basta tener un plan, hablar de un qué que es importante. El cómo también es importante. Todo es político. Decir que no se quiere hablar de política es un gesto político. Se pretende descualificar la política de entrada, lo que quiere decir que no se quiere discutir las implicaciones éticas del modo en que se están manejando los asuntos en la polis, porque parece que lo más importante son los qués (con los que podemos estar o no estar de acuerdo; para saber eso es que se debe propiciar y no obstruir el debate). Un líder es capaz de tener un plan y decidir en torno a él en colectivo: convencer a quien no entiende o no está de acuerdo, e incorporar al plan cambios que en un diálogo honesto el otro puede aportar. En otras palabras, debe poder convencer al otro de que haga suyo el plan. Hasta que eso no ocurra, estaremos estancados en polos opuestos, unos que imponen decisiones fantasmales, y otros que se resisten a que los marginen.
La semana pasada, la Rectora del Recinto de Río Piedras, Ana Guadalupe, se ausentó de una reunión del Senado Académico luego de salirse de la Presidencia de la reunión para, como colega, explicar que su interés es ocuparse de una reforma de los estudios graduados (implícito a esta argumentación está dicho que lo demás no importa; que la Universidad tenga un déficit de 200 millones, el por qué, cómo se decidió quitarle recursos, que fuera la propia administración quien llamara a la Middle States Association para pedirle que evaluara la Universidad y así contar con la "acreditación en peligro" como herramienta de presión en los medios, que la propia Middle States hablara de una crisis de gobernanza ni que los distintos informes que se han redactado para esa institución se redacten sin consulta a los distintos sectores). Habló de estadísticas y de la necesidad del Recinto de volverse más competitivo y ponerse al día en cuanto a investigación. En ese sentido yo podría estar de acuerdo con ella. Ella se molesta porque el Senado discute por horas. Hace preguntas. Es ineficiente. Un colega (el compañero Senador de la Facultad de Ciencias Sociales, José Gaztambide), comentó la falta de liderato para resolver los asuntos en la Universidad. Eso fue lo que provocó el enojo de la funcionaria y su abandono del debate (lo da por inútil). Ella entiende que la oposición a su modo de mover los cambios que podríamos querer muchos es meramente "política", por lo que la descualifica.
El Departamento de Estudios Hispánicos de la Facultad de Humanidades también se resiste a dejarse gobernar por esta mentalidad empresarial. Este es un departamento que necesita muchos cambios en sus modos de proceder en cuanto a lo administrativo y lo académico. Quien promueve cambios (no me refiero al actual Decano, Luis Ortiz, pues en la Facultad han sido distintas personas en distintas coyunturas) tendría apoyo de distintos sectores, pero tampoco ha sabido agenciarse ese apoyo, pues tiene un problema de liderato. La semana pasada, una reunión que convocó la Decana de Asuntos Académicos de la Facultad, pues el departamento carece de director, precisamente para hablar de la necesidad de que se nombre al alguien, terminó como el "rosario de la aurora". La administración (no sólo el actual decano) entiende que la resistencia de este departamento que el semestre pasado fue puesto en "pausa" se debe a razones "políticas" (por lo cual no merecen consideración seria), mientras que quien se resiste entiende que se violan los procesos, por lo cual ni siquiera vale la pena intentar colaborar. Otra vez se abandona el diálogo posible (y porque conozco el Departamento desde adentro añado que no hay "edad de oro" que idealizar. Ese respeto a los procesos que se defiende no se da hace años por parte del mismo profesorado que compone el departamento).
