Una mujer regordeta, vestida de forma más que conservadora, de tonos rosados, obsesiva compulsiva, de cara siempre sonriente y tono de voz siempre dulce, goza. Su goce es aparente cuando tortura al otro, a Harry por ejemplo. Lo hace escribir sobre su propia piel que no debe decir mentiras, cuando lo que ha dicho es una verdad que ella no quiere (no puede) escuchar porque se derrumbaría el Orden del Padre que le proporciona la seguridad que necesita. Me refiero a Dolores Umbridge, personaje importante de las tres últimas películas de Harry Potter (también leí los libros, pero el personaje adquiere carne en la pantalla, más que en mi imaginación que no entiende ese goce, pero a eso vamos).
Otra mujer regordeta, vestida en ropa de trabajo, pero provocativa, digo que es de un anaranjado subido, estridente, por dar más señas, habla con otra mujer que duerme. Le cuenta que a pesar de militar en el partido conservador, entiende que en lo que Franco no la pegaba era en eso del sexo. La represión del sexo no tiene ningún sentido, según ella. Está harta del colágeno, las liposucciones, del partido, de todo, menos del sexo. Esa mujer según mi parecer es un "monstruo". Es un ser hecho de partes de entes pertenecientes a distintas especies. Ella come flanes, huele cocaína, y hace anécdotas a partir de las que explica que a los 3 años lamentaba que no hubiera habido un pedófilo en su familia. (El video está abajo de este comentario).
En su Filosofía del tocador Sade se propone revolcar la sociedad burguesa en su escencia, no corrompiendo a la virgen joven, sino habiéndola convertido en diabla (vampiresa) cuando la muestra en la última escena dirigiendo, cual conductor de orquesta, un acto de violación a su propia madre.
Los discursos conservadores siempre quieren controlar el sexo, tal vez porque intuyen que el orden social depende de ese control y no otro. Eso investigó Foucault en su Historia de la sexualidad. El libro tiene 3 volúmenes y a mí me parece que nunca llega a decir lo que quería, aunque dice que en la modernidad es el momento histórico cuando más se habla de sexo. La sociedad tiene mucho interés en controlarlo, precisamente en el momento en que se proclama que "todos los hombres (blancos y burgueses) son creados iguales", pues la burguesía (el capital) quería controlar la sociedad y desplacar la nobleza y otros privilegios de castas. El control de las jerarquías, del trabajo, de los clanes, entonces, si todos son "iguales", entra en crisis si no se controla el sexo.
Como Sade, los liberales plantean libertades para los individuos, aunque le pese a la madre; a la madre y no al padre, porque es ella quien reproduce el orden social mientras que el padre se desentiende porque él ES la ley. He ahí el goce rescatado como uno de los espacios de libertad en oposición al orden burgués (aunque no es fácil decir por qué). Umbridge es esa madre que vela por la ley, que necesita el control y lo reivindica porque ese orden le otorga privilegios y los previlegios, sépanlo quienes los gozan; se viven con goce. Ese goce reside, entonces, en la circunstancia de tener poder y poder ejercerlo.
Blog de Melanie Pérez Ortiz. Pensaré en letra lumínica sobre literatura y cultura. Desde Puerto Rico.
domingo, 5 de diciembre de 2010
domingo, 14 de noviembre de 2010
hubieran dado la vida
Vivimos en tiempos cínicos y hoy nadie da la vida por nada. No pontifico pues no me saco de entre los individuos que contiene el nadie que escribo en la oración anterior (y sé que cuando uno se esfuerza siempre encuentra excepciones a frases tan contundentes). Sólo quiero reflexionar sobre cómo cambia la gente, su modo de pensar, de actuar, de organizarse en los "tiempos cínicos".
Necesitamos creer en algo pero es muy difícil ponernos de acuerdo sobre cuál será la superestructura que nos organizará. De eso tratan libros y películas para los niños de la próxima generación. Mientras nosotros nos entreteníamos con la idea de una guerra universal de un grupo de aliados contra el "mal" (Star Wars), los niños de hoy ven y leen "Harry Potter" (contra quienes defienden la raza pura de magos y sus privilegios) o "The Golden Compass" (contra quien esté en contra de la idea de que las personas pueden tener criterio propio y no ser organizadas por una minoría que maneja de forma paternalista las nociones de bien y mal: "es por nuestro bien que nos atropellan", porque le tienen miedo al mal que resultaría de nuestra libertad). El caso es que se nos olvidaron las propuestas libertarias que implicaban las ideas ilustradas.
Voltaire dijo, y luego lo repitieron varios que hoy considermos héroes, mientras estaban debatiendo en sus distintos países para la construcción de los gobiernos constitucionales modernos: "No estoy de acuerdo con eso que usted está diciendo, pero daría mi vida por defender su derecho a decirlo". Ayer uno de mis hermanos, tan conservadores ellos, me explicó la medida de los nueve jueces: "Ahora mandamos nosotros. Se puede caer un avión con 3 jueces del supremo y todavía tenemos mayoría. Mandaremos por los próximos 60 años". Sin comentar el procedimiento para aprobar esa ley, u observar el costo al país en momentos de crisis, que no viene al caso, porque para él lo importante es que la gobernanza se logra a partir de una guerra y hoy esa guerra la estamos ganando nosotros (ellos). No son democráticos, es lo que está de fondo. Y ese es el estado de cosas, entonces no importa el detalle de las componendas.
Quienes todavía piensan en la democracia (a la que tanto se aludió cuando era para criticar a Cuba o la Unión Soviética, que ya hoy nadie ve como enemigos) y se espantan de los gobiernos de mollero que sufrimos hoy día, escribien y escriben. Abajo copio tres citas del periódico que se publicó hoy domingo:
Rafael Lama escribió:
"Mientras el País se nos cae en cantos, económicamente y socialmente hablando, abre una tienda que tiene exactamente lo mismo que otras cadenas ya establecidas y boom... se paraliza el tráfico.
