viernes, 11 de marzo de 2011

Más allá de las orillas, el mar

(Presentación de la página electrónica que colecciona trabajos de escritores puertorriqueños que publican después de los 80, titulada, "En la orilla", Editada por Ángel L. Matos.  http://www.enlaorilla.com/index.php)


Me van a perdonar que comience esta presentación contextualizando mis reflexiones con los eventos que han marcado recientemente la universidad en la que trabajo.  Soy Catedrática Asociada del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.  Discuto con pasión en mis salones, en la red, en la radio, en revistas especializadas, delante de podios como éste en conferencias y actividades relacionadas con la cultura, como ésta; discuto desde el intelecto y los afectos, yo, como muchos de mis colegas, quienes se acercan a la tarea de formar mentes desde los saberes específicos que manejan, en mi caso, las literaturas puertorriqueña e hispanoamericana, mis áreas de especialidad.  A eso me dedico.  Aprovecho, entonces, este foro para reflexionar en voz alta con ustedes sobre la crisis de la Universidad, su incapacidad de asumirse como un lugar de debate sobre las disciplinas específicas y su importancia en la formación y el desarrollo de individuos libres, pensantes, productivos para el país democrático y próspero que todos deberíamos querer. 
Pero no se asusten.  Me han invitado a hablar de literatura puertorriqueña actual y, en específico, de la publicación virtual que habita la red electrónica bajo el nombre “En la orilla” (http://www.enlaorilla.com/index.php) y no pienso faltar a esta responsabilidad que he aceptado con alegría.  El caso es que la cultura es múltiple a la vez que es colectiva y se manifiesta de infinitos modos que son también individuales.  Entendía el escritor argentino más citado, Jorge Luis Borges, que la literatura es un juego de espejos y hablar de una cosa es siempre hablar también de la otra por lo que, aunque quisiérmos, no podría escaparme de decir la importancia de que se publique los trabajos literarios de una multiplicidad de jóvenes que dicen el país o las inquietudes de su tiempo, que es éste, aunque se estén refiriendo a lo que le toca en lo personal a quien escribe, o a un chino imaginario.  Entiéndanme bien.  No digo, desde el cliché romántico, que la literatura “refleja” su tiempo.  Digo que la literatura y su tiempo se multiplican la una al otro hasta contener el infinito, que es el Aleph, otra figura que inventa Borges para representar un punto del universo donde están todas las cosas y todo el tiempo contenidos.  Y eso que ese escritor nunca vio la red.  No sé si se habría inspirado para escribir más o le habría dado un cortocircuito por sobrecalentamiento.
El caso es que entro al blog que publica poesía y cuentos en hermosas páginas que contienen datos biográficos de cada autor y leo.  Leo lo que sigue, si es que me detengo en la introducción:

En la Orilla, reaparecer es una continuación que no tiene principio ni fin; del compromiso editorial de proveer un espacio a las nuevas voces que van conformando y confrontando la nueva literatura puertorriqueña. Esta edición nos llena de emoción y orgullo al ser la más de-ge-ne-ra-da de todas las anteriores, con un abanico cronológico en términos de edades entre los más jóvenes y mayores, además de romper con espacios geográficos y lingüísticos al incluir escritores jóvenes puertorriqueños que escriben desde los Estados Unidos. Sin embargo, esa diferencia y (de)generación se cancela en el propio texto, porque cada voz asume su responsabilidad, su postura y su identidad, las cuales les permiten conversar con las otras de modo libre, honesto y fluido. Cada una de estas nuevas voces aporta miradas, formas innovadoras de decir, ritmos variados y una tradición literaria diversa. Existen varios hilos conductores que unen estos textos, pero eso, amigo lector, lo dejamos a su juicio.

