jueves, 28 de julio de 2011

La paz comprada

http://www.youtube.com/watch?v=y5aXkFVNhSE&feature=related
Genitallica, canción, Quiero paz

El capitalismo salvaje ha ganado.  No es noticia nueva, pero quiero observar una de sus consecuencias en detalle.  Hoy día la paz es individual (personal, incluso íntima) y se compra.  Se acabó la solidaridad, si cuando veo, entiendo o incluso siento algo que no está bien, algo fuera de lugar ("out of joint") no quiero entender qué es para luego ajustar mi entorno para cambiar el engranaje de la máquina (las coyunturas), sino que me tomo una pastilla para encontrar la paz.  Por eso es que observamos todos los días el fin de la esfera pública.  El cuarto poder no investiga, no informa, está muriendo el periodismo como profesión, también el pensamiento crítico libre de las influencias del mercado (la universidad), se está acabando el mercado de libros.  Es el fin de la razón.

Por eso ahora los jóvenes escuchan techno, reggaetón; ritmos repetitivos e hipnóticos que ayudan a la desconexión cuando en los sesenta y setenta y hasta los ochenta escuchábamos música con sentido.  Ellos escuchan, sobre todo si se tienen algunas pepitas a mano, aquellos ritmos, u otros que los dejan escapar de otro modo más "salvaje"como el ska, por ejemplo, pues en medio de saltos y empujones uno se libera también toda la tensión de saberse un engranaje de una máquina que sin cada individuo seguiría funcionando igual, pues cada individuo es reemplazable; es una máquina viva, como un organismo con su sistema inmunológico.

Si en los años 60 la paz colectiva fue un proyecto social que impulsó a muchos y tuvo varias manifestaciones, desde los 90 se habla del fin de las ideologías.  Así las izquierdas recogieron el timbiriche y se dejan insultar cada vez que uno que está montao (tiene botes en la marina, la prensa lo sigue, varios negocios que no informa para no pagar impuestos y porque son negocios secretos) le dice que desperdició su juventud en sueños inútiles y que la solidaridad no paga, ni es posible.  Entonces el ex-activista va a la farmacia, a un punto, le roba al abuelo una pastilla, se la toma, y encuentra la paz.  Los jóvenes que no tienen un futuro posible que contarse (no habrá seguro social, ni escuelas, ni hospitales, la educación básica y posterior no sirve para nada, no hay trabajo) saltan y se empujan, se dan golpes de felicidad, se tocan para descubrirse cada poro, tienen sexo con protección o sin ella y buscan no sé, ocho, diez, dieciocho dólares para buscarse la(s) paz, pastillas.

jueves, 21 de julio de 2011

La paz de los tinglares

Los tinglares comenzaron a llegar a desovar en una playa urbana.  Son sus playas naturales.  Tal vez lo han hecho siempre sin mayor estruendo.  Pero hace unos años hay una iniciativa comunitaria y de Recursos Naturales para la conservación de los nidos, puestos en lugares tan impropios sin pedir permiso.

Aclaremos.  Ningún lugar es impropio para los tinglares, si no fuera porque están en peligro de extinción y en esa playa se pierden las pequeñas tortuguitas cuando salen del nido.  En la noche, el mar es luz, pero una playa urbana tiene focos de luz encendidos (en el lugar del planeta que más contaminación lumínica tiene según cualquier imagen satelitar) que desorientan a las pequeñas que nacen al atardecer y se guiarían por la luz para llegar al mar; donde sobrevivirían unas pocas de camadas de entre 70 y 100 que nacen cada vez.  Además, vivimos en tiempos electrónicos y las tortuguitas son, sin saberlo ni quererlo, celebridades.

Estaba estudiando con mi sobrino, pues mi hijo anda por allá tan lejos.  Estaba estudiando con mi sobrino cuando me llamó Vicky.  "Ven que están naciendo".  Ella pasea por la playa todas las tardes.  Yo vivo a cuatro cuadras del mar y me olvido de ir a saludarlo a veces, siempre con remordimiento, pero mi amiga no tuvo que decir más para que yo le metiera prisa al adolescente, ponte una camisa y unos zapatos que nos vamos a ver nacer tinglares en la playa.  Ahora.  Él no mostró entusiasmo, pero no rezongó.

Al llegar venía corriendo más gente.  Localizar el sitio fue fácil.  Había una conglomeración de espectadores en torno a unos palos con cintas que aislan los nidos en la playa.  "Los vecinos llamaron a Recursos Naturales, explicó Vicky, y llamaron tanto que vinieron a dar un taller.  Son tantos nidos que no podemos."  Hicieron a la comunidad responsable, luego de un seminario rápido, de cuidar que todas las tortuguitas lleguen al agua.  Explicaron la fecha aproximada del desove, la hora, los procedimientos.   Hicieron cadenas de mando con teléfonos de responsables e instrucciones.  La gente llegó.

Primero se ve que la arena se mueve.  Parece que saldrá sólo una.  Pero una vez se destapa ese vientre, salen en carrera.  Se forman líderes espontáneos.  "No hagan ruido que las asustan".  "Abran el círculo.  Dejen que pase la luz poniente para que salgan."  "Ábranles el camino".  Gente de toda clase social y que estaba en las más variadas actividades, como yo, antes de que algún vecino los llamara, habían llegado a la playa a conmoverse.  Un caballero con zapatos de trabajo.  Gente con sus perros en medio del paseo de la tarde.  Niños.  Gente humilde.  "No las toquen."  Flash, flash...  "Retraten sin flash".  Los celulares hacen fotos y las recién nacidas tienen que abrirse paso ante el tumulto conmovido, que no por eso saca los pies del medio, aleja los perros, hace silencio para meditar sobre la maravilla.

La iniciativa comunitaria de la playa de Ocean Park es loable.  Qué bueno que colaboren con recursos naturales.  Observo con curiosidad que la naturaleza a veces nos conmueve y a veces nos solidariza.  A todos.  Hemos visto el milagro de la vida que sucede sin nosotros hace millones de años.  Gente que normalmente no estaría de acuerdo ni para levantarse a buscar sal en un momento soso, de momento salta de alegría por que, tal vez, una de las tortugas que yo salvé (porque no la pisé, porque no la maté con mi flash, porque le dije al vecino que sacara su perro de encima de esa pobre tortuguita; ok, porque vigilé el nido por noventa días) sea alguna de las que sobrevivan y aminoren el problema de escasez de números de la especie, aunque haya habido la séptima masacre del año la semana pasada en este país; aunque no mejore el problema del chorro de aguas negras que sale de enfrente de mi casa y desagua en esa misma playa hace años (nos cansamos de llamar a las autoridades), aunque el periódico no me diga nunca que hay una caravana de patrullas de policía que durante las noches organiza redadas silenciosas, porque a lo que van es a buscar su paga pa dejar al punto en paz.  El periódico tendrá su noticia feliz del día.  Mi sobrino, que no quería mirar porque no valía la pena empujar gente para ver y prefería hablar por celular como siempre, al final miró y se sorprendió.  Llegamos a la casa a ver videos de tinglares poniendo sus huevos.  Son las tortugas marinas más grandes que existan.  Sin embargo nacen tan frágiles que están por terminar su tiempo en el planeta.  Quién sabe si él o yo, otros, al ver el esfuerzo estadísticamente fútil de llegar al mar de uno de esos recién nacidos indefensos, nos venga en mente que todo es más grande que nosotros, sin que por ello, no valga la pena el esfuerzo por la, y vuelvo y pongo la palabra, paz.

sábado, 9 de julio de 2011

La luz de las naciones es infinita e íntima. A propósito de la Bienal de Venecia.