Me hace cuestionar nuestras prioridades como pueblo. Tal vez si pusiéramos el mismo empeño y la misma obsesión en resolver los problemas socioeconómicos de Puerto Rico, la cosa cambiaría radicalmente.
Es hora de tomar esa obsesión y redirigirla. Canalizar esa energía en buscar soluciones para enderezar nuestro destino económico."
Mayra Montero reflexiona desde la contundencia, como siempre:
"Que en el País no hay oposición, es algo que se sabe. Pero que ni siquiera haya un ápice de rebeldía, un tímido destello de amor propio para plantarle cara a los absurdos del Gobierno, es algo que resulta imperdonable. Uno no quisiera mirar hacia el Capitolio, ni hablar más de esos temas. Pero lo de la prueba de dopaje del pasado lunes, esa pantomima que ni resuelve nada ni demuestra nada, ha sido de los espectáculos más cínicos que han organizado en los últimos tiempos."
y Edgardo Rodríguez Juliá tira la toalla:
Mientras Fortuño destapa ollas en las cocinas de los comedores escolares, en uno de esos gestos populistas que convierten el oficio del político en una sarta de necios clisés, mientras la Legislatura celebra la marcha del “buen trato” para cuatro días después estallar en gritos y pataletas entre populares y penepés, el país desaparece. Sí, como lo oyen, esta vez sí que se trata de la desaparición definitiva de Puerto Rico como país.
Me preguntaba cómo un gobierno que se impone a la fuerza es indiferente cuando la prensa publica estos lamentos a diario. ¿No incluye ese tipo de programa la censura a los periódicos? Luego pensé, no importa lo que publiquen, porque "el poder lo tienen ellos" y me parece que están convencidos de que lo seguirán teniendo. ¿Cambiarán la constitución para ello?
Necesitamos creer en algo pero es muy difícil ponernos de acuerdo sobre cuál será la superestructura que nos organizará. De eso tratan libros y películas para los niños de la próxima generación. Mientras nosotros nos entreteníamos con la idea de una guerra universal de un grupo de aliados contra el "mal" (Star Wars), los niños de hoy ven y leen "Harry Potter" (contra quienes defienden la raza pura de magos y sus privilegios) o "The Golden Compass" (contra quien esté en contra de la idea de que las personas pueden tener criterio propio y no ser organizadas por una minoría que maneja de forma paternalista las nociones de bien y mal: "es por nuestro bien que nos atropellan", porque le tienen miedo al mal que resultaría de nuestra libertad). El caso es que se nos olvidaron las propuestas libertarias que implicaban las ideas ilustradas.
Voltaire dijo, y luego lo repitieron varios que hoy considermos héroes, mientras estaban debatiendo en sus distintos países para la construcción de los gobiernos constitucionales modernos: "No estoy de acuerdo con eso que usted está diciendo, pero daría mi vida por defender su derecho a decirlo". Ayer uno de mis hermanos, tan conservadores ellos, me explicó la medida de los nueve jueces: "Ahora mandamos nosotros. Se puede caer un avión con 3 jueces del supremo y todavía tenemos mayoría. Mandaremos por los próximos 60 años". Sin comentar el procedimiento para aprobar esa ley, u observar el costo al país en momentos de crisis, que no viene al caso, porque para él lo importante es que la gobernanza se logra a partir de una guerra y hoy esa guerra la estamos ganando nosotros (ellos). No son democráticos, es lo que está de fondo. Y ese es el estado de cosas, entonces no importa el detalle de las componendas.
Quienes todavía piensan en la democracia (a la que tanto se aludió cuando era para criticar a Cuba o la Unión Soviética, que ya hoy nadie ve como enemigos) y se espantan de los gobiernos de mollero que sufrimos hoy día, escribien y escriben. Abajo copio tres citas del periódico que se publicó hoy domingo:
Rafael Lama escribió:
"Mientras el País se nos cae en cantos, económicamente y socialmente hablando, abre una tienda que tiene exactamente lo mismo que otras cadenas ya establecidas y boom... se paraliza el tráfico.
Me hace cuestionar nuestras prioridades como pueblo. Tal vez si pusiéramos el mismo empeño y la misma obsesión en resolver los problemas socioeconómicos de Puerto Rico, la cosa cambiaría radicalmente.
Es hora de tomar esa obsesión y redirigirla. Canalizar esa energía en buscar soluciones para enderezar nuestro destino económico."
Mayra Montero reflexiona desde la contundencia, como siempre:
"Que en el País no hay oposición, es algo que se sabe. Pero que ni siquiera haya un ápice de rebeldía, un tímido destello de amor propio para plantarle cara a los absurdos del Gobierno, es algo que resulta imperdonable. Uno no quisiera mirar hacia el Capitolio, ni hablar más de esos temas. Pero lo de la prueba de dopaje del pasado lunes, esa pantomima que ni resuelve nada ni demuestra nada, ha sido de los espectáculos más cínicos que han organizado en los últimos tiempos."
y Edgardo Rodríguez Juliá tira la toalla:
Mientras Fortuño destapa ollas en las cocinas de los comedores escolares, en uno de esos gestos populistas que convierten el oficio del político en una sarta de necios clisés, mientras la Legislatura celebra la marcha del “buen trato” para cuatro días después estallar en gritos y pataletas entre populares y penepés, el país desaparece. Sí, como lo oyen, esta vez sí que se trata de la desaparición definitiva de Puerto Rico como país.