Creo que todos vinimos aquí hoy para darle las gracias a Ángel Matos, el editor de esta iniciativa, por esto.  Porque cual pirata no mira las jerarquías del “soy quien soy” tan restrictivo de la conducta en las tradiciones culturales hispánicas, sino que pone a dialogar distintas edades de escritores que se llaman puertorriqueños aunque procedan de distintas partes del mundo.  Porque podemos entrar en la red, escribir “En la orilla” en el motor de búsqueda y luego de llegar a la orilla lanzarnos a nadar en ese océano digital.  Digo océano y noto que esa metáfora no es inocente.  Antonio S. Pedreira recordaba en su Insularismo (1934) que los puertorriqueños le temen al pirata.  No se acercan a la orilla porque “nos coje el holandés”.  A pesar de ser una isla vivimos de espaldas al mar (se refiere usted, le respondieron luego, a los blancos hacendados, porque las costas han siempre sido Caribe) y esta iniciativa nos pone de frente al mar, a punto de lanzarnos al mundo.  Basta que un motor de búsqueda encuentre la página.  Basta que alguien, como muchos que ya lo han hecho, quiera saber si en Puerto Rico se ha escrito algo después de La charca, después de La guaracha.  Encontrará la respuesta cuando abra “En la orilla”.  Allí verá trabajo de hombres y mujeres jóvenes que no tienen miedo de tirarse al mar.  No somos ya agua estancada ni el entaponamiento insalubre de carros en la Avenida Ponce de León.  O sí.  También somos eso.  No me digan que en el Tribunal Supremo, el Colegio de Abogados, la Universidad de Puerto Rico, el Capitolio y la Fortaleza no se respiran las aguas putrefactas de La charca.  No me digan que no tuvieron hoy su minuto de impaciencia con el freno.  Pero como siempre, convive con la charca la orilla.  La voz poética de Sylvia Rexach se quedaba lejos “envidiando otras arenas que le quedan cerca al mar” pero si se es propiamente la orilla, el borde, el lugar que no se sabe si es tierra o es mar, etonces el mar llega y nos toca.
Matos, en la introducción a la página deja los “hilos conductores” que se desprenden de esa red al lector.  Les quiero anunciar algunos, pues como dije, soy crítica literaria y ese es mi trabajo, ser lectora reflexiva, en público.  Repaso las ideas que he ido construyendo durante los últimos diez años sobre la escritura actual y las confronto con lo que la orilla deja perdido sobre la arena.  Había dicho antes que la escritura hoy es una exploración de la forma.  La poesía puede ser súmamente cuidada, como la poesía modernista, o puede buscar recordarnos las cadencias de la oralidad, iluminar la poesía diaria con sus barrocos choques de contrastes, no menos barroca así en su versión “spoken word” que el barroquismo formal del culteranismo y el conceptismo actuales.  Esta descripción me recuerda al maestro pirata Joserramón Meléndez, quien va de la décima al soneto y quien, junto a los demás escritores piratas que leemos hoy con devoción, Ángela María Dávila, José María Lima, Pedro Pietri, Manuel Ramos Otero, marcaron las generaciones sucesivas.  Así, entre los tesoros desperdigados en este mar digital están las décimas de Urayoán Noel, el juego con la oralidad en diálogo con la poesía puertorriqueña de Estados Unidos de Guillermo Rebollo Gil, pues se escribe más allá de fronteras en esta época.  También se piensa más allá de fronteras; de género e identidad sexual, donde Mayrim Cruz Bernal, Ana María Fuster, Zuleika Pagán, Ana Teresa Toro, Yolanda Arroyo Pizarro, Mirna Estrella Pérez, Katia Chico, David Caleb, Daniel Torres, buscan flotar por encima de los límites de lo que es ser hombre y ser mujer, de raza, y acá debo mencionar otra vez a Arroyo Pizarro y a Mayra Santos Febres e Yvonne Denis o símplemente atacan los límites de lo moderno, cuando los barcos de vapor ya no nos impresionan luego del Titanic.   También este mar está hecho de conexiones, pues lo isleño rebasa la isla, por lo que la orilla incluye escritores puertorriqueños que habitan distintos lugares del mundo desde distintos idiomas o viajan y se instalan entre el allá y el acá, tales como Rafa Franco Steeves, Javier Ávila o Corazón Tierra, Raquel Rivera.  No importa el acercamiento específico del binocular particular que cargue cada uno, en todos ellos el cuerpo está expuesto; puesto a secar bajo el sol, ya sea desde el discurso fantástico del náufrago que no tiene referentes luego de la caída del bloque soviético en el 89, o por la simple desnudez de quien no tiene por qué ni de quién ocultarse.  Este cuerpo habita distintas épocas y despliega diversas sexualidades, a la vez que expone la violencia social en torno al sexo como economía del deseo y no de lo útil.   Descubro en estas páginas un tesoro que no había visto, hay una narrativa que va del cuento al ensayo y viseversa.  Quienes exploran estos límites de mar son los más jóvenes.  La de ellos es una narrativa de ideas que se plasman y que casi no quieren ser cuentos, escritos en primera persona, parece que buscan dar testimonio del naufragio desde el yo.  Son los diarios del náufrago que delira, pero tiene una bitácora que deja a la posteridad su testimonio.  Esto se emparenta con la tradición más radical de la experiencia literaria latinoamericana, hecha de diarios de viaje, conquista, exploración y naufragio.
Esta orilla tiene muchos usos.  Llegamos a la época del kindle, del ipad, de leer en la oscuridad delante de la luz titilante que nos hipnotiza como astros.  No sé si pronosticar que dentro de no sé cuántos años, lo que no esté en formato digital no estará.  Lo cierto es que hoy casi todo está allí.   Como profesora, hoy sólo a veces me ocupo de asegurarme de que los corsarios de antaño envíen por barco sus pesados libros para poder tener el placer de olerlos y acariciarlos.  La mayoría de las veces mando directamente a los alumnos a bucear el mar digital.  Allí se encuentra todo.  Tengo un blog para mis cursos.  Y si me voy a México a hablar de escritores puertorriqueños contemporáneos, para que se preparen para el banquete les digo que se asomen a la Orilla.  A esta Orilla que les presento hoy.  Allí encontrarán lo que necesitan saber, les dije. 
Los devotos al papel no se ofendan.  No es una claudicación total.  También llevo una pesadísima maleta llena de libros.  Pero cuánto más fácil es la tarea cuando mis dedos, que ya siempre tienen las uñas cortas para poder teclear, pueden premer una tecla para que en México sepan que no hay distancias entre ellos y nosotros.  Esa es mi sospecha.  Todavía tengo que verificar empíricamente esta corazonada.  Pero créanme.  Casi me veo regresar contenta para contarles, “no hay tal” (separación).  Porque el mundo hoy día es uno, por más que nos duela despedirnos de los escombros de la modernidad que quisimos vivir como la utopía para aprender a construir en este otro mar de futuro sin asideros.  Pero lo haremos.  Ser sobrevivientes es asunto de terquedad sobre todo y a lo largo de los siglos hemos demostrado que somos tercos.
En el Recinto de Río Piedras se leyó la semana pasada entero, en 22 horas y media, la novela Cien años de soledad, escrita por el colombiano Gabriel García Márquez.  Comentaba con quienes estuvimos allí para la clausura de ese acto que, increíblemente, se concibe como un acto de rebeldía, que cuando el colombiano pronostica que “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra” se refiere a quienes se encerraron en sí mismos y no quisieron aprender el amor.  Esa novela colombiana es una historia de amor o, más bien, de desamor.  La última pareja de la estirpe Buendía finalmente aprende a amarse, pero ya es muy tarde y no pueden evitar que los vientos huracanados desaparezcan Macondo de la faz de la tierra.  Pero también estamos hechos de otras estirpes que sí han sabido amar y perseverar en contra de la soledad que es la negación al diálogo.  Celebro esta página porque conecta a esta isla, su ciudad letrada, con el resto del mundo.  Porque hay iniciativas como ésta es que voy todos los días a trabajar con angustia, pero también contenta.  A pesar de los vientos que soplan hoy tengo la certeza de que sobreviviremos.   La nave ya no está al garete.  Tenemos bitácoras, cartas de navegación y la terquedad del náufrago.