Si entra al sito oficial de la Bienal de Venecia 2011, como primera cosa leerá que ésta ha tenido 15,627 visitantes durante la semana que va del 25 de junio al primero de julio.  Uno de ellos fui yo.  Otro mi hijo de nueve años, Ernesto.  Pienso "Pictures at an exhibition" de Modest Mussorgski, lo divertido de esa pieza musical, y revivo la experiencia de un niño todavía niño en una exposición de arte internacional.  Se trata del arte de hoy, que mezcla, a menudo, medios (pintura, fotografía, vídeo, música, escultura, performance, film), por lo que las instalaciones por las que se atraviesa, con las que se interacciona, son estimulantes y hasta agobiantes para los distintos sentidos y la imaginación.  El tema de este año es "Illuminazioni".  Es una cita a Walter Benjamin y también una referencia a la luz, tan fundamental en las artes visuales, y las naciones que se supone están hechas de la luz de sus hombres.  

Mis reflexiones a partir de lo allí visto, iban en torno a la idea de que había un corpus coherente en medios, como ya he dicho, y en temática, más allá de la provocación que pudiera procurarle al artista el tema propuesto, los pabellones nacionales de los jardines y las exposiciones más individuales del arsenal, giraban en torno al individuo.  

Por ejemplo, el pabellón de Francia era una máquina gigante construida con tubos que hacía girar una cinta con fotos de caras de bebés que se proyectaban de forma fragmentada (la cara dividida en tres horizontalmente) en una pared cuando alguna persona del público tocaba un botón, construyendo así un rostro.  Es como la genética cuando los 42 genes de cada uno de dos personas se juntan para hacer otro individuo parecido, pero diferente, también de 42 genes que son suyos.  Entonces, la instalación provoca pensar sobre el infinito, porque pensamos que no lo podemos aprehender con la mente, pero al final lo vemos todos los días, en las caras de las distintas personas que son todas únicas, y aunque hubieran sido gemelos son distintos porque la suma de experiencias y la perspectiva son únicas.  El tiempo es infinito y lo vemos en los minutos que pasan, aunque a veces nos parezca que un minuto es igual a otro.  

FRANCE
Chance
Christian Boltanski
Commissioner: Institut Français. Curator: Jean-Hubert MartinVenue: Pavilion at Giardini

A Ernesto le gustó el pabellón de Corea. Pensando en que cada uno de nosotros es un universo que nace cuando nacemos y un universo que desaparece cuando morimos, somos planetas y luz, el pabellón de Corea eran hermosas fotos de flores, pero luego veíamos que no eran fotos sino una película proyectada, pues esas flores encubrían personas vestidas con fatigas militares, camufladas con esas imágenes floreadas, ellos y sus fusiles.  Se movían poco a poco y se lograba verlos.  Allí estaban las hermosas fatigas floreadas.  Y más allá un espejo que devolvía la propia imagen y otra que se proyectaba en el espejo como un fantasma.  La imagen en el espejo es otra vez un individuo, es yo, soy yo, es mi planeta, mi universo, como la flor también es un Universo, más allá de la guerra de las galaxias.


KOREA, Republic of
The Love is gone but the Scar will heal
Lee Yongbaek
Commissioner: Yun Chea Gab. Venue: Pavilion at Giardini

Interesante para mí, como puertorriqueña, que la propuesta que representaba a los Estados Unidos hubiera sido producida por una estadounidense y un cubano residentes en Puerto Rico.  Este detalle sólo ilumina lo que es esa nación hoy.  Hay un tanque puesto patás arriba, sobre el que hay una máquina de correr, sobre la que trota un atleta del equipo olímpico estadounidense a ciertas horas preestablecidas.  Hay reproducciones en plástico del asiento de primera clase de una línea aérea, hay una máquina de esas de sacar dinero funcionante en otra habitación, hay una película filmada en Vieques, de un hombre tamibién del equipo olímpico de atletismo que posa como el hombre bandera sobre un pasaje dividido en dos (se sube con sus músculos de lado sobre un poste de bandera, a veces en la proyección de arriba; a veces en la de abajo.  Así ambas proyecciones son distintas y se complementan).

UNITED STATES OF AMERICA
Gloria
Jennifer Allora, Guillermo Calzadilla
Commissioner: Lisa D. Freiman. Venue: Pavilion at Giardini

jueves, 23 de junio de 2011

La alegría tonta de los pájaros: A propósito de "Una belleza convulsa" de José Manuel Fajardo

A ti, que estás del otro lado de una frontera, estas palabras leves.


El mundo estaba cambiando y, fuera cual fuese aquella extraña materia, lo cierto era que para nosotros había perdido consistencia, se había vuelto permeable. José Manuel Fajardo


Hacía semanas que estaba terminando el libro y no quería acabarlo.  Tengo que confesar que tenía miedo por el destino del protagonista.  Si me dedico a leer, debería estar acostumbrada a que me maten personajes con los que me he encariñado.  Pero en estos días no estaba segura de poder lidiar con una ejecución.

El libro trata de un secuestro.  Los de la ETA encerraron a un periodista por cuatro meses.  Allí el tipo usa la mente para no volverse loco.  Pasea y viaja mentalmente a distintos momentos de su vida amorosa, que consiste de una serie de enamoramientos que provocan que deje a la mujer con quien está, siempre en busca de otra cosa (el fantasma).  Y es que el deseo es así, se construye en torno a una falta que no se debe conquistar porque entonces deja de ser.

Esta realidad se puede convertir en una metáfora política.  En términos sociales, el intento de construir un mundo utópico es el deseo por un fantasma que siempre estará en otro lugar.  Conseguirlo, aparte de ser humanamente imposible,  tendría como consecuencia el desplazamiento del deseo a otra cosa.  Así, esta novela aterradora y a la vez conmovedora, es también un testimonio.  Me recuerda los testimonios de secuestrados políticos por las dictaduras militares en Argentina, La escuelita de Alicia Partnoy o La razón blindada, de Arístides Vargas, por ejemplo, que hablan de los distintos modos que nos inventamos para sobrevivir.  Son los afectos lo que nos salva, pues es tal vez lo que nos hace más humanos.  Ahí es que somos más vulnerables.  La historia es la misma cada vez que alguien la cuenta; sin que sea demasiado importante quién secuestró.  Fajardo hace la historia de la ETA, que se inspira en el Che Guevara, cuya imagen guardada entre las páginas de un libro resultaba evidencia suficiente para desaparecer a alguien en el Cono Sur.  El movimiento vasco en sus orígenes resiste contra Franco, para convertirse luego en otra cosa; la cosa que es ahora.  Y es que en ocasiones el mal no está afuera.  Lo llevamos dentro, como dice el relato:

Los demonios los llevamos dentro, son parte de nosotros mismos.  Es como Satán que, a fin de cuentas, no es sino el rostro malo de Dios.  El problema es cómo convivir con ellos.  Vivimos en un jodido mundo en el que el bien y el mal está tan revueltos que a veces se les confunde y actuamos como diablos cuando creemos ser ángeles.  Ya has visto estas tierras a través de mis ojos.  Ya sabes lo que fui, lo que hice y lo que vi.  (288)


El relato se refiere a fronteras que desaparecen.  A lo absurdo que es estar secuestrado en este contexto donde las razones que ennoblecían las causas están tan confundidas.  Aunque la naturaleza no se confunde, como reza un poema que escribe uno de los personajes de la novela:

Sobre este antiguo trazo de agua,
entre esta campa verde y pinta que oculta el horizonte
y aquel seto que crece sin mesura,
discurría antaño la frontera.  
Era una línea roja en los mapas
y un hilo de miedo entre los hombres.
Los mirlos la cruzaban inconscientes
con esa alegría tonta de los pájaros.