Me preguntaba cómo un gobierno que se impone a la fuerza es indiferente cuando la prensa publica estos lamentos a diario. ¿No incluye ese tipo de programa la censura a los periódicos? Luego pensé, no importa lo que publiquen, porque "el poder lo tienen ellos" y me parece que están convencidos de que lo seguirán teniendo. ¿Cambiarán la constitución para ello?
martes, 5 de octubre de 2010
El mundo boca arriba y el fuego (reflexión bolero)
Los indios entendían, en el proceso de conquista y colonización de las Américas, que el mundo se había puesto boca arriba. Esa metáfora indicaba que se había acabado un mundo, su mundo, todo al revés ahora. Ahora sólo llanto, esclavitud, enfermedades, falta de orden, orientación, consuelo. Y la llorona busca a sus hijos por ahí, todavía.
Menos mal que las estrellas no se mueven y por algún tiempo la tierra seguirá dando vueltas alrrededor del sol. Entonces no me preocupo que luego de un suspiro se respira otra vez aunque ahora, el saber no será más un modo de pensar a los humanos más humanos y más humildes. No hace falta saber, dicen ellos. Saber sobra. Saber molesta. Falta que trabajen quienes pueden y que se mueran de hambre quienes no encuentran (such is life), no una fábrica, sino un lugar donde poner un timbiriche para ofrecer algún servicio (¿está todo prohibido o se puede, el timbiriche, digo, cuánto cuestan los permisos, hay incentivos para comenzar? ¿Se zafará algún tiro o un macanaso como si estuvieran expulsando mercaderes?).
Ya lo vio Manuel Vázquez Montalbán, digo. Vio que no hacemos falta y se inventó hace años un detective que era un ex-literato, un ex-comunista y un gourmand, porque lo que nos queda es comer bien. Mientras podamos. Comer, coger. ¿Eso nos dejan? Si al Quijote le quemaron su biblioteca, Pepe Carvalho quemaba él mismo, voluntariamente, cuando llegaban los fríos de otoño, sus libros para encender la chimenea. Al carajo la nostalgia decía ese personaje que odiaba la nostalgia. Pero los libros lo calentaban, aunque fuera por última vez. Aunque fuera una combustión física la que lograba el efecto térmico. Pero es que la otra combustión se queda en la memoria de quien leyó algún día algo, digo yo.
Será a ese fuego al que le temen, será. Eso digo, pienso. Será eso. Pero y será... ¿será que nos dejaremos volver cenizas, como un amor de antaño?
Menos mal que las estrellas no se mueven y por algún tiempo la tierra seguirá dando vueltas alrrededor del sol. Entonces no me preocupo que luego de un suspiro se respira otra vez aunque ahora, el saber no será más un modo de pensar a los humanos más humanos y más humildes. No hace falta saber, dicen ellos. Saber sobra. Saber molesta. Falta que trabajen quienes pueden y que se mueran de hambre quienes no encuentran (such is life), no una fábrica, sino un lugar donde poner un timbiriche para ofrecer algún servicio (¿está todo prohibido o se puede, el timbiriche, digo, cuánto cuestan los permisos, hay incentivos para comenzar? ¿Se zafará algún tiro o un macanaso como si estuvieran expulsando mercaderes?).
Ya lo vio Manuel Vázquez Montalbán, digo. Vio que no hacemos falta y se inventó hace años un detective que era un ex-literato, un ex-comunista y un gourmand, porque lo que nos queda es comer bien. Mientras podamos. Comer, coger. ¿Eso nos dejan? Si al Quijote le quemaron su biblioteca, Pepe Carvalho quemaba él mismo, voluntariamente, cuando llegaban los fríos de otoño, sus libros para encender la chimenea. Al carajo la nostalgia decía ese personaje que odiaba la nostalgia. Pero los libros lo calentaban, aunque fuera por última vez. Aunque fuera una combustión física la que lograba el efecto térmico. Pero es que la otra combustión se queda en la memoria de quien leyó algún día algo, digo yo.
Será a ese fuego al que le temen, será. Eso digo, pienso. Será eso. Pero y será... ¿será que nos dejaremos volver cenizas, como un amor de antaño?
domingo, 19 de septiembre de 2010
El humanismo ha muerto, dijo una humanista
Propondré aquí que la razón por la que la Universidad está en crisis es porque la selección de lo que se enseña no coincide con los intereses de quienes gobiernan (no me refiero a un partido político sino en general al momento histórico), pues "Lecciones y selecciones tienen más que ver entre sí de lo que ningún historiador de la cultura haya podido pensar" (68).
Quienes se quisieron inventar la modernidad del país, salir de la monarquía, secularizar lo político, meternos en el tren del progreso, tuvieron entre sus primeros argumentos que hacía falta un sistema de educación. Según Jurgen Habermas, no es que sin la educación no haya médicos o abogados o ingenieros, que hacían muchísima falta en aquel país que estaba poblado de anémicos niguosos, donde lo social (matrimonios y nacimientos), lo político (¿qué?), lo económico se daba al margen de la ley, todos perdidos por la floresta. El caso es que sin educación no hay democracia. El sistema educativo, a nivel básico y superior posibilita que la gente participe en el proceso de formular las leyes que los gobiernan. Eso defendió el alemán, hijo del proyecto ilustrado que ponía su fe en la razón humana.
Hay que recordar lo prominente que fue la educación para todo proceso de cambio social, político y económico que se proponía beneficiaría a la mayor cantidad de gente. Aunque no fuera cierto, se pretendía que sí y allí estaba la cosa pública, las fuentes de agua en los parques, los parques, las aceras, la educación de las masas. Esta última ocupó un lugar central mientras que el conocimiento se haya pensado de forma elitista y excluyente. Mucho se ha dicho del sistema educativo que quiso imponer Vascocelos en México luego de la Revolución de 1910. Para su mirada, México tenía que olvidarse de sus tradiciones indígenas, que podían quedar pintadas en la pared según Diego Rivera las entendía, mientras se aprendía de memoria los clásicos. Antes de eso Andrés Bello pensó la educación para formar americanos luego de las guerras de independencia. El caso es que los estados han visto que la educación es, más allá de las ideas de Habermas, un modo de crear hegemonía, consenso, como también supo Muñoz quien creó la DECEP y llevó "educación" incluso a los campos y los analfabetos (por eso su interés en el cine). Y antes, a quienes defendieran la presencia de los gringos en el país después del 98 les bastaba recordar que la relación con esa potencia era una mejoría en comparación a la barbarie con España. Había, sí, gobierno militar, pero Ashford estaba curando la anemia y habían fundado una Universidad apenas llegaron, en 1903.