Los fondillos de la política- Así que ahora la palabra política se usa para descalificar por quienes quisieran que las cosas no se hicieran como en el pasado (con tanta burocracia ineficaz). También por quienes reclaman que los cambios en los procesos respeten la autonomía (de individuos, sectores, instituciones) piensan el la política oficial como una falasia. Los políticos mienten sin preocuparse de que se note que están mintiendo pues saben que una mentira repetida lo suficiente se convierte en verdad para las masas que no piensan y, además, tienen la memoria corta. La democracia hoy día no es más que el acceso al consumo. Después que las personas tengan la posibilidad de experimentar el goce de adquirir un nuevo estimulante para su líbido (que no tiene que ser de calidad, pues pronto se lo reemplazará por otro) no alzará objeción alguna a procesos ni contenidos engorrosos de la construcción de una reforma social. El problema es que la mentalidad empresarial no funciona en una universidad, por definición. El universitario (y hablo de forma general, independientemente de su área de especialización pues su formación básica debe ser humanista pues así se concibió la universidad moderna) sabe que la democracia se ha vuelto un simulacro, lo estudia, publica sobre ello, lo comenta con sus estudiantes y se siente en el deber de defenderla. En eso se formó, eso profesa. Cree en otra política; la que le permite el despliegue de sus saberes que por definición colaboran con los procesos democratizantes.
Política- La palabra viene de polis y está relacionda con la ética. Cómo hacer las cosas éticamente en la polis, es el asunto que trata. Se debate ese asunto e, idealmente, a partir de un debate entre iguales se decide. Lo que pasa es que, como siempre ha sido, parece que unos son más iguales que otros. Los asuntos que nos incumben se debaten en otra parte y luego se imponen de manera jerárquica las decisiones tomadas de forma fantasmal. Se espera de las instancias de consulta la aprobación sin preguntas; que se acate lo decidido, pero eso implicaría entregar lo que nos define, la responsabilidad de profesar desde los saberes específicos de cada cual. No basta tener un plan, hablar de un qué que es importante. El cómo también es importante. Todo es político. Decir que no se quiere hablar de política es un gesto político. Se pretende descualificar la política de entrada, lo que quiere decir que no se quiere discutir las implicaciones éticas del modo en que se están manejando los asuntos en la polis, porque parece que lo más importante son los qués (con los que podemos estar o no estar de acuerdo; para saber eso es que se debe propiciar y no obstruir el debate). Un líder es capaz de tener un plan y decidir en torno a él en colectivo: convencer a quien no entiende o no está de acuerdo, e incorporar al plan cambios que en un diálogo honesto el otro puede aportar. En otras palabras, debe poder convencer al otro de que haga suyo el plan. Hasta que eso no ocurra, estaremos estancados en polos opuestos, unos que imponen decisiones fantasmales, y otros que se resisten a que los marginen.
viernes, 19 de agosto de 2011
martes, 16 de agosto de 2011
"Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente"
Ahora:
Magia. Leo una nota que reproduce mi amigo Jorge David Capiellohttp://aventispr.blogspot.com/2011/08/ricardo-muti-concede-un-bis-italia.html, y me acuerdo de otro momento mágico. De esos momentos que, según el director italiano, Ricardo Mutti, se sienten. Acá el modo en que él describe el suyo mientras dirigía la ópera Nabuco delante al Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, quien promovía recortes al presupuesto de cultura:
"Al principio hubo una gran ovación en el público. Luego comenzamos con la ópera. Se desarrolló muy bien hasta que llegamos al famoso canto Va pensiero. Inmediatamente sentí que la atmósfera se tensaba en el público. Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente. Era el silencio del público que se hacía sentir. Pero en el momento en que la gente se dio cuenta que empezaba el Va Pensiero, el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y perdida."