Los relatos de Fajardo cruzan fronteras en más de un sentido.  La literatura es hoy sólo literatura, no tiene el apellido; mexicana, puertorriqueña, española, americana, francesa, japonesa.  Este libro está informado por Paul Auster, un judío de Nueva York y Gabriel García Márquez, la literatura hispanoamericana en general, entre otros.

Lo más enternecedor del libro es que aprendo, aprehendo, que la vida sigue.  Aquí hay esperanza.  Luego de un siglo XX tan terrible, en el siglo XXI no podremos vivir en la levedad.  Las cosas siguen siendo formidablemente violentas, complejas, sucias.  Basta salir al centro comercial para ver cuán infernal es todo (el libro tiene un delicioso elenco de diablos que acompañan al secuestrado en la imaginación del infierno que experimenta); la violencia del mercado, la violencia de las balas que puede que te toquen hoy a ti porque de casualidad estabas ahí cuando un narcotraficante decidió vengarse de otro, aparte de la violencia política por conflictos no resueltos.

El relato se resuelve con un diario que da nombre a los demonios, a la experiencia.  Si persistimos en nombrar las cosas por su nombre, tal vez al final de este viaje, nuestros hijos podrán dormir en paz.

domingo, 24 de abril de 2011

La mini ficción

A Cristian Ibarra, a Capiello (interesados en lo mínimo)


"Instrucciones para llorar" (Cortázar). Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará  con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Puntos principales de conferencia dictada por Lauro Zavala en la Universidad de Guanajuato, México el 13 de marzo de 2011.

Zavala comienza con la pregunta de si se trata o no de un nuevo género.  Piensa que sí.  Como la novela, es un género que integra todos los otros géneros e intregra además elementos extraliterarios.  Es un género serial e híbrido.  También su primera teoría se publica en español.  El primer texto teórico lo publica Dolores Koch, en 1982.

Tiene antecedentes en la literatura hispanoamericana, por ejemplo, en las "Instrucciones para llorar" o "Instrucciones para subir una escalera", de Julio Cortázar, del Libro de cronopios y famas.

El término ficción, en la filosofía constructivista significa "verdad"; contrario a lo ficticio, lo ficcional es una verdad.

Es interesante que gran parte del género se ha escrito en español.  El primer libro de minificción se publicó en México.  

En 1917 Julio Torri, de Sinaloa, publicó Ensayos y poemas.

La mayoría de los libros se han producido en los últimos 5 años.  Hay un boom de mini ficción.  La explicación que Zavala ofrece de este fenómeno es que, contrario a la modernidad, donde existe nostalgia de totalidad, la posmodernidad ha hecho las paces con el fragmento.  Además han cambiado las estrategias de lectura y los mecanismos de canonización de la literatura.

Las explicaciones que me parecen más pertinentes, aluden a géneros específicos de minificciones, como los créditos en las películas, los videos musicales, los comerciales y los spot-políticos.  Es absolutamente cierto que la minificción dialoga con todos estos géneros.  La ficción mínima también le debe algo a twiter, a facebook, con su limitación de espacio.

También atribuye la minificción a la traducción intersemiótica de la literatura al cine.  Aprendemos del cine.  Ofrece dos ejemplos de minificciones dentro de películas.  La película "El acorazado" de Einsenstein.  Hay una masacre en la escalera, diez minutos de tiempo real en disparos que dura un minuto en la película.  Esa misma escena está citada en la película "Los intocables", de Bryan de Palma.

Las minificciones son seriales, fractales, metaficcionales, intertextuales, elípticas, paradójicas, protéicas, anafóricas (la minificción supone que lo más importante ya pasó; el final es catafórico).  Sus personajes son metafóricos, el tiempo es fragmentario, el espacio es elíptico, el lenguaje lúdico, el género es híbrido.

Finalmente, nos regala este enlace a una revista que se dedica solamente a publicar estudios sobre mini ficción.  http://cuentoenred.xoc.uam.mx/

Y yo traté, a ver si me salía una:

El espejo

Estaba harta de que la siguieran mirando con esa mirada con la que sólo se puede mirar a una perra callejera.  Sí, tenía esa horrible enfermedad en la piel, estaba muerta de hambre, tenía una irritación en el ojo izquierdo que no la dejaba ver bien y hacía que lagrimeara continuamente y lo peor de todo era que se le habían caído las tetas de tantas veces haber sido violada para luego, en un tiempo indeterminado después, soltar el producto del semen depositado por el agujero ese que luego despedía critaturitas vivas que ella abandonaba a su suerte.  Alguna que otra había sobrevivido y cuando se la cruzaba por la calle la reconocía con asco, pena, rencor o indiferencia.  Las tetas así caídas le impedían correr con comodidad para huir con la destreza y la alegría de hace tanto tiempo, cuando todavía huía, reía.  Pensó eso y dio una patada a la miserable perra que la acompañaba a todas partes para lamerla, darle calor, pelerse con ella por las sobras que encontraran.  La perra chilló y salió corriendo.  Ya volverá, pensó esta mujer que ya no recordaba su nombre. Pero esta vez sintió la violencia de lo que había hecho, porque había quedado retratado todo con un fuerte rayo de sol que azotaba los vidrios de la vitrina, la imagen de miseria congelada en el espejo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Los caparazones del tiempo


 El texto Caparazones de Yolanda Arroyo Pizarro es una espera y sabemos que en la espera está contenido todo el tiempo; un tiempo que nos hace vulnerables.  Así va de lo más íntimo a la reflexión fundamental de toda literatura que es ¿qué sentido tiene todo esto?  Así el tiempo se expande y se contiene en este libro a partir de sus metáforas.  Un caparazón es la coraza que tiene una tortuga en su espalda para protegerse, pero también es lo que cubre el tórax de un ave.   Lo más profundo de la tierra son los mares, donde habitan las tortugas gigantes y ancianas, porque viven entre 150 y 200 años y porque son sobrevivientes de la era prehistórica.  Lo más alto que alcanzamos mirar son las estrellas, los planetas, las glaxias, a donde se acercan los pájaros con su vuelo gracias, tal vez, a los caparazones en sus espaldas.  Somos cuerpos celestes, en el sentido en que el tiempo lo habitamos con la comodidad de un bostezo.  “El tiempo no es una línea recta, ni tampoco se traslada en paralelos.  Es una extensa curva que va zigzaguendo a comodidad”, dice la novela (18).  El tiempo nos agrede con su indiferencia, aunque la novela parece proponer que el mejor antídoto contra la violencia de estar vivos es devolver la mirada indiferente al timpo.  “No me molesta el tiempo.  Me siento muy cómoda con él.  Muy a gusto”  (41, cito).  Somos seres de la oscuridad, en el sentido en que nos hacemos daño sin saber cómo evitarlo.  Tampoco podemos evitar apalabrar la experiencia y lanzar estas palabras al mar como botellas sin destinatario de las que se desprende un náufrago, sin esperar que llegue ningún rescate. 
Lo que acabo de enunciar son ideas que me sugiere esta novela, que es un texto poético además de ser una historia que se cuenta.  Por ser texto poético, se lee como la poesía: poniendo a dialogar sus partes, que en esta novela constan de cinco caparazones. 
Los caparazones son cayos en la espalda que protegen la materia blanda de la que estamos hechos, pues los hechos que se relatan están rodeados de violencia, como estamos todos rodeados de agua y aire.  La primera violencia, en el contexto de un mundo “volcado” y “convulso”, es la del sexo, acto que violenta la separación física y natural de dos cuerpos con sus almas, aunque sus efectos puedan ser productivos y aunque ese mismo tema se reitere en los demás caparazones.  Como decir:  
     Mientras espero, me gusta leer a Baricco.  Me gusta auto-hipnotizarme con su Permanece así, te quiero mirar; yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy carca de ti, acaríciate...  ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, grintando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencias teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instate es, créeme, señor amado mío, en este instate será, de ahora en adelante, será, hasta el fin.  (101)