Acabo de llegar de una conferencia en Brasil donde un colega me comunica que el estado mexicano tiene la intención de convertir todo el sistema de educación pública en institutos técnicos, vocacionales. Recuerdo que en este país hace décadas que no saben qué hacer con el Sistema de Educación y ya vamos por ¿cinco? secretarios de educación en este cuatrienio. Por otra parte, la educación universitaria se ve como un negocio que está en pérdida por lo que hay que demostrar que la inversión es rentable. Y mientras vamos a desmoronar la Editorial, el periódico Diálogo, le seguirá la radio.
Lo que sucede es, como propone Sloterdijk: "La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ha pasado, porque ya no se puede sostener por más tiempo la ilusión de que las macroestructuras políticas y económicas se podrían organizar de acuerdo con el modelo amable de las sociedades literarias" (29). El humanismo ha muerto.
Me preguntaba en voz alta, delante de mis estudiantes precisamente eso, por qué ya los estados entienden que pueden prescindir de la educación masiva. ¿Cómo piensan que comunicarán que sus intereses son democráticos, cómo crear la ideología, la superestructura, el superego que garantiza el consenso (siempre combatido por algunos, pero manejable)? Luego pensé, no hace falta el sistema de educación. Su función la han usurpado los medios. Y leo a Sloterdijk que añade por esa misma vía:
"Estos breves apuntes dejan clara una cosa: la cuestión del humanismo es de mucho mayor alcance que la bucólica suposición de que leer educa. Se trata nada menos de que de una antropodicea, es decir, de una definición del hombre teniendo en cuenta su apertura biológica y su ambivalencia moral. Pero sobre todo, se trata de la pregunta por cómo puede el hombre convertirse en un ser humano verdadero o real, ineludiblemente panteada desde aquí como una cuestión mediática, si entendemos como medios aquellos instrumentos de comunicación y de comunión a través de cuyo uso los propios hombres se conforman en eso que pueden ser y que serán" (35-36)
Propone, siguiendo a Heidegger, que Europa fue el teatro de los humanismos militantes, en el sentido de que se pusieron en práctica distintos modos de poner al hombre como centro de todo lo creado, controlándolo todo para supuesto beneficio de las masas. Tanto el nacismo, como el fascismo y el comunismo fueron tan catastróficos como el liberalismo sigue siendo. Queda la pregunta: "Qué amanzará al ser humano, si, después de todos los experimientos que se han hecho con la educación del género humano, sigue siendo incierto a quién o a qué educa para aqué el educador?" (52).
Me temo que en esa pregunta está el meollo de la crisis económica de la Universidad. Si no el estado vería que necesita gente educada para el progreso que propone construir para el futuro. Aún visto desde el punto de vista más cínico posible, para ese futuro habría que dominar la tecnología, las estrategias de comunicación y los medios de información y para ello la cultura que se adquiere en la Universidad. Pero piensan que no nos necesitan.
Citas tomadas de "Normas para el parque humano" de Peter Sloterdijk
Quienes se quisieron inventar la modernidad del país, salir de la monarquía, secularizar lo político, meternos en el tren del progreso, tuvieron entre sus primeros argumentos que hacía falta un sistema de educación. Según Jurgen Habermas, no es que sin la educación no haya médicos o abogados o ingenieros, que hacían muchísima falta en aquel país que estaba poblado de anémicos niguosos, donde lo social (matrimonios y nacimientos), lo político (¿qué?), lo económico se daba al margen de la ley, todos perdidos por la floresta. El caso es que sin educación no hay democracia. El sistema educativo, a nivel básico y superior posibilita que la gente participe en el proceso de formular las leyes que los gobiernan. Eso defendió el alemán, hijo del proyecto ilustrado que ponía su fe en la razón humana.
Hay que recordar lo prominente que fue la educación para todo proceso de cambio social, político y económico que se proponía beneficiaría a la mayor cantidad de gente. Aunque no fuera cierto, se pretendía que sí y allí estaba la cosa pública, las fuentes de agua en los parques, los parques, las aceras, la educación de las masas. Esta última ocupó un lugar central mientras que el conocimiento se haya pensado de forma elitista y excluyente. Mucho se ha dicho del sistema educativo que quiso imponer Vascocelos en México luego de la Revolución de 1910. Para su mirada, México tenía que olvidarse de sus tradiciones indígenas, que podían quedar pintadas en la pared según Diego Rivera las entendía, mientras se aprendía de memoria los clásicos. Antes de eso Andrés Bello pensó la educación para formar americanos luego de las guerras de independencia. El caso es que los estados han visto que la educación es, más allá de las ideas de Habermas, un modo de crear hegemonía, consenso, como también supo Muñoz quien creó la DECEP y llevó "educación" incluso a los campos y los analfabetos (por eso su interés en el cine). Y antes, a quienes defendieran la presencia de los gringos en el país después del 98 les bastaba recordar que la relación con esa potencia era una mejoría en comparación a la barbarie con España. Había, sí, gobierno militar, pero Ashford estaba curando la anemia y habían fundado una Universidad apenas llegaron, en 1903.