Confiesa mi amigo Capiello en su Blog que lloró cuando leyó esta nota. Yo también me confieso llorona. Y es que estamos comenzando otro semestre escolar, luego de que durante el verano despidieran a Juan Giusti, el director de CAUCE, instituto que promovía alianzas entre la Universidad y la comunidad de Río Piedras. Giusti nos permitía encontrarnos en sus salas al grupo de profesores que se reunió varias veces y se llamó "Convergencia". La experiencia de debatir de tú a tú con colegas de todo en Recinto por una preocupación común y respetando las diferencias es la experiencia más universitaria que he vivido en los 10 años que llevo trabajando en esta institución. Parece una represalia de la administración que ni entiende ni respeta el diálogo. También despidieron al director del periódico universitario que irónicamente se llama así, "Diálogo", premiado en varias ocasiones por su labor periodística, Marcos Pérez Ramírez. Parece otra represalia por su cubierta de lo acontecido el semestre pasado. Otro periódico, uno comercial, esta vez, anuncia una devaluación de los "bonos de la universidad" en el mercado. Se ha cocinado, otra vez sin participación de los distintos sectores universitarios, una propuesta de reforma, de nueva Ley universitaria que no se ha anunciado, pero hay quien supone que el anuncio sobre la devaluación tiene la intención de crear el clima propicio para imponer lo que se rumora trae esa propuesta, que va del retiro de permanencias a personal docente y no docente a venta de recintos o servicios. Igrí Rivera termina su término "orgullosa del entregar una Universidad en orden". Y yo, confieso, estoy a la espera de otro momento en el que las voluntades se aúnen sin palabras porque saben que juntas conquistan algo justo. Eso es lo que describo en la crónica de mi primer día de clase el año pasado, titulada "El elefante en la joyería". Sigue apestando, pero parece que tenemos el sentido olfativo atrofiado.
Mi momento mágico está en la siguiente crónica del comienzo de clases el semestre pasado, en el párrafo que comienza diciendo "Pasados los 10 minutos"... Porque hubo comunicación sin palabras; unión de voluntades... "Alguien grita --tranquilos-- y ... Cual deus ex machina..."
Mi momento mágico está en la siguiente crónica del comienzo de clases el semestre pasado, en el párrafo que comienza diciendo "Pasados los 10 minutos"... Porque hubo comunicación sin palabras; unión de voluntades... "Alguien grita --tranquilos-- y ... Cual deus ex machina..."
Hace ocho meses:
La tensión que venía acumulando por el cabildeo constante y la incertidumbre hizo que se me saltaran las lágrimas en los primeros tres minutos de la primera clase a la que llegué un poco tarde, pues ahora hay que contar con que le piden identificación a todos para entrar y se hace un tapón en los portones. (Yo no tengo identificación. No he tenido tiempo ni interés en hacerme fotografiar para la policía). Eso no es nada. Ya la semana pasada me había dado cuenta de que el hecho de conducir al trabajo ponía mi mente a pensar con tal rapidez que se me olvida respirar hasta que empiezo a marearme. Creo que esto es un ataque de pánico; pensé. Dejé el carro afuera. Corrí a mi primer salón del día contenta, pues se me ocurrió crear un blog para los cursos. Allí subiré los prontuarios, las tares, se puede discutir. Los estudiantes tienen la opción de hacer sus cursos remotamente. Si la presencia de la policía en el campus universitario los afecta como a mí, entonces no puedo obligarlos a entrar. Lo que sí hay es que hacer el trabajo, pienso. Hagan las lecturas, debatan, entreguen los ensayos y tomen los exámenes y yo los evalúo indistintmente de la presencia física. La decisión sobre cuál es la prioridad en el momento, que puede ser ir a una reunión, una marcha, un conversatorio o "encadenarse a una fotocopiadora" como decíamos en broma con una estudiante que decía, "si tengo que pagar 800 dólares por qué no puedo hacer fotocopias"; esa decisión se la dejo a la conciencia de cada cual.