Luego, en el segundo caparazón, aparece la violencia de la vida cotidiana, en la que hay voluntad de poseción y control y desapego y sometimiento, de unos y otros.  Quien sufre el sometimiento luego somete a otra.  No hay idealizaciones.  La mujer que penetra a otra mujer también muere a favor de una causa; la defensa del medioambiente. A veces las causas se defienden con violencia activista, mientras que el estado responde con su reclamo de monopolio de la violencia que es la violencia política. 
El tercer caparazón usa el mismo lenguaje de lo ya visto en la cotidianidad central de la novela que es el corpus que compone el segundo caparazón. Como sabemos, "la repetición es una figura retórica que consiste en la reiteración de palabras u otros recursos expresivos, procedimiento que genera una relevancia poética. En todo poema aparecen elementos reiterativos con esa función: ya sea el acento, las pausas, la aliteración, el isosilabismo, la rima o el estribillo". (http://www.uchile.cl/cultura/
actividades/glosario/repeticion.htm)  La relevancia de esta repetición es que se crea el efecto tiempo.  El tiempo en la novela es una espiral, o un zig zagueo continuo, si se prefiere, que va de nanosegundos a segundos a minutos a horas a días a semanas a años a siglos, a milenios, al infinito.  Esta nueva vuelta en el tiempo cuenta lo mismo, aunque los lugares de los actantes cambien, así se añaden complicaciones; un cambio de lugar entre víctima y victimaria; la entrada de otros personajes que son otros planetas en los que hay también agua y fuego.
El cuarto caparazón son dos instantes distintos que marcan las otras violencias que leemos.  Es corto, porque es un puñetazo certero en la boca del estómago, más allá de la trifulca diaria.  Hay un abuso sexual de una menor consentido por quien debería proteger, luego la ausencia súbita del fantasma que es el otro amado. 
El quinto caparazón es el tiempo eterno.
Como vemos, la novela plantea casi sin decirlo una reflexión sobre la existencia misma; sobre el origen del “malestar en la cultura”.  Se supone que el Padre es la ley, pero en estos textos no hay padres, ni hay goce.  Esta pregunta que sigue es mia:  ¿Si la ausencia de padre no es el goce, entonces qué es?  Buscando responder a esa pregunta leo el capítulo 48.
La oferta de ideales es vasta.  Todo lo que tiene que hacer el consumidor es ir al mercado de fanatismos o creencias más o menos dignas de lucha, extasiarse un rato por los pasillos, internarse en las góndolas luego escoger uno del surtido existente.  Se puede elegir defender la patria, combatir el gobierno despótico y tirano, protestar por los hijos de los que no se tiene custodia, luchar por los ecosistemas de la supervivencia de las hormigas en el Sahara o simplemente defender el derecho a la preservación de un espacio atmosférico sin contaminación donde volar cometas de rabo verde.  Los métodos de expresar el ideal van desde subirse a las grúas de los sites de construcción, acostarse formando una cadena humana para prohibir el paso, realizar protestas al desnudo, lanzar globos de agua o aerosol de pimienta a la multitud, en fin.  La lista es interminable. 
Si me lo preguntaran a mí, mi ideal sería irme en contra de la ausencia.  Crearía toda una rebelión partiendo de esa premisa.  Iría a las marchas, lanzaría piedras, dibujaría carteles, haría entrevistas de radio y televisión, redactaría comunicados de prensa, cartas abiertas a los medios, proclamas de compromiso.  (162)

La rebelión es la escritura y el estar; combatir el vacío.  Si no hay ley entonces cada uno a lo suyo.  Pero lo cierto es que sí hay ley, aunque esté afuera del universo que se relata.  Esa ley afecta la relación entre Nessa y Alexia, quienes a pesar de querer vivir sin leyes se tienen que querer en cierto secreto y porque la negociación para el amor que se construyen no deja de tener implicaciones de abuso.  El caso es que lo que no se abandona es la necesidad de tocar al otro y, de algún modo, esa realidad hay que, por obligación, negociarla con ese otro, aunque sea para poder:  “...colocar nuestros brazos en paralelo, uno junto al otro y mirarlos a plena luz del sol, de frente a los rayos, para establecer los constrastes de ambas pieles.  Luego ... be[sar] todos los dedos de la plama de su mano y [que se le devuelva a una] el favor haciendo lo mismo...”  (37-38).  En fin, la novela es la historia de cómo un príncipe o una princesa puede domesticar a una zorra (especies distintas aunque iguales porque se comunican) para que “tú para mí seas única en el mundo y yo para tí sea única en el mundo.”  La cita al texto de Saint Exupery está dicha, también otra a Alessandro Barico o Salman Rushdie o Susan Sontag.  La literatura con la que conversa es globlal, no insular; también las circunstancias.
Sabemos, además, que los caparazones, más que una protección de nuestras partes tiernas son también casas en las que nos refugiamos del mundo.  Sobre las casas dice este libro:  “Para mí una casa es tan sólo la madriguera perfecta para hacerse una de algunas pocas comodidades.  Entre ellas, guardar libros”  (99).  También recibir a la amante.  Allí puede ser que dos mujeres se amen, y que tengan un hijo en una familia que se hace y se rehace como todo lo que está atacado por el tiempo.
Hay aquí un trecho recorrido desde textos como “Las mujeres no hablan así” de Nemir Matos Cintrón o “Reróticas”, de Lilliana Ramos Collado.  Ya quien precede habló de sexo entre mujeres y le construyó una retórica.  Hoy Arroyo Pizarro puede reescribir esa retórica anterior y proponer otra que también mira la violencia fuera y dentro de la pareja, sin idealizaciones.  Con naturalidad la definición de familia se expande en momentos en que hay quien muere o es censurado a manos de los fanatismos con los que estamos obligados a convivir.  La mirada que fabula se fija en el mundo globalizado y en cómo las rutas de desplazamiento de las tortugas marinas nos conectan y nos hacen intuir que las peleas que vivimos a diario, más allá del melodrama que nos hace el centro del universo, no son más que polvo en el universo.  Así lo dice la novela:
Inquieta, intento imaginar la interacción de mi espíritu, lanzado en proyectil, con el viento solar.  Es como si pudiera ver los gases y materiales del universo que me traspasarían y yo los traspasaría a ellos.  Las órbitas de otros cuerpos que esquivo.  Yo, como una corriente que salta en un anillo de partículas.  Me muevo, veo el enjambre de meteoros, las constelaciones, las tormentas de asteroides.  (83)

Leyendo esta novela concluyo, entre otras cosas, que nos conviene amar, pues seremos, como decía ya Quevedo, polvo enamorado.  Nada más importa.

viernes, 11 de marzo de 2011

Más allá de las orillas, el mar

(Presentación de la página electrónica que colecciona trabajos de escritores puertorriqueños que publican después de los 80, titulada, "En la orilla", Editada por Ángel L. Matos.  http://www.enlaorilla.com/index.php)