Acabo de llegar de una conferencia en Brasil donde un colega me comunica que el estado mexicano tiene la intención de convertir todo el sistema de educación pública en institutos técnicos, vocacionales. Recuerdo que en este país hace décadas que no saben qué hacer con el Sistema de Educación y ya vamos por ¿cinco? secretarios de educación en este cuatrienio. Por otra parte, la educación universitaria se ve como un negocio que está en pérdida por lo que hay que demostrar que la inversión es rentable. Y mientras vamos a desmoronar la Editorial, el periódico Diálogo, le seguirá la radio.
Lo que sucede es, como propone Sloterdijk: "La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ha pasado, porque ya no se puede sostener por más tiempo la ilusión de que las macroestructuras políticas y económicas se podrían organizar de acuerdo con el modelo amable de las sociedades literarias" (29). El humanismo ha muerto.
Me preguntaba en voz alta, delante de mis estudiantes precisamente eso, por qué ya los estados entienden que pueden prescindir de la educación masiva. ¿Cómo piensan que comunicarán que sus intereses son democráticos, cómo crear la ideología, la superestructura, el superego que garantiza el consenso (siempre combatido por algunos, pero manejable)? Luego pensé, no hace falta el sistema de educación. Su función la han usurpado los medios. Y leo a Sloterdijk que añade por esa misma vía:
"Estos breves apuntes dejan clara una cosa: la cuestión del humanismo es de mucho mayor alcance que la bucólica suposición de que leer educa. Se trata nada menos de que de una antropodicea, es decir, de una definición del hombre teniendo en cuenta su apertura biológica y su ambivalencia moral. Pero sobre todo, se trata de la pregunta por cómo puede el hombre convertirse en un ser humano verdadero o real, ineludiblemente panteada desde aquí como una cuestión mediática, si entendemos como medios aquellos instrumentos de comunicación y de comunión a través de cuyo uso los propios hombres se conforman en eso que pueden ser y que serán" (35-36)
Propone, siguiendo a Heidegger, que Europa fue el teatro de los humanismos militantes, en el sentido de que se pusieron en práctica distintos modos de poner al hombre como centro de todo lo creado, controlándolo todo para supuesto beneficio de las masas. Tanto el nacismo, como el fascismo y el comunismo fueron tan catastróficos como el liberalismo sigue siendo. Queda la pregunta: "Qué amanzará al ser humano, si, después de todos los experimientos que se han hecho con la educación del género humano, sigue siendo incierto a quién o a qué educa para aqué el educador?" (52).
Me temo que en esa pregunta está el meollo de la crisis económica de la Universidad. Si no el estado vería que necesita gente educada para el progreso que propone construir para el futuro. Aún visto desde el punto de vista más cínico posible, para ese futuro habría que dominar la tecnología, las estrategias de comunicación y los medios de información y para ello la cultura que se adquiere en la Universidad. Pero piensan que no nos necesitan.
Citas tomadas de "Normas para el parque humano" de Peter Sloterdijk
sábado, 21 de agosto de 2010
Estrellas
Tal vez perdimos el rumbo porque ya no nos dejamos orientar por las estrellas. Ahora existen instrumentos de navegación que hacen que mirar al cielo sea una actividad sólo romántica. Superado ya el romanticismo, abandonada la creencia en Dios, no miraremos nunca más hacia arriba.
Creo que esa es la premisa escondida entre las casi 700 páginas del libro La carta esférica, que el novelista español Arturo Pérez Reverte publicó en 2000, cuando entrábamos al nuevo milenio, la era de las galaxias, con las películas "Star Wars" de Lucas y "2001" de Kubrik haciéndonos cosquillas en el subconsciente. Es por esto que más que una novela de aventuras, como propone en su epígrafe, más que una novela marinera, género al que Coy, el marino que protagoniza el relato, era aficionado, más que un thriller, género más bien cinematográfico de suspenso que se apoya en la suceción rápida de acciones que van complicando cada vez más una trama de misterio, es una novela de amor (o de desamor).
Pérez Reverte vuelve a inventar una protogonista mujer que resulta ser un pesonaje fuerte, aunque muy mujer, y súmamente creíble (hay otra en La reina del sur). Su príncipe azul resulta ser un marino simple, todo hecho de instinto, que no más verla decide que quiere dedicar el resto de su vida a contarle las pecas. Quiere saber leer la piel de mujer como sabe ponerle nombre a cada estrella de las constelaciones del cielo, pero esta mujer, llamada Tanger, como una ciudad al norte de Marruecos, no se dejará leer nunca como tampoco se dejará leer el otro del sujeto racional que se inventó la modernidad de occidente; tal vez sea ése el por qué del nombre.
La novela es una reflexión sobre la fugacidad de la vida, sobre su significado, sobre la fragilidad de todo, sobre todo, los humanos que nos pensamos tan potentes, porque esa reflexión la impone el hecho de estar a la merced del mar, con sólo las estrellas de testigo, a bordo de un barco. Supongo que también la impone el hecho de atravesar una frontera tan falsa como una fecha, pasar de un milenio a otro en nuestra navegación por el tiempo, como son arbitrarios los paralelos y las longitudes en una carta esférica.
Creo que esa es la premisa escondida entre las casi 700 páginas del libro La carta esférica, que el novelista español Arturo Pérez Reverte publicó en 2000, cuando entrábamos al nuevo milenio, la era de las galaxias, con las películas "Star Wars" de Lucas y "2001" de Kubrik haciéndonos cosquillas en el subconsciente. Es por esto que más que una novela de aventuras, como propone en su epígrafe, más que una novela marinera, género al que Coy, el marino que protagoniza el relato, era aficionado, más que un thriller, género más bien cinematográfico de suspenso que se apoya en la suceción rápida de acciones que van complicando cada vez más una trama de misterio, es una novela de amor (o de desamor).