Pasados tres minutos se me quitó la changuería y charlamos. Hablé de las materias y cómo las enfrento, de sus obligaciones, de la dinámica de trabajo que espero que se establezca, de cómo cada quién ve la huelga y el desmantelamiento del recinto; lo que llamaos el "elefante en la joyería". Hay que hablar de él. Apesta y rompe los vidrios. Luego pasamos a los libros. Hubo pocos estudiantes. TODOS los que asistieron al aula comunicaron que les parecía inaceptable la presencia de la policía, las decisiones tomadas sin consulta, la arbitrariedad, la falta de limpieza en los procesos, el peso económico que se les imponía con la cuota. Todos menos 3, y tengo 4 secciones que deberían tener 30 estudiantes cada una (tres preparaciones distintas; la última me la comunicaron dos días antes de que comenzara el semestre). Todos están de acuerdo (menos 3), pero no todos participan activamente. Creo que nos corresponde preguntarnos por qué, me voy diciendo.
Los estudiantes habían anunciado un "sal pa' afuera" a las 11. Suspendí mis clases a esa hora para que participen si así lo desean. Me senté en la plaza a esperarlos y en vista de que se habían ido por las facultades aproveché y almorcé (el bajón de azúcar y la migraña me acechan, así que mejor es comer). De vuelta del almuerzo ya están reunidos ¿par de cientos? estudiantes en la Plaza Baldorioty frente a la Torre. Hablan por un megáfono y mientras los escuchaba miraba mi reloj. Escucho la policía que compite con otro megáfono ("tienen 10 minutos para abandonar la plaza", decían). Los estudiantes no estaban impidiendo el paso a las clases y la manifestación pacífica consistía sólo de palabras: las arengas y dos monólogos. La policía nos tenía rodeados completamente, con cascos; escudos, macanas, armas. Trato de hacer como si no pasara nada. Tengo clase a la 1:00. A la 1:00 me voy a mi clase, pero si esto se pone feo no me puedo ir. Pensaba que mejor que la retórica sería la presencia de cuerpos sin palabras. No hay que arengar a las masas. Los que están allí están convencidos y lo que se dice muchas veces divide más que unir. Deberían hacer marchas silenciosas, pensaba. Miraba el reloj. Miraba a la policía que nos rodeaba.
Pasados los diez minutos la policía empieza a empujar y algunos corren. Alguien grita: "tranquilos". Otro hace un gesto con las manos con el que propone que nos sentemos todos. En lugar de empujar, nos tendrán que arrastrar. Me siento a esperar el golpe. Me digo, yo pensaba ver qué hacían los estudiantes, hacer bulto por un rato e irme a la 1:00, pero si me dicen que no podemos estar allí y me empujan, entonces yo me siento y que sea lo que sea. En ese momento, como si fuera teatro griego, cual deus ex maquina, llega un grupo que se hizo llamar multisectorial y que había estado piqueteando en la calle. No sé como entraron, pues no todos tenían identificación con foto. Se paran entre los estudiantes y la policía para que sus cuerpos sirvan de escudo. Eran pocos. ¿Cuántos? ¿Treinta personas? La estudiante que recitaba un monólogo lo retoma donde lo dejó; ahora recita sentada con el megáfono en mano. Termina. Ya es la 1:00. La policía recibe una orden. Se retiran. La actividad concluye "pacíficamente."
Recuerdo que una vez alguien me leyó las cartas, los caracoles, no sé. Me dijeron: "Tú tienes un pie en la vida y otro en la muerte. Si alguna vez estás en medio de un tumulto, corre, porque la bala que se pierda te buscará a ti". Eso me habían dicho, pero no corrí. Me senté y me pregunté por qué allí habíamos tan pocos. Dónde están los estudiantes que se indignan (todos, menos 3). Donde están mis colegas, quienes como yo no tienen una oficina, ni una computadora, ni tiza, ni borrador, que enseñan 4 clases, cuyos topes de estudiantes subieron a 30, a quienes nadie les consultó para informar a la comisión evaluadora de la Middle States lo que sea que se les informó, ni para invitar a la policía a "normalizar" las actividades, ni para ninguna otra decisión de las tantas decisiones nefastas que se han tomado. Yo quise converger con otros profesores para exhortar a los colegas a entrar a hacer nuestro trabajo, que yo entiendo que es, sobre todo, reactivar las vías democráticas y participativas que definen una universidad. Pero no puedo dar clases y hablar de "contra canon" literario, en contra de definiciones de cultura y de país jerárquicos y excluyentes del pasado, mientras que el elefante siga rompiendo vidrio.