Me van a perdonar que comience esta presentación contextualizando mis reflexiones con los eventos que han marcado recientemente la universidad en la que trabajo.  Soy Catedrática Asociada del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  Discuto con pasión en mis salones, en la red, en la radio, en revistas especializadas, delante de podios como éste en conferencias y actividades relacionadas con la cultura, como ésta; discuto desde el intelecto y los afectos, yo, como muchos de mis colegas, quienes se acercan a la tarea de formar mentes desde los saberes específicos que manejan, en mi caso, las literaturas puertorriqueña e hispanoamericana, mis áreas de especialidad.  A eso me dedico.  Aprovecho, entonces, este foro para reflexionar en voz alta con ustedes sobre la crisis de la Universidad, su incapacidad de asumirse como un lugar de debate sobre las disciplinas específicas y su importancia en la formación y el desarrollo de individuos libres, pensantes, productivos para el país democrático y próspero que todos deberíamos querer. 
Pero no se asusten.  Me han invitado a hablar de literatura puertorriqueña actual y, en específico, de la publicación virtual que habita la red electrónica bajo el nombre “En la orilla” (http://www.enlaorilla.com/index.php) y no pienso faltar a esta responsabilidad que he aceptado con alegría.  El caso es que la cultura es múltiple a la vez que es colectiva y se manifiesta de infinitos modos que son también individuales.  Entendía el escritor argentino más citado, Jorge Luis Borges, que la literatura es un juego de espejos y hablar de una cosa es siempre hablar también de la otra por lo que, aunque quisiérmos, no podría escaparme de decir la importancia de que se publique los trabajos literarios de una multiplicidad de jóvenes que dicen el país o las inquietudes de su tiempo, que es éste, aunque se estén refiriendo a lo que le toca en lo personal a quien escribe, o a un chino imaginario.  Entiéndanme bien.  No digo, desde el cliché romántico, que la literatura “refleja” su tiempo.  Digo que la literatura y su tiempo se multiplican la una al otro hasta contener el infinito, que es el Aleph, otra figura que inventa Borges para representar un punto del universo donde están todas las cosas y todo el tiempo contenidos.  Y eso que ese escritor nunca vio la red.  No sé si se habría inspirado para escribir más o le habría dado un cortocircuito por sobrecalentamiento.
El caso es que entro al blog que publica poesía y cuentos en hermosas páginas que contienen datos biográficos de cada autor y leo.  Leo lo que sigue, si es que me detengo en la introducción:

En la Orilla, reaparecer es una continuación que no tiene principio ni fin; del compromiso editorial de proveer un espacio a las nuevas voces que van conformando y confrontando la nueva literatura puertorriqueña. Esta edición nos llena de emoción y orgullo al ser la más de-ge-ne-ra-da de todas las anteriores, con un abanico cronológico en términos de edades entre los más jóvenes y mayores, además de romper con espacios geográficos y lingüísticos al incluir escritores jóvenes puertorriqueños que escriben desde los Estados Unidos. Sin embargo, esa diferencia y (de)generación se cancela en el propio texto, porque cada voz asume su responsabilidad, su postura y su identidad, las cuales les permiten conversar con las otras de modo libre, honesto y fluido. Cada una de estas nuevas voces aporta miradas, formas innovadoras de decir, ritmos variados y una tradición literaria diversa. Existen varios hilos conductores que unen estos textos, pero eso, amigo lector, lo dejamos a su juicio.

Creo que todos vinimos aquí hoy para darle las gracias a Ángel Matos, el editor de esta iniciativa, por esto.  Porque cual pirata no mira las jerarquías del “soy quien soy” tan restrictivo de la conducta en las tradiciones culturales hispánicas, sino que pone a dialogar distintas edades de escritores que se llaman puertorriqueños aunque procedan de distintas partes del mundo.  Porque podemos entrar en la red, escribir “En la orilla” en el motor de búsqueda y luego de llegar a la orilla lanzarnos a nadar en ese océano digital.  Digo océano y noto que esa metáfora no es inocente.  Antonio S. Pedreira recordaba en su Insularismo (1934) que los puertorriqueños le temen al pirata.  No se acercan a la orilla porque “nos coje el holandés”.  A pesar de ser una isla vivimos de espaldas al mar (se refiere usted, le respondieron luego, a los blancos hacendados, porque las costas han siempre sido Caribe) y esta iniciativa nos pone de frente al mar, a punto de lanzarnos al mundo.  Basta que un motor de búsqueda encuentre la página.  Basta que alguien, como muchos que ya lo han hecho, quiera saber si en Puerto Rico se ha escrito algo después de La charca, después de La guaracha.  Encontrará la respuesta cuando abra “En la orilla”.  Allí verá trabajo de hombres y mujeres jóvenes que no tienen miedo de tirarse al mar.  No somos ya agua estancada ni el entaponamiento insalubre de carros en la Avenida Ponce de León.  O sí.  También somos eso.  No me digan que en el Tribunal Supremo, el Colegio de Abogados, la Universidad de Puerto Rico, el Capitolio y la Fortaleza no se respiran las aguas putrefactas de La charca.  No me digan que no tuvieron hoy su minuto de impaciencia con el freno.  Pero como siempre, convive con la charca la orilla.  La voz poética de Sylvia Rexach se quedaba lejos “envidiando otras arenas que le quedan cerca al mar” pero si se es propiamente la orilla, el borde, el lugar que no se sabe si es tierra o es mar, etonces el mar llega y nos toca.
Matos, en la introducción a la página deja los “hilos conductores” que se desprenden de esa red al lector.  Les quiero anunciar algunos, pues como dije, soy crítica literaria y ese es mi trabajo, ser lectora reflexiva, en público.  Repaso las ideas que he ido construyendo durante los últimos diez años sobre la escritura actual y las confronto con lo que la orilla deja perdido sobre la arena.  Había dicho antes que la escritura hoy es una exploración de la forma.  La poesía puede ser súmamente cuidada, como la poesía modernista, o puede buscar recordarnos las cadencias de la oralidad, iluminar la poesía diaria con sus barrocos choques de contrastes, no menos barroca así en su versión “spoken word” que el barroquismo formal del culteranismo y el conceptismo actuales.  Esta descripción me recuerda al maestro pirata Joserramón Meléndez, quien va de la décima al soneto y quien, junto a los demás escritores piratas que leemos hoy con devoción, Ángela María Dávila, José María Lima, Pedro Pietri, Manuel Ramos Otero, marcaron las generaciones sucesivas.  Así, entre los tesoros desperdigados en este mar digital están las décimas de Urayoán Noel, el juego con la oralidad en diálogo con la poesía puertorriqueña de Estados Unidos de Guillermo Rebollo Gil, pues se escribe más allá de fronteras en esta época.  También se piensa más allá de fronteras; de género e identidad sexual, donde Mayrim Cruz Bernal, Ana María Fuster, Zuleika Pagán, Ana Teresa Toro, Yolanda Arroyo Pizarro, Mirna Estrella Pérez, Katia Chico, David Caleb, Daniel Torres, buscan flotar por encima de los límites de lo que es ser hombre y ser mujer, de raza, y acá debo mencionar otra vez a Arroyo Pizarro y a Mayra Santos Febres e Yvonne Denis o símplemente atacan los límites de lo moderno, cuando los barcos de vapor ya no nos impresionan luego del Titanic.   También este mar está hecho de conexiones, pues lo isleño rebasa la isla, por lo que la orilla incluye escritores puertorriqueños que habitan distintos lugares del mundo desde distintos idiomas o viajan y se instalan entre el allá y el acá, tales como Rafa Franco Steeves, Javier Ávila o Corazón Tierra, Raquel Rivera.  No importa el acercamiento específico del binocular particular que cargue cada uno, en todos ellos el cuerpo está expuesto; puesto a secar bajo el sol, ya sea desde el discurso fantástico del náufrago que no tiene referentes luego de la caída del bloque soviético en el 89, o por la simple desnudez de quien no tiene por qué ni de quién ocultarse.  Este cuerpo habita distintas épocas y despliega diversas sexualidades, a la vez que expone la violencia social en torno al sexo como economía del deseo y no de lo útil.   Descubro en estas páginas un tesoro que no había visto, hay una narrativa que va del cuento al ensayo y viseversa.  Quienes exploran estos límites de mar son los más jóvenes.  La de ellos es una narrativa de ideas que se plasman y que casi no quieren ser cuentos, escritos en primera persona, parece que buscan dar testimonio del naufragio desde el yo.  Son los diarios del náufrago que delira, pero tiene una bitácora que deja a la posteridad su testimonio.  Esto se emparenta con la tradición más radical de la experiencia literaria latinoamericana, hecha de diarios de viaje, conquista, exploración y naufragio.
Esta orilla tiene muchos usos.  Llegamos a la época del kindle, del ipad, de leer en la oscuridad delante de la luz titilante que nos hipnotiza como astros.  No sé si pronosticar que dentro de no sé cuántos años, lo que no esté en formato digital no estará.  Lo cierto es que hoy casi todo está allí.   Como profesora, hoy sólo a veces me ocupo de asegurarme de que los corsarios de antaño envíen por barco sus pesados libros para poder tener el placer de olerlos y acariciarlos.  La mayoría de las veces mando directamente a los alumnos a bucear el mar digital.  Allí se encuentra todo.  Tengo un blog para mis cursos.  Y si me voy a México a hablar de escritores puertorriqueños contemporáneos, para que se preparen para el banquete les digo que se asomen a la Orilla.  A esta Orilla que les presento hoy.  Allí encontrarán lo que necesitan saber, les dije. 
Los devotos al papel no se ofendan.  No es una claudicación total.  También llevo una pesadísima maleta llena de libros.  Pero cuánto más fácil es la tarea cuando mis dedos, que ya siempre tienen las uñas cortas para poder teclear, pueden premer una tecla para que en México sepan que no hay distancias entre ellos y nosotros.  Esa es mi sospecha.  Todavía tengo que verificar empíricamente esta corazonada.  Pero créanme.  Casi me veo regresar contenta para contarles, “no hay tal” (separación).  Porque el mundo hoy día es uno, por más que nos duela despedirnos de los escombros de la modernidad que quisimos vivir como la utopía para aprender a construir en este otro mar de futuro sin asideros.  Pero lo haremos.  Ser sobrevivientes es asunto de terquedad sobre todo y a lo largo de los siglos hemos demostrado que somos tercos.
En el Recinto de Río Piedras se leyó la semana pasada entero, en 22 horas y media, la novela Cien años de soledad, escrita por el colombiano Gabriel García Márquez.  Comentaba con quienes estuvimos allí para la clausura de ese acto que, increíblemente, se concibe como un acto de rebeldía, que cuando el colombiano pronostica que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra” se refiere a quienes se encerraron en sí mismos y no quisieron aprender el amor.  Esa novela colombiana es una historia de amor o, más bien, de desamor.  La última pareja de la estirpe Buendía finalmente aprende a amarse, pero ya es muy tarde y no pueden evitar que los vientos huracanados desaparezcan Macondo de la faz de la tierra.  Pero también estamos hechos de otras estirpes que sí han sabido amar y perseverar en contra de la soledad que es la negación al diálogo.  Celebro esta página porque conecta a esta isla, su ciudad letrada, con el resto del mundo.  Porque hay iniciativas como ésta es que voy todos los días a trabajar con angustia, pero también contenta.  A pesar de los vientos que soplan hoy tengo la certeza de que sobreviviremos.   La nave ya no está al garete.  Tenemos bitácoras, cartas de navegación y la terquedad del náufrago.

