jueves, 18 de junio de 2009

¡Qué se yo!

Éste no será el artículo habitual sobre la página en blanco. Tampoco me dispongo a citar de nueva al que dijo que sólo sabe que nada sabe. Es, símplemente, que me dispongo a escribir y esa frase es lo primero que me vino a la mente. Así que no es que no tenga que escribir ni que piense en términos filosóficos sobre lo que me queda por aprender, sinó que podría decir tantas cosas y a la vez podría, también, escoger no decir nada.

Pero se nace con la pregunta ¿por qué? y hay gente que la supera y crece y habemos los que no la soltamos. Nos quedamos toda la vida preguntando y por qué con la misma ingenuidad de un niño. Todavía recuerdo, en tercer grado de primaria, cuando estudiábamos el globo terráqueo que la maestra explicaba que a la izquierda estaba occidente y a la derecha oriente. ¿A la derecha de qué, del Atlántico? No, de europa, en verdad. ¿Y por qué? Me preguntaba yo por qué los mapas siempre los muestran con los continentes puestos en los mismos lugares, si la tierra es redonda. Si nos ponemos delante del Pacífico, entonces queda Asia como Occidente y Hawaii como el principio del Oriente ¿no? Creo que hasta me paré para darle la vuelta al globo terráqueo para explicarle a la maestra que no entendía nada. Se molestó por mi insolencia. Me regañó muy fuerte. Me hizo sentir entre confundida, avergonzada y molesta. ¿Por qué no podía cuestionar lo que me explicaba? Bastaba que contestara a mi pregunta sin molestarse. Las razones que me debía dar eran razones políticas. El Oriente es Oriente y el Occidente Occidente por razones políticas. Para eso tenía que pensar un poco. Tenía que salirse del currículo que se había aprendido para ese día.

Se regó el rumor de que yo era una estudiante difícil. Alguien me quiso aconsejar. "Mira, que Misis Porrata es una maestra con años de experiencia". A lo largo de todos esos años de experiencia no se había preguntado por qué y yo no sé cómo se puede trabajar con niños sin lidiar con ese por qué que los define.

Mi comadre usa hoy día el término extremo-occidente. Si extremo oriente se refiere a lo más alejado del centro; Europa, pues por qué no usar el término (que creo toma prestado del escritor Mario Mendoza) para referirse a esta parte de Occidente que también está alejada de ese mismo centro y de su subcentro imperial, los Estados Unidos. En verdad somos un pueblo de comercio ilegal-legal entre Occidente y sus límites a esta parte del globo. A mí me parece genial.

Preguntar por qué lleva a leer libros. A veces llegan con respuestas y otras complican las preguntas. Pero leemos por el por qué. Cuando se ha leído bastante, no importa qué tarea nueva se emprenda, siempre será un deja vu. Habremos estado allí en un libro. En estos días me encontraba por la Florida, imaginándome al pobre primer gobernador de Puerto Rico buscando la fuente de la juventud y a Cabeza de Vaca comiendo raíces de Mangle para no morirse de hambre en medio del pantano. Pobres...

Bueno, ya me dio sueño. Sólo quería que supieran que no pienso abandonar el blog. Hasta el próximo staccato que llene la página en blanco. Esperemos que sea pronto.

2 comentarios:

Ingrid dijo...

Yo también tuve una misis Porrata, en cuarto grado creo que fue. No tuve encontronazos con ella, sin embargo.

De niña me gustaba mucho leer varios atlas que tenía mi mamá, y ver todos esos países pintados de distintos colores, pero nunca recuerdo tener bien definida la distinción entre Oriente y Occidente. De seguro me la enseñaron en la escuela, pero para mí Francia, Inglaterra, Alemania y Canadá eran tan exóticos como Australia, Rusia, China y Japón.

Eniocuadrado dijo...

Me encantó la anécdota del mapa. Recordé muchas discusiones acerca de la representación de los países (tamaño) según su poder político, la canción "Si el norte fuera el sur" y otras "complicaciones" me han traído los libros y el pensamiento. También me parece genial el reajuste de términos según la hegemonía del momento histórico. Lo más que me alegra es que he leído la reflexión de una maestra que le lleva mucho en evolución a Misis Porrata (por cierto, buen nombre para un arquetipo).