domingo, 13 de febrero de 2011

Tres chistes y una reflexión sobre la universidad

La reacción de las y los profesores a este asunto que se puede llamar, según lo que estemos mirando y dónde nos paremos para mirar "huelga estudiantil", "protestas", "crisis universitaria", "desmantelamiento universitario" me recuerda un chiste.  Un tipo va caminando por la calle y de momento se encuentra un mojón en el camino.  Se detiene, lo observa, dice:  "Parece mierda".  Luego se acerca y lo huele, a lo que reacciona diciendo: "Fo, huele a mierda."  Finalmente, mete el dedo como quien robara glaceado de un biscocho y lo prueba: "¡Asco, sabe a mierda!", dice.  En ese momento calcula, llega a conclusiones y se levanta muy contento y bailando canta:  "¡Qué bueno que no lo pisé!,  ¡Qué bueno que no lo pisé!, ¡Qué bueno que no lo pisé!

Cundo nos reímos de un chiste, según Freud en "El chiste y su relación con el inconsciente" es porque liberamos tensión psíquica, por lo que llevamos reprimido.  ¿Acá la risa la provoca el sabernos mejor que el individuo, quien se comporta de modo absurdo, pues bastaba circundar el mojón y seguir caminando en lugar de hacer todo lo que es mucho peor que pisarlo, o porque nos reconocemos en él?

Naomi Klein dice en uno de sus libros que quienes se levantaron durante los años sesenta para democratizar la sociedad no perdieron.  Al menos no perdieron en la retórica.  Los opositores no contestaron los argumentos sino que se impusieron por la fuerza.  Ahora nosotros queremos argumentar, "conversar" con el par que no es par sino una autoridad que se impone y no escucha.  Y mientras enunciamos nuestra oposición a la huelga tanto como a la crisis, al desmantelamiento y el autoritarismo que queremos combatir con razones, yo me pregunto si nuestra falta de agencia (horrible palabra que entiendo se traduce mejor como capacidad de diligencia, de gestión) es y ha sido debido a que más que gestores somos pensadores; es nuestro adiestramiento, tenemos las manos sin callos, limpias y finas, sin mugre debajo de las uñas, cobramos buenos salarios, se nos paga por pensar y hablar públicamente sobre los resultados de nuestro cogitar continuo.  El caso es que se nos está prohibiendo pensar y hablar públicamente.  Eso implica que se nos está prohibiendo profesar, ser profesores y el acto de seguir haciéndolo es en sí una resistencia.  Creo en el poder de la palabra que forma mundos.  Creo que esto es verdad; no una metáfora.  Pero, por decirlo con otro chiste, nos veo y me acuerdo de una película de Indiana Jones (ese antropólogo, representante de Occidente que estudia al otro, para entenderlo y robarle sus saberes y sus cuerpos, apropiárselos, o explicarle a Occidente la valía en sí y por sí de esos otros saberes que morirían al primer contacto), en la cual se acerca un enemigo (un otro) que sabe ¿karate?, ¿kung-fu?, ¿aikido?  El caso es que el otro, vestido de negro y encapuchado comienza a enunciar sonidos: "Uuuuuuhhh, uaaaaaaa, ú, á" y a mover las manos y los pies y a saltar su arte de guerra para la defensa (¿ofensa?).  Indiana Jones lo mira, saca una pistola y dispara.  El público ríe.  Cuando nos reímos nos identificamos con Indiana Jones, quien posee la tecnología de la pistola (la pólvora es china pero gracias a Marco Polo nos la apropiamos hace tiempo) y es capaz de deshacerse del enemigo (el otro) con el simple acto de presionar el gatillo.  Me acuerdo de esta escena porque nuestras elaboraciones retóricas se parecen a los sonidos que salen de la boca del "otro" que despliega el dominio de un arte, que no tiene defensa contra la polvora.  

Reconozco eso y creo que si usamos violencia les hacemos el juego, se razgarán las vestiduras para demonizarnos, porque es lo único que hacen para convencer al país de la justeza de sus acciones.  No argumentan.  Lanzan insultos, simplifican los hechos burdamente, demonizan al enemigo como si los eventos en la Universidad siguieran un libreto de Hollywood.  La gente reconoce el libreto maniqueo y reacciona identificándose con Indiana Jones.  Es lo que siempre hacen.  Y eso me recuerda otro chiste.  Un tipo va con su esposa en el carro.  De momento ella encuetra por ahí tirado un panty que no es de ella.  Mantiene la compostura.  Lo levanta con la punta del dedo índice (le da asco lo que sostiene), lo pone en la cara del marido y le pregunta:  "¿Y este panty?"  El hombre reacciona tan rápido que ella no ha tenido tiempo de mover un músculo.  Agarra el panty, lo tira por la ventana del carro y responde:  "¿Qué panty?"  Hemos dicho mil veces que se está procediendo de forma dictatorial, cuantos menos oligarca, que se están violando reglamentos, que no es universitario el hecho de gobernar por decreto, que esas acciones mismas son las que atentan contra la acreditación.  Los gestores reales de la universidad hoy dirán: ¿Qué panty?  Añadirán el insulto:  "Rata terrorista" y seguirán su camino, como quien evita pisar un mojón.