domingo, 13 de febrero de 2011

Tres chistes y una reflexión sobre la universidad

La reacción de las y los profesores a este asunto que se puede llamar, según lo que estemos mirando y dónde nos paremos para mirar "huelga estudiantil", "protestas", "crisis universitaria", "desmantelamiento universitario" me recuerda un chiste.  Un tipo va caminando por la calle y de momento se encuentra un mojón en el camino.  Se detiene, lo observa, dice:  "Parece mierda".  Luego se acerca y lo huele, a lo que reacciona diciendo: "Fo, huele a mierda."  Finalmente, mete el dedo como quien robara glaceado de un biscocho y lo prueba: "¡Asco, sabe a mierda!", dice.  En ese momento calcula, llega a conclusiones y se levanta muy contento y bailando canta:  "¡Qué bueno que no lo pisé!,  ¡Qué bueno que no lo pisé!, ¡Qué bueno que no lo pisé!

Cundo nos reímos de un chiste, según Freud en "El chiste y su relación con el inconsciente" es porque liberamos tensión psíquica, por lo que llevamos reprimido.  ¿Acá la risa la provoca el sabernos mejor que el individuo, quien se comporta de modo absurdo, pues bastaba circundar el mojón y seguir caminando en lugar de hacer todo lo que es mucho peor que pisarlo, o porque nos reconocemos en él?

Naomi Klein dice en uno de sus libros que quienes se levantaron durante los años sesenta para democratizar la sociedad no perdieron.  Al menos no perdieron en la retórica.  Los opositores no contestaron los argumentos sino que se impusieron por la fuerza.  Ahora nosotros queremos argumentar, "conversar" con el par que no es par sino una autoridad que se impone y no escucha.  Y mientras enunciamos nuestra oposición a la huelga tanto como a la crisis, al desmantelamiento y el autoritarismo que queremos combatir con razones, yo me pregunto si nuestra falta de agencia (horrible palabra que entiendo se traduce mejor como capacidad de diligencia, de gestión) es y ha sido debido a que más que gestores somos pensadores; es nuestro adiestramiento, tenemos las manos sin callos, limpias y finas, sin mugre debajo de las uñas, cobramos buenos salarios, se nos paga por pensar y hablar públicamente sobre los resultados de nuestro cogitar continuo.  El caso es que se nos está prohibiendo pensar y hablar públicamente.  Eso implica que se nos está prohibiendo profesar, ser profesores y el acto de seguir haciéndolo es en sí una resistencia.  Creo en el poder de la palabra que forma mundos.  Creo que esto es verdad; no una metáfora.  Pero, por decirlo con otro chiste, nos veo y me acuerdo de una película de Indiana Jones (ese antropólogo, representante de Occidente que estudia al otro, para entenderlo y robarle sus saberes y sus cuerpos, apropiárselos, o explicarle a Occidente la valía en sí y por sí de esos otros saberes que morirían al primer contacto), en la cual se acerca un enemigo (un otro) que sabe ¿karate?, ¿kung-fu?, ¿aikido?  El caso es que el otro, vestido de negro y encapuchado comienza a enunciar sonidos: "Uuuuuuhhh, uaaaaaaa, ú, á" y a mover las manos y los pies y a saltar su arte de guerra para la defensa (¿ofensa?).  Indiana Jones lo mira, saca una pistola y dispara.  El público ríe.  Cuando nos reímos nos identificamos con Indiana Jones, quien posee la tecnología de la pistola (la pólvora es china pero gracias a Marco Polo nos la apropiamos hace tiempo) y es capaz de deshacerse del enemigo (el otro) con el simple acto de presionar el gatillo.  Me acuerdo de esta escena porque nuestras elaboraciones retóricas se parecen a los sonidos que salen de la boca del "otro" que despliega el dominio de un arte, que no tiene defensa contra la polvora.  