Pérez Reverte vuelve a inventar una protogonista mujer que resulta ser un pesonaje fuerte, aunque muy mujer, y súmamente creíble (hay otra en La reina del sur). Su príncipe azul resulta ser un marino simple, todo hecho de instinto, que no más verla decide que quiere dedicar el resto de su vida a contarle las pecas. Quiere saber leer la piel de mujer como sabe ponerle nombre a cada estrella de las constelaciones del cielo, pero esta mujer, llamada Tanger, como una ciudad al norte de Marruecos, no se dejará leer nunca como tampoco se dejará leer el otro del sujeto racional que se inventó la modernidad de occidente; tal vez sea ése el por qué del nombre.
La novela es una reflexión sobre la fugacidad de la vida, sobre su significado, sobre la fragilidad de todo, sobre todo, los humanos que nos pensamos tan potentes, porque esa reflexión la impone el hecho de estar a la merced del mar, con sólo las estrellas de testigo, a bordo de un barco. Supongo que también la impone el hecho de atravesar una frontera tan falsa como una fecha, pasar de un milenio a otro en nuestra navegación por el tiempo, como son arbitrarios los paralelos y las longitudes en una carta esférica.
jueves, 19 de agosto de 2010
Permiso
La Academia Puertorriqueña de la Lengua Española nos acaba de dar permiso a los puertorriqueños de usar ciertos puertorriqueñismos. Parece una oración redundante, pero no lo es. Léala bien y entienda a qué me refiero. "Atrévete y dilo" es el nombre de la campaña, que estará presentando en la radio y otros medios pequeñas cápsulas que explican que palabras como "atrecho", "sato", "avanzar", "canoa" y "chango", entre otras, son palabras tan en español como otras, aunque sean nuestras. Como si estuviéramos aguantando la respiración antes de atrechar por un camino más corto. Como si tuviera miedo de decirle al veterinario que mi perrita es sata y él no me entendiera. Como si no avanzáramos a coger la canoa más grande y más linda en el pasadía del domingo, antes de que otro aguzao nos la quite. Como si éste, al momento en que se ve con la canoa más chiquita y fea, no se pusiera chango. De toda la vida. Así es.
No me malinterpreten. Cuando yo era niña todavía en la escuela se enseñaba a decir zapato, así, con la legua fuera de la boca, entre los dientes (tan feo gesto de los españoles que deberían prohibirlo). Todavía cuando era estudiante de bachillerato se enseñaba a entender cuáles eran los problemas con el español de Puerto Rico que, que yo sepa, nunca ha ido al psicólogo ni ha necesitado que nadie lo rescate (aunque me consta que rescatistas quedan). Me parece bien que la Academia haga un esfuerzo y permita lo que toda la vida hemos dicho sin su permiso. Así no se vuelven locos dando multas. Así no acomplejan a nuestros niños. Así dejan de verse tan obsoletos.
Nosotros seguiremos hablando español; con o sin su permiso.
No me malinterpreten. Cuando yo era niña todavía en la escuela se enseñaba a decir zapato, así, con la legua fuera de la boca, entre los dientes (tan feo gesto de los españoles que deberían prohibirlo). Todavía cuando era estudiante de bachillerato se enseñaba a entender cuáles eran los problemas con el español de Puerto Rico que, que yo sepa, nunca ha ido al psicólogo ni ha necesitado que nadie lo rescate (aunque me consta que rescatistas quedan). Me parece bien que la Academia haga un esfuerzo y permita lo que toda la vida hemos dicho sin su permiso. Así no se vuelven locos dando multas. Así no acomplejan a nuestros niños. Así dejan de verse tan obsoletos.
Nosotros seguiremos hablando español; con o sin su permiso.
martes, 3 de agosto de 2010
Pensando a Lola a través de su nieta, Irene Vilar...
Hace tiempo escribí algo sobre Irene Vilar y su libro "The Lady's Gallery" sobre Lolita Lebrón, su madre, el sacrificio en el nacionalismo cultural puertorriqueño. Se publicó en una revista electrónica de Darmouth College. Aquí está el link.
artículo
y la dirección por si no funciona el enlace: http://journals.dartmouth.edu/cgi-bin/WebObjects/Journals.woa/2/xmlpage/2/article/81
artículo
y la dirección por si no funciona el enlace: http://journals.dartmouth.edu/cgi-bin/WebObjects/Journals.woa/2/xmlpage/2/article/81
lunes, 26 de julio de 2010
La sencillez de la esperanza obstinada
Homenaje tardío a la vida de José Saramago.
Entiendo la literatura como conversación. Me gusta hablar con Foucault, con Homero, o con Laguerre, aunque uno sea francés, el otro de una época anterior a todo, en la que vivió por otros lugares que nunca pisé y aunque todos estén ya muertos. Escribir un libro es participar de la conversación póstuma de la humanidad. Leerlo es participar de oyente. José Saramago seguirá conversando con mucha gente, por muchos años, y eso me alegra. Pero para decir de forma resumida lo que me significa este autor, escojo comentar una entrevista. Es un modo de conversar más directo. Y, además, más que sus libros, a mí me conmueve su vida.
La creencia en la reencarnación responde a la impresión que tenemos de que una vida no es suficiente. A pesar de los mal ratos personales, de la violencia y la estupidez humana, a algunos nos gusta vivir y lo hacemos concientes de que es un viaje corto. También lamentamos que no podamos estar en varias dimesiones simultáneamente. Como dice la canción de Joaquín Sabina, poder ser pirata, violinista, bailarina, cirujano, partera, dueña de un bar. José Saramago tuvo la suerte, o la sabiduría y la paciencia; la fe, que le permitieron vivir varias vidas.
Nacido de campesinos analfabetos, se hizo aprendiz de un abuelo sabio. “¿A qué clase de sabiduría se refiere? Al hecho de que entre esa persona y la vida no existe un espacio de separación, y lo que sucede ahora es que entre los que saben y la vida sí hay un espacio de separación. La sabiduría es el respeto del otro, la capacidad de entender lo que es distinto y todo aquello que a uno lo hace sentir que pertenece a algo que nos contiene a todos, a la comunidad humana.” No tuvo maestros ni guías. No fue a la universidad. Leía en bibliotecas públicas después del trabajo. Ganó el Nobel.