Anejo de hace ocho meses:
Hoy, en mi segundo día, hice un programa de radio en el que hablamos de Universidad, medié en una discusión violenta entre estudiantes y profesores en un pasillo, se me ocurrió, en diálogo con el poeta Rafa Acevedo, la idea de hacer puestos paralelos: Decanos paralelos, elegidos por los docentes de cada facultad, que impulsen los cambios que necesita el recinto, pero respetando en los procesos de consulta con docentes y estudiantes. Recibí estudiantes en mi oficina para discutir las evaluaciones del semestre anterior, cuando llegó a la Facultad una manifestación espontánea debido a que un policía le tiró un beso a una estudiante en la Facultad de Ciencias Sociales. Los estudiantes le reclamaron, la fuerza del choque llegó a defender a sus colegas, los estudiantes marcharon por el recinto (cientos). Las estudiantes que estban esperando afuera, al escuchar el estruendo, se asustaron, las hice entrar a mi oficina y cerrar la puerta mientras seguía explicando a otra las deficiencias y aciertos de su trabajo final. Acabado el estruendo, las estudiantes se marcharon habiendo aprendido algo sobre cómo escribir, sanas y salvas. Luego me reuní con la Directora del Departamento de Educación Secundaria de la Facultad de Educación para coordinar una revisión curricular con ellos, coordiné una reunión para el jueves. Tuve otra reunión con la Decana de Asuntos Estudiantiles para que me provea información estadística que usaré para mis argumentos en dichas reuniones. Luego llamé a un amigo, colega, queridísimo y nos peleamos por teléfono porque analizamos la situación desde polos opuestos. Hoy no lloré a la entrada; lloré a la salida porque la situación provoca que nos faltemos el respeto. Insisto. El elefante apesta.
Hoy, en mi segundo día, hice un programa de radio en el que hablamos de Universidad, medié en una discusión violenta entre estudiantes y profesores en un pasillo, se me ocurrió, en diálogo con el poeta Rafa Acevedo, la idea de hacer puestos paralelos: Decanos paralelos, elegidos por los docentes de cada facultad, que impulsen los cambios que necesita el recinto, pero respetando en los procesos de consulta con docentes y estudiantes. Recibí estudiantes en mi oficina para discutir las evaluaciones del semestre anterior, cuando llegó a la Facultad una manifestación espontánea debido a que un policía le tiró un beso a una estudiante en la Facultad de Ciencias Sociales. Los estudiantes le reclamaron, la fuerza del choque llegó a defender a sus colegas, los estudiantes marcharon por el recinto (cientos). Las estudiantes que estban esperando afuera, al escuchar el estruendo, se asustaron, las hice entrar a mi oficina y cerrar la puerta mientras seguía explicando a otra las deficiencias y aciertos de su trabajo final. Acabado el estruendo, las estudiantes se marcharon habiendo aprendido algo sobre cómo escribir, sanas y salvas. Luego me reuní con la Directora del Departamento de Educación Secundaria de la Facultad de Educación para coordinar una revisión curricular con ellos, coordiné una reunión para el jueves. Tuve otra reunión con la Decana de Asuntos Estudiantiles para que me provea información estadística que usaré para mis argumentos en dichas reuniones. Luego llamé a un amigo, colega, queridísimo y nos peleamos por teléfono porque analizamos la situación desde polos opuestos. Hoy no lloré a la entrada; lloré a la salida porque la situación provoca que nos faltemos el respeto. Insisto. El elefante apesta.
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