Reconozco eso y creo que si usamos violencia les hacemos el juego, se razgarán las vestiduras para demonizarnos, porque es lo único que hacen para convencer al país de la justeza de sus acciones.  No argumentan.  Lanzan insultos, simplifican los hechos burdamente, demonizan al enemigo como si los eventos en la Universidad siguieran un libreto de Hollywood.  La gente reconoce el libreto maniqueo y reacciona identificándose con Indiana Jones.  Es lo que siempre hacen.  Y eso me recuerda otro chiste.  Un tipo va con su esposa en el carro.  De momento ella encuetra por ahí tirado un panty que no es de ella.  Mantiene la compostura.  Lo levanta con la punta del dedo índice (le da asco lo que sostiene), lo pone en la cara del marido y le pregunta:  "¿Y este panty?"  El hombre reacciona tan rápido que ella no ha tenido tiempo de mover un músculo.  Agarra el panty, lo tira por la ventana del carro y responde:  "¿Qué panty?"  Hemos dicho mil veces que se está procediendo de forma dictatorial, cuantos menos oligarca, que se están violando reglamentos, que no es universitario el hecho de gobernar por decreto, que esas acciones mismas son las que atentan contra la acreditación.  Los gestores reales de la universidad hoy dirán: ¿Qué panty?  Añadirán el insulto:  "Rata terrorista" y seguirán su camino, como quien evita pisar un mojón.

Nosotros, ¿qué haremos?

lunes, 7 de febrero de 2011

Todavía el feudo




La Univrsidad de Puerto Rico es, en los días en que escribo estas líneas, una instituación inquisitorial y macartista, dirigida por un Consejo de Educación Superior totalmente entregado al poder político, autoritario e insensible, provinciano.  La Universidad, sobre todo el recinto de Río Piedras, representó durante los años de relativa prosperidad del capitalismo industrial dependiente una necesaria iniciativa modernizadora.  Sin embargo, nunca ha podido establecer una tradición democratizadora  (14).


Comienzo esta reflexión por preguntarme cuánto dista la caracterización de la Universidad que cito en mi epígrafe, de la que podríamos hacer hoy, en el año 2011, a la luz del actual conflicto huelgario.  El reconocido crítico de la literatura puertorriqueña, Arcadio Díaz Quiñones, para allá para 1982, para abrir una antología de tres ensayos hecha pública por la editorial Huracán sobre el proceso huelgario que apenas acababa de concluir, titulado, “Las vallas rotas”,  reflexionaba sobre ese proceso junto a tres de sus actantes protagónicos, Fernando Picó, Milton Pabón y el líder estudiantil Roberto Alejandro. Los primeros dos nombres corresponden a los profesores que fungieron como mediadores entre el Consejo de Educación Superior, que fue sustituído por la actual Junta de Síndicos, y el Consejo de estudiantes.  El título se desprende, significativamente, de una cita de otro prólogo; en este caso de José Martí, al poema “Niágara” del poeta Venezolano José Antonio Pérez Bonalde.  En ese prólogo ensaya Martí la idea de la modernidad que hombres como él quisieran inventar.  Dice: 

... Otros fueron los tiempos de las vallas alzadas; éste es el tiempo de las vallas rotas.  Ahora los hombres empiezan a andar sin tropiezos por toda la tierra; antes, apenas echaban a andar, daban en muro de solar o en bastión de convento...  Antes...  en una época de callamiento y de repliegue, las ideas habían de convertirse en badajo de campana de iglesia, o en manjar de patíbulo...  Ahora [...] las ideas se maduran en la plaza en que se enseñan, y andando de mano en mano, y de pie en pie... El hablar no es pecado, sino gala; el oír no es herejía, sino gusto y hábito...  (Citado en Las vallas, sin número de página, el original es de 1882).

En el 1982 habían transcurrido 100 años desde el momento en que el intelectual, poeta, periodista y cabildero político, José Martí reflexionaba de forma resuelta sobre la modernidad como el momento en que los hombres “andan sin tropiezos por toda la tierra” sin que “muros de solar o bastión de convento” los detuviera.  El reclamo estudiantil de acceso a la educación como modo de construir la modernidad que necesita de capital humano, social y cultural, además de capital económico, fue interpretado por el sector docente en los años ochenta como un reclamo democratizante y una instancia que derrumbaría vallas sociales, las que separaban todavía los solares, los conventos o conventillos desde donde se toman las decisiones en forma paternalista y autoritaria por todos, hacia una idea de una sociedad participativa y democrática, pero más en específico, de la idea de una universidad participativa y democrática, pues, aunque la universidad se funda con la idea de modernizar, siempre fungió como un lugar al que accedían solamente las clases privilegiadas.  En su reflexión sobre la huelga de los ochenta, Fernando Picó habla de una univerisdad medieval que daba paso a otra que él describió como socialista porque los estudiantes insistieron en participar de los procesos de toma de decisiones.  Más allá de la felicidad o infelicidad de esa descripción, dice que la universidad había sido históricamente:
Una universidad feudal, pues, en el sentido peyorativo de la palabra.  Y una huelga socialista en esa universidad –Roberto Alejandro se sobresalta ante esa contrapartida de la frase, Milton Pabón se sonríe: los co-autores prefieren el análisis riguroso a las marchas forzadas de la imaginación.  Ciertamente la huelga no fue monocolor, ni todos lo que hoy día rechazamos el modelo “feudal” de univerisdad compartimos una visión idéntica de la comunidad de estudiosos que hay que promover.  Pero había algo entonces en el ambiente de la huelga que evocaba otro orden de cosas –modelos colectivos de toma de decisiones, ecos de luchas laborales, concepciones sobre oportunidades educativas, sobre desigualdades económicas, sobre obligaciones morales.  Y eso merece reflexión.  (31)
Cien años más tarde parece que la sociedad apenas ha cambiado, luego de la lectura de estos análisis pienso que si, como sabemos, la Universidad la fundaron los estadounidenses en 1903, luego de que las mentes más liberales del país se cansaran de pedirle a la corona española por, al menos cincuenta años, mayores y mejores facilidades educativas para acceder a la modernidad que podían imaginarse existía en algún lugar fuera de esta colonia que no pasaba de ser todavía en el S. XIX “falta de bastimentos y dinero”, llena de gente “en cueros”; poca, menos que en la “cárcel de Sevilla”, esa posibilidad no llegó hasta que los estadounidenses la concretizaron con la fundación del Recinto de Río Piedras y, aún después de fundada el país no se modernizó en el sentido liberal participativo que entendían quienes pensaban que bastaba que circularan conocimientos para que el país progresara y se acabara el se hace porque yo lo mando[1].  Todavía vivimos la universidad feudal (el país feudal) donde todo se decide desde arriba con la esperanza de que la gente se quede callada y acate.  Reflexiona sobre esto Picó al decir que “las consecuencias más funestas de esa idea jerárquica y autoritaria de la unviersidad no se dieron, pero en ningún momento podemos olvidarnos de que estuvimos entonces demasiado cerca de unas desgracias que todos hubiéramos tenido que lamentar.  Hay esquemas de poder que llevan a acciones represivas, a tropellos inquisitoriales, a la irracionalidad de las balas” (31).  Cito en extenso porque ahí está el meollo de lo que me preocupa.  Primero, la impresión de que el tiempo está detenido porque los hechos se repiten casi de forma igual.  Es distinto que los estudiantes alzados luchan hoy más solos que antes, con menos apoyo del sector docente.  Leo las palabras que se publicaron para analizar la huelga del 81 y no veo por qué el análisis hoy no se pueda conducir con un vocabulario parecido.  Parece que pérdida de las utopías nos dejó sin energías para resistir a los señores feudales, sin vocabulario para apalabrar lo que sucede.  Es cierto que durante los ochenta los estudiantes se alzaron por miles y hoy son apenas cientos, pero eso me conduce a mí a pensar, como docente, que tal vez no les estamos enseñando bien a los estudiantes que no son tales si no se rebelan, si sólo que quieren dejarse mandar para concluir el trámite de adquirir un dipoma para solventarse una vida, y a Dios que reparta suerte.  La universidad es el lugar de imaginarnos otro país y de construirlo.  Debe seguir siéndolo.  Estamos demasiado faltos de democracia y demasiado acostumbrados a ello.  Yo reclamaré que se consulte a los docentes y a los estudiantes en los procesos de toma de decisión por conducto de canales verdaderamente participativos y no por medio del simulacro de los comités de los 7 que se constutuirán por dedocracia, ni por proclamas ni edictos ni garrotazos.  La discusión es el fundamento que define lo que es una universidad.  Al poder de hablar y construir hechos con esas palabras no renuncio.