Dejó de ser oyente para pasar a ser enunciante en la conversación humana después de cumplidos los 60 años. Se casó tres veces. A la última esposa, la conoció a los setenta años. Con ella vivió casi dos décadas. Sobre esto comenta: “No lo sé, sencillamente he estado viviendo, haciendo en cada momento lo que tenía que hacer, he pasado por muchas cosas durante la vida y ahora tengo la fortuna de que, al contrario de lo que ocurre al llegar a cierta edad, en la que muchos sienten que ya está todo hecho, que ya lo ha dicho antes, que ya no se tiene capacidad para decidir, trabajar y todo eso, me siento con las energías intactas.”
Pero no por esa falta de pretención se contenta con el espectáculo del mundo. Al hablar de su novela “El año de la muerte de Ricardo Reis” comentó: “Pero el año ’36 es el año del huevo de la serpiente. Se está preparando todo para lo que ocurrirá tres años después, en 1939 [se refiere a la 2da Guerra Mundial]. Ya es la Guerra Civil en España. Ya es la ocupación militar de Renania por las tropas nazis, es el Frente Popular en Francia, es la guerra en contra de Etiopía, es todo esto, todo esto y, es la creación de las milicias fascistas en Portugal. Entonces, es como si yo estuviera diciendo a Ricardo Reis: ‘¿Pues tú te crees que la sabiduría es contentarse uno con el espectáculo del mundo? Pues entonces aquí tienes el espectáculo del mundo y dime si se puede llamar sabiduría a contentarse sentando mirando el espectáculo.’”
A pesar de su vida larga y rica, estaba conciente de que no sería testigo del producto del cambio presente. Declara la Ilustración muerta (la idea de que a partir de la razón podemos organizar un mundo perfecto): “Estamos cruzando un puente y muchos de nosotros, por la edad o por inadaptación, nos vamos a quedar afuera. En la otra orilla empieza un ser humano que tiene poco que ver con nosotros”.
En su entrevista, dada en la isla de Lanzarote, donde tenía su casa, muestra que estaba al día con los sucesos del mundo. Estaba pendiente de la crisis económica en Argentina, de la Guerra entre Palestina e Israel, de los sucesos del 911. Con todo, no pierde la esperanza. Tal vez todas las palabras de su conversación se resuman en su crítica a la tolerancia. No es suficiente. “Tú tienes que respetar al otro. Sencillamente respetar al otro.”
Jorge Halperín. "Saramago: Soy un comunista hormonal”. Bogotá, Colombia: Editorial Oveja Negra, 2002.
Entiendo la literatura como conversación. Me gusta hablar con Foucault, con Homero, o con Laguerre, aunque uno sea francés, el otro de una época anterior a todo, en la que vivió por otros lugares que nunca pisé y aunque todos estén ya muertos. Escribir un libro es participar de la conversación póstuma de la humanidad. Leerlo es participar de oyente. José Saramago seguirá conversando con mucha gente, por muchos años, y eso me alegra. Pero para decir de forma resumida lo que me significa este autor, escojo comentar una entrevista. Es un modo de conversar más directo. Y, además, más que sus libros, a mí me conmueve su vida.
La creencia en la reencarnación responde a la impresión que tenemos de que una vida no es suficiente. A pesar de los mal ratos personales, de la violencia y la estupidez humana, a algunos nos gusta vivir y lo hacemos concientes de que es un viaje corto. También lamentamos que no podamos estar en varias dimesiones simultáneamente. Como dice la canción de Joaquín Sabina, poder ser pirata, violinista, bailarina, cirujano, partera, dueña de un bar. José Saramago tuvo la suerte, o la sabiduría y la paciencia; la fe, que le permitieron vivir varias vidas.
Nacido de campesinos analfabetos, se hizo aprendiz de un abuelo sabio. “¿A qué clase de sabiduría se refiere? Al hecho de que entre esa persona y la vida no existe un espacio de separación, y lo que sucede ahora es que entre los que saben y la vida sí hay un espacio de separación. La sabiduría es el respeto del otro, la capacidad de entender lo que es distinto y todo aquello que a uno lo hace sentir que pertenece a algo que nos contiene a todos, a la comunidad humana.” No tuvo maestros ni guías. No fue a la universidad. Leía en bibliotecas públicas después del trabajo. Ganó el Nobel.
Dejó de ser oyente para pasar a ser enunciante en la conversación humana después de cumplidos los 60 años. Se casó tres veces. A la última esposa, la conoció a los setenta años. Con ella vivió casi dos décadas. Sobre esto comenta: “No lo sé, sencillamente he estado viviendo, haciendo en cada momento lo que tenía que hacer, he pasado por muchas cosas durante la vida y ahora tengo la fortuna de que, al contrario de lo que ocurre al llegar a cierta edad, en la que muchos sienten que ya está todo hecho, que ya lo ha dicho antes, que ya no se tiene capacidad para decidir, trabajar y todo eso, me siento con las energías intactas.”
Pero no por esa falta de pretención se contenta con el espectáculo del mundo. Al hablar de su novela “El año de la muerte de Ricardo Reis” comentó: “Pero el año ’36 es el año del huevo de la serpiente. Se está preparando todo para lo que ocurrirá tres años después, en 1939 [se refiere a la 2da Guerra Mundial]. Ya es la Guerra Civil en España. Ya es la ocupación militar de Renania por las tropas nazis, es el Frente Popular en Francia, es la guerra en contra de Etiopía, es todo esto, todo esto y, es la creación de las milicias fascistas en Portugal. Entonces, es como si yo estuviera diciendo a Ricardo Reis: ‘¿Pues tú te crees que la sabiduría es contentarse uno con el espectáculo del mundo? Pues entonces aquí tienes el espectáculo del mundo y dime si se puede llamar sabiduría a contentarse sentando mirando el espectáculo.’”