Nosotros, ¿qué haremos?

lunes, 7 de febrero de 2011

Todavía el feudo




La Univrsidad de Puerto Rico es, en los días en que escribo estas líneas, una instituación inquisitorial y macartista, dirigida por un Consejo de Educación Superior totalmente entregado al poder político, autoritario e insensible, provinciano.  La Universidad, sobre todo el recinto de Río Piedras, representó durante los años de relativa prosperidad del capitalismo industrial dependiente una necesaria iniciativa modernizadora.  Sin embargo, nunca ha podido establecer una tradición democratizadora  (14).


Comienzo esta reflexión por preguntarme cuánto dista la caracterización de la Universidad que cito en mi epígrafe, de la que podríamos hacer hoy, en el año 2011, a la luz del actual conflicto huelgario.  El reconocido crítico de la literatura puertorriqueña, Arcadio Díaz Quiñones, para allá para 1982, para abrir una antología de tres ensayos hecha pública por la editorial Huracán sobre el proceso huelgario que apenas acababa de concluir, titulado, “Las vallas rotas”,  reflexionaba sobre ese proceso junto a tres de sus actantes protagónicos, Fernando Picó, Milton Pabón y el líder estudiantil Roberto Alejandro. Los primeros dos nombres corresponden a los profesores que fungieron como mediadores entre el Consejo de Educación Superior, que fue sustituído por la actual Junta de Síndicos, y el Consejo de estudiantes.  El título se desprende, significativamente, de una cita de otro prólogo; en este caso de José Martí, al poema “Niágara” del poeta Venezolano José Antonio Pérez Bonalde.  En ese prólogo ensaya Martí la idea de la modernidad que hombres como él quisieran inventar.  Dice: 

... Otros fueron los tiempos de las vallas alzadas; éste es el tiempo de las vallas rotas.  Ahora los hombres empiezan a andar sin tropiezos por toda la tierra; antes, apenas echaban a andar, daban en muro de solar o en bastión de convento...  Antes...  en una época de callamiento y de repliegue, las ideas habían de convertirse en badajo de campana de iglesia, o en manjar de patíbulo...  Ahora [...] las ideas se maduran en la plaza en que se enseñan, y andando de mano en mano, y de pie en pie... El hablar no es pecado, sino gala; el oír no es herejía, sino gusto y hábito...  (Citado en Las vallas, sin número de página, el original es de 1882).

En el 1982 habían transcurrido 100 años desde el momento en que el intelectual, poeta, periodista y cabildero político, José Martí reflexionaba de forma resuelta sobre la modernidad como el momento en que los hombres “andan sin tropiezos por toda la tierra” sin que “muros de solar o bastión de convento” los detuviera.  El reclamo estudiantil de acceso a la educación como modo de construir la modernidad que necesita de capital humano, social y cultural, además de capital económico, fue interpretado por el sector docente en los años ochenta como un reclamo democratizante y una instancia que derrumbaría vallas sociales, las que separaban todavía los solares, los conventos o conventillos desde donde se toman las decisiones en forma paternalista y autoritaria por todos, hacia una idea de una sociedad participativa y democrática, pero más en específico, de la idea de una universidad participativa y democrática, pues, aunque la universidad se funda con la idea de modernizar, siempre fungió como un lugar al que accedían solamente las clases privilegiadas.  En su reflexión sobre la huelga de los ochenta, Fernando Picó habla de una univerisdad medieval que daba paso a otra que él describió como socialista porque los estudiantes insistieron en participar de los procesos de toma de decisiones.  Más allá de la felicidad o infelicidad de esa descripción, dice que la universidad había sido históricamente:
Una universidad feudal, pues, en el sentido peyorativo de la palabra.  Y una huelga socialista en esa universidad –Roberto Alejandro se sobresalta ante esa contrapartida de la frase, Milton Pabón se sonríe: los co-autores prefieren el análisis riguroso a las marchas forzadas de la imaginación.  Ciertamente la huelga no fue monocolor, ni todos lo que hoy día rechazamos el modelo “feudal” de univerisdad compartimos una visión idéntica de la comunidad de estudiosos que hay que promover.  Pero había algo entonces en el ambiente de la huelga que evocaba otro orden de cosas –modelos colectivos de toma de decisiones, ecos de luchas laborales, concepciones sobre oportunidades educativas, sobre desigualdades económicas, sobre obligaciones morales.  Y eso merece reflexión.  (31)
Cien años más tarde parece que la sociedad apenas ha cambiado, luego de la lectura de estos análisis pienso que si, como sabemos, la Universidad la fundaron los estadounidenses en 1903, luego de que las mentes más liberales del país se cansaran de pedirle a la corona española por, al menos cincuenta años, mayores y mejores facilidades educativas para acceder a la modernidad que podían imaginarse existía en algún lugar fuera de esta colonia que no pasaba de ser todavía en el S. XIX “falta de bastimentos y dinero”, llena de gente “en cueros”; poca, menos que en la “cárcel de Sevilla”, esa posibilidad no llegó hasta que los estadounidenses la concretizaron con la fundación del Recinto de Río Piedras y, aún después de fundada el país no se modernizó en el sentido liberal participativo que entendían quienes pensaban que bastaba que circularan conocimientos para que el país progresara y se acabara el se hace porque yo lo mando[1].  Todavía vivimos la universidad feudal (el país feudal) donde todo se decide desde arriba con la esperanza de que la gente se quede callada y acate.  Reflexiona sobre esto Picó al decir que “las consecuencias más funestas de esa idea jerárquica y autoritaria de la unviersidad no se dieron, pero en ningún momento podemos olvidarnos de que estuvimos entonces demasiado cerca de unas desgracias que todos hubiéramos tenido que lamentar.  Hay esquemas de poder que llevan a acciones represivas, a tropellos inquisitoriales, a la irracionalidad de las balas” (31).  Cito en extenso porque ahí está el meollo de lo que me preocupa.  Primero, la impresión de que el tiempo está detenido porque los hechos se repiten casi de forma igual.  Es distinto que los estudiantes alzados luchan hoy más solos que antes, con menos apoyo del sector docente.  Leo las palabras que se publicaron para analizar la huelga del 81 y no veo por qué el análisis hoy no se pueda conducir con un vocabulario parecido.  Parece que pérdida de las utopías nos dejó sin energías para resistir a los señores feudales, sin vocabulario para apalabrar lo que sucede.  Es cierto que durante los ochenta los estudiantes se alzaron por miles y hoy son apenas cientos, pero eso me conduce a mí a pensar, como docente, que tal vez no les estamos enseñando bien a los estudiantes que no son tales si no se rebelan, si sólo que quieren dejarse mandar para concluir el trámite de adquirir un dipoma para solventarse una vida, y a Dios que reparta suerte.  La universidad es el lugar de imaginarnos otro país y de construirlo.  Debe seguir siéndolo.  Estamos demasiado faltos de democracia y demasiado acostumbrados a ello.  Yo reclamaré que se consulte a los docentes y a los estudiantes en los procesos de toma de decisión por conducto de canales verdaderamente participativos y no por medio del simulacro de los comités de los 7 que se constutuirán por dedocracia, ni por proclamas ni edictos ni garrotazos.  La discusión es el fundamento que define lo que es una universidad.  Al poder de hablar y construir hechos con esas palabras no renuncio.