[1] Dice Fray Damián López de Haro en 1644, para describir la colonia  a la que acaba de llegar:  “De melones que tanto los habían alabado, no he visto más de tres en todo este verano, y estos han sido colorados y no como los buenos de allá, aun no he visto uvas, granadas me han presentado hoy dulces medianas, pero nada se vende en la plaza de todo esto, el trigo se ha sembrado y ha provado bien en algunas partes de tierra, pero lo que se coje de ello y otras semillas que traen de España cuando los vuelven a sembrar se desvanecen y quedan en berzas, y algunas semillas de la primera vez, también hay algún trato aunque pequeño de cueros como en Santo Domingo; y en conclusión lo mejor que tiene esta ciudad son las brisas y el ayre con que todos quedamos con salud a Dios gracias, por donde un hombre a quien pidió una Señora de Santo Domingo que le diese noticias verdaderas de lo que era esta ciudad le respondió en este soneto.

“Esta es Señora una pequeña islilla
falta de bastimentos y dineros,
andan los negros como en ésa en cueros
y hay más gente en la cárcel de Sevilla,
aquí están los blasones de Castilla
en pocas casas, muchos caballeros
Todos tratantes en xenxibre y cueros
los Mendoza, Gusmanes y el Padilla.
Ay agua en los algibes si ha llobido,
Iglesia catedral, clérigos pocos,
hermosas damas faltas de donaire,
la ambición y la embidia aquí an nacido,
mucho calor y sombra de los cocos,
y es lo mejor de todo un poco de ayre.”

lunes, 24 de enero de 2011

El lugar de las palabras


Nuestro mundo está organizado por palabras.  Todos tenemos una historia, la historia sobre nosotros mismos que nos contamos y que organiza nuestro mundo y nuestras acciones diarias.  Esa historia dialoga íntimamente con la historia que la comunidad inmediata le cuenta a sus individuos desde que nacen.  Esto es, las historias que la familia cuenta, que se relacionan con las que cuenta el país a través de sus instituciones y aparatos reproductores de discurso; la escuela, los periódicos, la radio, la televisión, el cine y también los viejos y sus cuentos, los adultos y sus palabras, junto con sus acciones.  En fin.  Estamos hechos de agua, células, dna, desde un punto de vista científico y estamos hechos de palabras desde el punto de vista cultural. Quien estudia letras estudia cuáles son las consecuencias de la palabra escrita en las sociedades y en los individuos.  El estudiante de letras, la literatura, la historia, el arte, aprende a pensar críticamente, a soñar otros mundos posibles y a comunicar lo que piensa de distintos modos: a través de un buen ensayo o artículo periodístico, o a través de un cuento, una novela, un poema, una pintura, una composición musical, las acciones que organizan una pieza teatral o un performance.  También debo decir lo siguiente porque es lo que importa a los ciegos que guían el mundo de hoy:  la habilidad, la destreza en el manejo de los símbolos, por la palabra (un poema), la vista (una pintura), el oído (una composición musical), también es lucrativa.  Sobre todo cuando hace veinte años más o menos el mundo está cambiando los modos en que se piensa a sí mismo (me refiero al fin de la guerra fría, a la sociedad informática, a la revisión de las premisas de la modernidad, sus ideas de progreso, de lo universal, la idea del hombre como el centro del Universo y hasta las nociones de lo que es una familia, que están en cuestionamiento constante).

Para entender como la palabra organiza nuestro quehacer diario basta pensar que un científico tiene que comunicar el resultado de sus investigaciones por medio de la palabra, un abogado gana o pierde casos mediante el uso de la palabra, un médico es efectivo en la medida es que puede interpretar lo que el paciente le comunica sobre sus males, sabe entender esas palabras y además comunicar sus teorías y sus propuestas de tratamiento de modo eficiente, en diálogo con su paciente, mediante la palabra, los periodistas trabajan con palabras e imágenes.  Para entender cómo la palabra es rentable basta un ejemplo:

Estudié en la Universidad de Stanford, en California, durante los años noventa.  Allí, por esas fechas, se dio la revolución de las “dot com” que comienza con el correo electrónico, la invención del internet, yahoo, se experimenta con programas de reconocimiento de voz; en fin, las consecuencias de lo que describo las vivimos en el día a día de hoy.  En esa Universidad está el Center for Computer Research in Music and Acoustics (CCRMA), donde John Cowning inventó el sintetizador de sonidos que posibilita los teclados electrónicos, por ejemplo.  Esa patente es la que más dinero deja a la Universdad de Stanford, después de la pastilla anticonceptiva, que también la tienen ellos.  En ese contexto revolucionario para el mundo, las compañías Mc Intosch, Canon, Yahoo, contrataban doctores en composición musical (humanistas) e incluso estudiantes graduados de ese centro, porque sabían programar pero también sabían pensar.  Estas compañías reconocían que más allá del pensamiento encajonado de un ingeniero en computación, los humanistas sabían pensar fuera de la caja y esa destreza era precisamente lo que necesitaban para poder inventarse el futuro (y lucrarse de sus inventos).  Los humanistas enseñamos a nuestros estudiantes a pensar y el país debe entender que sin pensamiento crítico y creativo no podemos construir el Puerto Rico del futuro, estar a la vanguardia, ser competentes, excelentes.  Estamos en un momento histórico en el que necesitamos de las palabras y su dominio más que nunca, porque estamos construyendo el futuro sin darnos cuenta.  La Universidad no puede existir sin un espacio para reflexionar sobre los usos de la palabra de forma práctica o artística, que es el modo más complejo en que ella se usa, ni sin un especio para adistrarse en el manejo de la palabra.  Su contribución a la sociedad tal vez no es medible, pero es palpable.  


Por otra parte, creo que es de igual importancia que quienes tenemos la responsabilidad de estudiar los usos de la palabra y enseñar la historia y las luchas de poder en torno a ella, estamos obligados a entender el mundo actual y cómo han cambiado las redes de poder que la afectan (el mercado del libro hoy es otro, por ejemplo, el internet tiene mucho que ver con eso) y reconocer que las formas de procesar ideas, pensamiento, también cambian con la mayor disponibilidad de información, el amplio procesamiento de información a través de imágenes, un uso distinto del orden y el ritmo (las estructuras no lineales y fragmentarias no son difíciles de entender por las nuevas generaciones).  Nuestra responsabilidad es ponernos al día para poder hablarle al mundo del futuro; inventárnoslo.  Así construiremos la libertad del futuro, porque lo que no cambia es que trabajamos para construir la libertad.


La autora, además de ser Catedrática Asociada en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, creó en colaboración con Rosa Luisa Márquez y Mayra Santos Febres el Programa de Escritura Creativa para el Programa en Estudios Interdisciplinarios de la Facultad de Humanidades de ese Recinto y, además, es Productora y Co-anfitriona con Santos Febres de el programa radial titulado En su tinta, donde los miércoles a las 4:00 pm hablan por Radio Universidad de Puerto Rico (89.7 fm)  de literatura y cultura actual.