A pesar de su vida larga y rica, estaba conciente de que no sería testigo del producto del cambio presente. Declara la Ilustración muerta (la idea de que a partir de la razón podemos organizar un mundo perfecto): “Estamos cruzando un puente y muchos de nosotros, por la edad o por inadaptación, nos vamos a quedar afuera. En la otra orilla empieza un ser humano que tiene poco que ver con nosotros”.
En su entrevista, dada en la isla de Lanzarote, donde tenía su casa, muestra que estaba al día con los sucesos del mundo. Estaba pendiente de la crisis económica en Argentina, de la Guerra entre Palestina e Israel, de los sucesos del 911. Con todo, no pierde la esperanza. Tal vez todas las palabras de su conversación se resuman en su crítica a la tolerancia. No es suficiente. “Tú tienes que respetar al otro. Sencillamente respetar al otro.”
Jorge Halperín. "Saramago: Soy un comunista hormonal”. Bogotá, Colombia: Editorial Oveja Negra, 2002.
jueves, 8 de julio de 2010
Es que si no lo digo...
At the risk of appearing rather esoteric, I want to suggest that the history and practice of black music point to other possibilities and generate other plausible models. This neglected history is worth reconstructing, whether or not it supplies pointers to other more general cultural processes. However, I want to suggest that bourgeois democracy in the genteel metropolitan guise in which it appeared at the dawn of the public sphere should not serve as an ideal type for all modern political processes. Secondly, I want to shift concern with the problems of beauty, taste, and artistic judgement so that discussion is not circumscribed by the idea of rampant, invasive textuality. (78) Paul Gilroy. The Black Atlantic
Estaba en la fila de la farmacia para comprar no sé qué. ¿Un termómetro y supositorios antipiréticos para mi hijo? ¿Mi receta contra la migraña? De esto hace tiempo, pero estoy segura de que me comía la ansiedad. Me la paso pensando que el cuerpo es discurso. De eso escribo. Pero cuando las enfermedades del cuerpo se imponen el discurso se rompe, se vuelve inútil, desecho, un país extranjero. Sólo ayer hablaba con el médico con las piernas elevadas. Preguntaba sobre qué escribo, para que pensara en otra cosa. "Sobre los modos en que se construye el cuerpo en términos de raza y género en el siglo XIX en Puerto Rico". No entiende. Espéculo en mano, no puede concebir que el cuerpo se construya. A punto de ser penetrada explico: "El cuerpo es discurso", pero en ese instante me parece que no soy más que una estafadora. ¿A qué me didico? La ansiedad de aquel entonces, en la fila de la farmacia, se calmó, recuerdo. Porque quien estaba 5 ó 6 lugares antes de mí, pidió lo que necesitaba: "Dos phenergán, por favor". Pero lo pidió rumbeando. Se hizo un silencio repentino. Todos lo miraron, buscando una explicación a la broma extraña que acababa de hacer el ciudadano. Él entendió la pregunta implícita en el silencio, y tuvo la cortesía de explicarnos: Esta vez habló a ritmo de bolero: "Es que si no lo digo cantando, gagueo." Todos reímos.
La música lo salvaba a él a diario de gaguear. A nosotros nos dió alegría a pesar de la ansiedad de esperar en la fila de una farmacia. Había dicho lo que todos en la fila habríamos dicho. Pidió una cantidad específica de un componente químico que necesitaba para componer sus males. Pero había algo inefable en su voz, que yo dije que era rumba, bolero, pero era más que eso, porque era una gestualidad del cuerpo y de la cara, un modo tan distinto de estar en ese espacio que lograba posibilitar la comunicación.
Estaba en la fila de la farmacia para comprar no sé qué. ¿Un termómetro y supositorios antipiréticos para mi hijo? ¿Mi receta contra la migraña? De esto hace tiempo, pero estoy segura de que me comía la ansiedad. Me la paso pensando que el cuerpo es discurso. De eso escribo. Pero cuando las enfermedades del cuerpo se imponen el discurso se rompe, se vuelve inútil, desecho, un país extranjero. Sólo ayer hablaba con el médico con las piernas elevadas. Preguntaba sobre qué escribo, para que pensara en otra cosa. "Sobre los modos en que se construye el cuerpo en términos de raza y género en el siglo XIX en Puerto Rico". No entiende. Espéculo en mano, no puede concebir que el cuerpo se construya. A punto de ser penetrada explico: "El cuerpo es discurso", pero en ese instante me parece que no soy más que una estafadora. ¿A qué me didico? La ansiedad de aquel entonces, en la fila de la farmacia, se calmó, recuerdo. Porque quien estaba 5 ó 6 lugares antes de mí, pidió lo que necesitaba: "Dos phenergán, por favor". Pero lo pidió rumbeando. Se hizo un silencio repentino. Todos lo miraron, buscando una explicación a la broma extraña que acababa de hacer el ciudadano. Él entendió la pregunta implícita en el silencio, y tuvo la cortesía de explicarnos: Esta vez habló a ritmo de bolero: "Es que si no lo digo cantando, gagueo." Todos reímos.
La música lo salvaba a él a diario de gaguear. A nosotros nos dió alegría a pesar de la ansiedad de esperar en la fila de una farmacia. Había dicho lo que todos en la fila habríamos dicho. Pidió una cantidad específica de un componente químico que necesitaba para componer sus males. Pero había algo inefable en su voz, que yo dije que era rumba, bolero, pero era más que eso, porque era una gestualidad del cuerpo y de la cara, un modo tan distinto de estar en ese espacio que lograba posibilitar la comunicación.
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