[1] Dice Fray Damián López de Haro en 1644, para describir la colonia  a la que acaba de llegar:  “De melones que tanto los habían alabado, no he visto más de tres en todo este verano, y estos han sido colorados y no como los buenos de allá, aun no he visto uvas, granadas me han presentado hoy dulces medianas, pero nada se vende en la plaza de todo esto, el trigo se ha sembrado y ha provado bien en algunas partes de tierra, pero lo que se coje de ello y otras semillas que traen de España cuando los vuelven a sembrar se desvanecen y quedan en berzas, y algunas semillas de la primera vez, también hay algún trato aunque pequeño de cueros como en Santo Domingo; y en conclusión lo mejor que tiene esta ciudad son las brisas y el ayre con que todos quedamos con salud a Dios gracias, por donde un hombre a quien pidió una Señora de Santo Domingo que le diese noticias verdaderas de lo que era esta ciudad le respondió en este soneto.

“Esta es Señora una pequeña islilla
falta de bastimentos y dineros,
andan los negros como en ésa en cueros
y hay más gente en la cárcel de Sevilla,
aquí están los blasones de Castilla
en pocas casas, muchos caballeros
Todos tratantes en xenxibre y cueros
los Mendoza, Gusmanes y el Padilla.
Ay agua en los algibes si ha llobido,
Iglesia catedral, clérigos pocos,
hermosas damas faltas de donaire,
la ambición y la embidia aquí an nacido,
mucho calor y sombra de los cocos,
y es lo mejor de todo un poco de ayre.”

lunes, 24 de enero de 2011

El lugar de las palabras


Nuestro mundo está organizado por palabras.  Todos tenemos una historia, la historia sobre nosotros mismos que nos contamos y que organiza nuestro mundo y nuestras acciones diarias.  Esa historia dialoga íntimamente con la historia que la comunidad inmediata le cuenta a sus individuos desde que nacen.  Esto es, las historias que la familia cuenta, que se relacionan con las que cuenta el país a través de sus instituciones y aparatos reproductores de discurso; la escuela, los periódicos, la radio, la televisión, el cine y también los viejos y sus cuentos, los adultos y sus palabras, junto con sus acciones.  En fin.  Estamos hechos de agua, células, dna, desde un punto de vista científico y estamos hechos de palabras desde el punto de vista cultural. Quien estudia letras estudia cuáles son las consecuencias de la palabra escrita en las sociedades y en los individuos.  El estudiante de letras, la literatura, la historia, el arte, aprende a pensar críticamente, a soñar otros mundos posibles y a comunicar lo que piensa de distintos modos: a través de un buen ensayo o artículo periodístico, o a través de un cuento, una novela, un poema, una pintura, una composición musical, las acciones que organizan una pieza teatral o un performance.  También debo decir lo siguiente porque es lo que importa a los ciegos que guían el mundo de hoy:  la habilidad, la destreza en el manejo de los símbolos, por la palabra (un poema), la vista (una pintura), el oído (una composición musical), también es lucrativa.  Sobre todo cuando hace veinte años más o menos el mundo está cambiando los modos en que se piensa a sí mismo (me refiero al fin de la guerra fría, a la sociedad informática, a la revisión de las premisas de la modernidad, sus ideas de progreso, de lo universal, la idea del hombre como el centro del Universo y hasta las nociones de lo que es una familia, que están en cuestionamiento constante).

Para entender como la palabra organiza nuestro quehacer diario basta pensar que un científico tiene que comunicar el resultado de sus investigaciones por medio de la palabra, un abogado gana o pierde casos mediante el uso de la palabra, un médico es efectivo en la medida es que puede interpretar lo que el paciente le comunica sobre sus males, sabe entender esas palabras y además comunicar sus teorías y sus propuestas de tratamiento de modo eficiente, en diálogo con su paciente, mediante la palabra, los periodistas trabajan con palabras e imágenes.  Para entender cómo la palabra es rentable basta un ejemplo:

Estudié en la Universidad de Stanford, en California, durante los años noventa.  Allí, por esas fechas, se dio la revolución de las “dot com” que comienza con el correo electrónico, la invención del internet, yahoo, se experimenta con programas de reconocimiento de voz; en fin, las consecuencias de lo que describo las vivimos en el día a día de hoy.  En esa Universidad está el Center for Computer Research in Music and Acoustics (CCRMA), donde John Cowning inventó el sintetizador de sonidos que posibilita los teclados electrónicos, por ejemplo.  Esa patente es la que más dinero deja a la Universdad de Stanford, después de la pastilla anticonceptiva, que también la tienen ellos.  En ese contexto revolucionario para el mundo, las compañías Mc Intosch, Canon, Yahoo, contrataban doctores en composición musical (humanistas) e incluso estudiantes graduados de ese centro, porque sabían programar pero también sabían pensar.  Estas compañías reconocían que más allá del pensamiento encajonado de un ingeniero en computación, los humanistas sabían pensar fuera de la caja y esa destreza era precisamente lo que necesitaban para poder inventarse el futuro (y lucrarse de sus inventos).  Los humanistas enseñamos a nuestros estudiantes a pensar y el país debe entender que sin pensamiento crítico y creativo no podemos construir el Puerto Rico del futuro, estar a la vanguardia, ser competentes, excelentes.  Estamos en un momento histórico en el que necesitamos de las palabras y su dominio más que nunca, porque estamos construyendo el futuro sin darnos cuenta.  La Universidad no puede existir sin un espacio para reflexionar sobre los usos de la palabra de forma práctica o artística, que es el modo más complejo en que ella se usa, ni sin un especio para adistrarse en el manejo de la palabra.  Su contribución a la sociedad tal vez no es medible, pero es palpable.  


Por otra parte, creo que es de igual importancia que quienes tenemos la responsabilidad de estudiar los usos de la palabra y enseñar la historia y las luchas de poder en torno a ella, estamos obligados a entender el mundo actual y cómo han cambiado las redes de poder que la afectan (el mercado del libro hoy es otro, por ejemplo, el internet tiene mucho que ver con eso) y reconocer que las formas de procesar ideas, pensamiento, también cambian con la mayor disponibilidad de información, el amplio procesamiento de información a través de imágenes, un uso distinto del orden y el ritmo (las estructuras no lineales y fragmentarias no son difíciles de entender por las nuevas generaciones).  Nuestra responsabilidad es ponernos al día para poder hablarle al mundo del futuro; inventárnoslo.  Así construiremos la libertad del futuro, porque lo que no cambia es que trabajamos para construir la libertad.


La autora, además de ser Catedrática Asociada en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, creó en colaboración con Rosa Luisa Márquez y Mayra Santos Febres el Programa de Escritura Creativa para el Programa en Estudios Interdisciplinarios de la Facultad de Humanidades de ese Recinto y, además, es Productora y Co-anfitriona con Santos Febres de el programa radial titulado En su tinta, donde los miércoles a las 4:00 pm hablan por Radio Universidad de Puerto Rico (89.7 fm)  de literatura y cultura actual.

miércoles, 12 de enero de 2011

dominó

Esta anécdota no me deja dormir hoy.  La tengo que contar.  Me sucedió hace algunos años.  Aunque estoy por hablar de Nicaragua no quiero hablar de Nicaragua.  Quiero hablar de Puerto Rico, de la huelga estudiantil, digamos.

Tengo una buena amiga, quien además de ser buena amiga también es nicaragüense.  Mi amiga tiene un café.  Allí tomo café a menudo y hablamos de cualquier cosa un rato, nos reímos, hacemos cuentos, citamos filósofos, contamos chismes.  Ella me cuenta que fue sandinista, lo cual quiere decir que en algún momento de su vida anduvo vestida con una fatiga militar caminando por alguna maleza.  Trato de imaginármela así.  Tiene una hija, producto de una relación que tuvo con algún barbudo que la acompañó en aquella faena de hace tanto tiempo.  Entra al café un señor más bien bajito, también nicaragüense.  Intercambia algunas palabras con mi amiga.  Se va.  Ella me explica que él acaba de abrir un negocio al cruzar la calle.  Allí sirve sopas, buenísimas sopas.  Aunque ambos negocios se hacen la competencia, son amigos y se apoyan mutuamente.  Luego sonríe y suelta la bomba.  Fue contra.  Yo la miro con la boca abierta y no lo puedo creer.  Ella ahora se ríe abiertamente.  Sí.  Si nos hubiéramos encontrado de frente hace veinte años uno de los dos estaría muerto; literalmente.  Ahora cada uno tiene un café, uno frente al otro, en la misma calle de Río Piedras, en esta isla del Caribe.

Pasan algunas semanas.  Estoy conduciendo al trabajo.  Veo a mi amiga jugando dominó con su compatriota, ex enemigo político, hoy competencia en los negocios y colaborador suyo.  Son las siente treinta de la mañana.  Han pasado la noche entera jugando y bebiendo cerveza.  La veo más tarde en el negocio, le pregunto.  No es que colaboren.  ¡Es que son amigos!  Sí...  Dice ella con naturalidad.  ¿Cómo pueden jugar?  ¿No hablan de política? Discutimos, hablamos, revisamos, o hablamos de otra cosa también.

Después de la guerra, la gente juega dominó en la misma mesa, del mismo equipo, y habla resuelve lo que puede resolver con el toma y dame que se hace de palabras.  Mi pregunta es.  ¿No podemos brincarnos la guerra y llegar al dominó directamente?

domingo, 12 de diciembre de 2010

Mariposa gris


Tengo una mariposa gris
en la boca.
Pero no.

Abro la boca y sale
Siempre nueva
de alas recién hechas
amarilla y coral;
malva.

Sale de esta boca que llamo mia
Tan también mia
Como es
esta vibración de esta garganta.

Abro la boca y digo
Que no.
Que no es al viento a quien
Le pido que me mire
Y se mire
Y vea el lugar donde dos
Pueden seguir siendo dos
Sin restar.
Sin botas ni juegos
A esconder la mano
Porque estoy aquí hablando
Para luego callarme y mirar
Las ondas que viajan en el aire
Vuelan y se posan en un rincón
En un hueco donde se calientan.
Y etonces tú también hablas
Y veo esa otra onda que danza y
Hace cosquillas
Y me río.
Ambos reímos.
Así.

domingo, 5 de diciembre de 2010

De sexo, antropofagia y las sombras del dolor

Una mujer regordeta, vestida de forma más que conservadora, de tonos rosados, obsesiva compulsiva, de cara siempre sonriente y tono de voz siempre dulce, goza.  Su goce es aparente cuando tortura al otro, a Harry por ejemplo.  Lo hace escribir sobre su propia piel que no debe decir mentiras, cuando lo que ha dicho es una verdad que ella no quiere (no puede) escuchar porque se derrumbaría el Orden del Padre que le proporciona la seguridad que necesita.  Me refiero a Dolores Umbridge, personaje importante de las tres últimas películas de Harry Potter (también leí los libros, pero el personaje adquiere carne en la pantalla, más que en mi imaginación que no entiende ese goce, pero a eso vamos).

Otra mujer regordeta, vestida en ropa de trabajo, pero provocativa, digo que es de un anaranjado subido, estridente, por dar más señas, habla con otra mujer que duerme.  Le cuenta que a pesar de militar en el partido conservador, entiende que en lo que Franco no la pegaba era en eso del sexo.  La represión del sexo no tiene ningún sentido, según ella.  Está harta del colágeno, las liposucciones, del partido, de todo, menos del sexo.  Esa mujer según mi parecer es un "monstruo".  Es un ser hecho de partes de entes pertenecientes a distintas especies.  Ella come flanes, huele cocaína, y hace anécdotas a partir de las que explica que a los 3 años lamentaba que no hubiera habido un pedófilo en su familia. (El video está abajo de este comentario).

En su Filosofía del tocador Sade se propone revolcar la sociedad burguesa en su escencia, no corrompiendo a la virgen joven, sino habiéndola convertido en diabla (vampiresa) cuando la muestra en la última escena dirigiendo, cual conductor de orquesta, un acto de violación a su propia madre.

Los discursos conservadores siempre quieren controlar el sexo, tal vez porque intuyen que el orden social depende de ese control y no otro.  Eso investigó Foucault en su Historia de la sexualidad.  El libro tiene 3 volúmenes y a mí me parece que nunca llega a decir lo que quería, aunque dice que en la modernidad es el momento histórico cuando más se habla de sexo.  La sociedad tiene mucho interés en controlarlo, precisamente en el momento en que se proclama que "todos los hombres (blancos y burgueses) son creados iguales", pues la burguesía (el capital) quería controlar la sociedad y desplacar la nobleza y otros privilegios de castas.  El control de las jerarquías, del trabajo, de los clanes, entonces, si todos son "iguales", entra en crisis si no se controla el sexo.

Como Sade, los liberales plantean libertades para los individuos, aunque le pese a la madre; a la madre y no al padre, porque es ella quien reproduce el orden social mientras que el padre se desentiende porque él ES la ley.  He ahí el goce rescatado como uno de los espacios de libertad en oposición al orden burgués (aunque no es fácil decir por qué).  Umbridge es esa madre que vela por la ley, que necesita el control y lo reivindica porque ese orden le otorga privilegios y los previlegios, sépanlo quienes los gozan; se viven con goce.  Ese goce reside, entonces, en la circunstancia de tener poder y poder ejercerlo.

A Veredora Antropófaga (La Concejala Antropófaga)

domingo, 14 de noviembre de 2010

hubieran dado la vida

Vivimos en tiempos cínicos y hoy nadie da la vida por nada.  No pontifico pues no me saco de entre los individuos que contiene el nadie que escribo en la oración anterior (y sé que cuando uno se esfuerza siempre encuentra excepciones a frases tan contundentes).  Sólo quiero reflexionar sobre cómo cambia la gente, su modo de pensar, de actuar, de organizarse en los "tiempos cínicos".

Necesitamos creer en algo pero es muy difícil ponernos de acuerdo sobre cuál será la superestructura que nos organizará.  De eso tratan libros y películas para los niños de la próxima generación.  Mientras nosotros nos entreteníamos con la idea de una guerra universal de un grupo de aliados contra el "mal" (Star Wars), los niños de hoy ven y leen "Harry Potter" (contra quienes defienden la raza pura de magos y sus privilegios) o "The Golden Compass" (contra quien esté en contra de la idea de que las personas pueden tener criterio propio y no ser organizadas por una minoría que maneja de forma paternalista las nociones de bien y mal: "es por nuestro bien que nos atropellan", porque le tienen miedo al mal que resultaría de nuestra libertad).  El caso es que se nos olvidaron las propuestas libertarias que implicaban las ideas ilustradas.

Voltaire dijo, y luego lo repitieron varios que hoy considermos héroes, mientras estaban debatiendo en sus distintos países para la construcción de los gobiernos constitucionales modernos:  "No estoy de acuerdo con eso que usted está diciendo, pero daría mi vida por defender su derecho a decirlo".  Ayer uno de mis hermanos, tan conservadores ellos, me explicó la medida de los nueve jueces:  "Ahora mandamos nosotros.  Se puede caer un avión con 3 jueces del supremo y todavía tenemos mayoría.  Mandaremos por los próximos 60 años".  Sin comentar el procedimiento para aprobar esa ley, u observar el costo al país en momentos de crisis, que no viene al caso, porque para él lo importante es que la gobernanza se logra a partir de una guerra y hoy esa guerra la estamos ganando nosotros (ellos).  No son democráticos, es lo que está de fondo.  Y ese es el estado de cosas, entonces no importa el detalle de las componendas.

Quienes todavía piensan en la democracia (a la que tanto se aludió cuando era para criticar a Cuba o la Unión Soviética, que ya hoy nadie ve como enemigos) y se espantan de los gobiernos de mollero que sufrimos hoy día, escribien y escriben.  Abajo copio tres citas del periódico que se publicó hoy domingo:



Rafael Lama escribió:

"Mientras el País se nos cae en cantos, económicamente y socialmente hablando,  abre una tienda que tiene exactamente lo mismo  que otras cadenas ya establecidas y boom... se paraliza el tráfico.

Me hace cuestionar nuestras prioridades como pueblo. Tal vez si pusiéramos el mismo empeño y la misma obsesión en resolver los problemas socioeconómicos de Puerto Rico, la cosa cambiaría radicalmente.

Es hora de tomar esa obsesión y redirigirla. Canalizar esa energía en buscar soluciones para enderezar nuestro destino económico."

Mayra Montero reflexiona desde la contundencia, como siempre:

"Que en el País no hay oposición, es algo que se sabe. Pero que ni siquiera haya un ápice de rebeldía, un tímido destello de amor propio para plantarle cara a los absurdos del Gobierno, es algo que resulta imperdonable. Uno no quisiera mirar hacia el Capitolio, ni hablar más de esos temas. Pero lo de la prueba de dopaje del pasado lunes, esa pantomima que ni resuelve nada ni demuestra nada, ha sido de los espectáculos más cínicos que han organizado en los últimos tiempos."

y Edgardo Rodríguez Juliá tira la toalla:

Mientras Fortuño destapa ollas en las cocinas de los comedores escolares, en uno de esos gestos populistas que convierten el oficio del político en una sarta de necios clisés, mientras la Legislatura celebra la marcha del “buen trato” para cuatro días después estallar en gritos y pataletas entre populares y penepés, el país desaparece. Sí, como lo oyen, esta vez sí que se trata de la desaparición definitiva de Puerto Rico como país.



Me preguntaba cómo un gobierno que se impone a la fuerza es indiferente cuando la prensa publica estos lamentos a diario.  ¿No incluye ese tipo de programa la censura a los periódicos?  Luego pensé, no importa lo que publiquen, porque "el poder lo tienen ellos"  y me parece que están convencidos de que lo seguirán teniendo.  ¿Cambiarán la constitución para ello?

martes, 5 de octubre de 2010

El mundo boca arriba y el fuego (reflexión bolero)

Los indios entendían, en el proceso de conquista y colonización de las Américas, que el mundo se había puesto boca arriba.  Esa metáfora indicaba que se había acabado un mundo, su mundo, todo al revés ahora.   Ahora sólo llanto, esclavitud, enfermedades, falta de orden, orientación, consuelo.  Y la llorona busca a sus hijos por ahí, todavía.

Menos mal que las estrellas no se mueven y por algún tiempo la tierra seguirá dando vueltas alrrededor del sol.  Entonces no me preocupo que luego de un suspiro se respira otra vez aunque ahora, el saber no será más un modo de pensar a los humanos más humanos y más humildes.  No hace falta saber, dicen ellos.  Saber sobra.  Saber molesta.  Falta que trabajen quienes pueden y que se mueran de hambre quienes no encuentran (such is life), no una fábrica, sino un lugar donde poner un timbiriche para ofrecer algún servicio (¿está todo prohibido o se puede, el timbiriche, digo, cuánto cuestan los permisos, hay incentivos para comenzar? ¿Se zafará algún tiro o un macanaso como si estuvieran expulsando mercaderes?). 

Ya lo vio Manuel Vázquez Montalbán, digo.  Vio que no hacemos falta y se inventó hace años un detective que era un ex-literato, un ex-comunista y un gourmand, porque lo que nos queda es comer bien.  Mientras podamos.  Comer, coger.  ¿Eso nos dejan? Si al Quijote le quemaron su biblioteca,  Pepe Carvalho quemaba él mismo, voluntariamente, cuando llegaban los fríos de otoño, sus libros para encender la chimenea.  Al carajo la nostalgia decía ese personaje que odiaba la nostalgia.  Pero los libros lo calentaban, aunque fuera por última vez.  Aunque fuera una combustión física la que lograba el efecto térmico.  Pero es que la otra combustión se queda en la memoria de quien leyó algún día algo, digo yo.

Será a ese fuego al que le temen, será.  Eso digo, pienso.  Será eso.  Pero y será...  ¿será que nos dejaremos volver cenizas, como un amor de antaño?